Lon Chaney, el hombre de las mil caras

 

por Blanca Jazmín Vega Juárez

 

“Él fue una persona que reflejó nuestras psiques. Entró de algún modo a las sombras que existen dentro de nuestros cuerpos; pudo desenmascarar algunos de nuestros miedos íntimos y llevarlos a la pantalla”.

Ray bradbury

 

El jorobado de Nuestra Señora (1923) dirigida por Wallace Worsley , tras ser la cuarta adaptación cinematográfica de la famosa obra del escritor Víctor Hugo, sentó algunas bases de lo que sería en años posteriores el cine de terror; a pesar de que la cinta no pertenece al género, logró crear un ambiente que sin duda resultaba sombrío e inquietante, además de que su protagonista era un verdadero prodigio en el arte del maquillaje, me refiero a Lon Chaney (1 de abril de 1883 – 26 de agosto de 1930).

Leonidas Frank Chaney es uno de los actores más recordados del séptimo arte en la época del cine mudo,  ya que poseía una gran versatilidad para  interpretar papeles, en especial cuando se trataba de dar vida a seres monstruosos. Desde pequeño tuvo la necesidad de comunicarse a través de gestos, puesto que sus padres eran sordos, experiencia que fue útil para su carrera histriónica.

 

 

En 1902 comenzó en el teatro donde conoció a la que sería su esposa, la cantante Cleva Creighton, con quien tuvo un hijo, Creighton Chaney, mejor conocido como Lon Chaney Jr. (El hombre lobo, 1941). Tras problemas personales, Lon Chaney dejó el mundo del teatro  dedicándose principalmente a la cinematografía,  firmando así un contrato con Universal Studios.

Durante sus primeros años de incursión en el séptimo arte, sólo obtuvo papeles pequeños, pero tras convertirse en amigo de William Dudley Pelley, comenzó a destacar como actor, a pesar de lo cual no ganaba lo justo.

Fue en 1919, con su interpretación para la película  The miracle man , filme basado en la obra de Frank L. Packard , que Lon Chaney se convirtió en uno de los actores más cotizados, no únicamente por la calidad de su actuación, sino por su extraordinaria caracterización.

Tras su participación en cintas como Nuestra Señora de París y El fantasma de la Ópera, Lon Chaney se ganó el apodo de “El hombre de las mil caras”.

A pesar de que sus transformaciones, que eran extremas y a veces muy grotescas, Chaney intentó transmitir que debajo de aquella monstruosidad había seres que sufrían, marcando el sacrificio y la abnegación en la mayoría de sus personajes.

Tras enfermar de una neumonía, su salud se vio mermada, complicándose aún más con el diagnóstico de cáncer de pulmón, tras lo cual se vio en la necesidad de rechazar el papel de Drácula en la cina de Tod Browning, quien de último momento decidió dárselo a un actor de origen húngaro poco conocido , su nombre: Bela Lugosi .

La última cinta del aclamado “hombre de las mil caras” fue una nueva versión del Trío fantástico (The unholy three, 1930), pero el legado que dejó es innegable, no únicamente por las diversas cintas en las que actuó, sino que además ayudó a sentar una de las principales bases para el género de terror: el maquillaje.

 

 

Construyendo un monstruo: el maquillaje

Uno de los elementos que conforman el género de terror es el maquillaje, el cual permite que el actor se transforme en cualquier ser, porque cuando se caracteriza o usa una máscara, ya no es el actor el que habla, sino el ser al que está dando vida.

Lon Chaney llegaba desde muy temprano para caracterizarse, o como él lo llamaba, para “embrutecerse”. Lo que muchas veces no era nada sencillo.

Solía utilizar diversos materiales, por ejemplo, para interpretar a Quasimodo, usó pelo de animal para cubrir su espalda, además de una giba, la cual se especula pesaba entre 9 y 50 kilos. Todo esto se veía complementado por algunas plastas que cubrían su rostro para darle un aspecto deforme.

Sus caracterizaciones eran tan perfectas que, muchas veces le ocasionaban severos malestares, por lo que incluso, tras finalizar las grabaciones de un día, debía guardar reposo durante un par de horas antes de marcharse.

Para el film Londres después de medianoche, Chaney confeccionó unos aparatos formados principalmente por alambres, para que tanto sus ojos como su boca pudieran abrirse más de lo normal.

Para Chaney, el único maestro al que reconoció, fue al maquillista Cecil Holland, quien le dio varios consejos sobre este arte, puesto que lo consideraba un experto en la realización de disfraces convincentes, cortes, cicatrices y otro tipo de ilusiones.

La caracterización de ciertos personajes, sin duda alguna es fundamental para que el espectador forme parte de la confabulación que está viendo en la gran pantalla, pero lo que la hace en verdad especial es el actor que se encuentra bajo materiales que colocan en su rostro y cuerpo durante horas, para dar vida a todo tipo de seres, ya sea con prótesis, pelo falso, trajes especiales; el maquillaje es un verdadero arte a disposición de la cinematografía y se debe en gran parte, a Lon Chaney y sus famosas caracterizaciones.

 

 

Referencias:

-Memba, Javier, Colección lo esencial del cine de Terror del Universal, T&B Editores, España, Segunda edición, 2006, páginas 33-37

-http://www.imdb.com/name/nm0151606/

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