Bajo la máscara Un artículo sobre los Héroes Enmascarados del Pulp

 

por Vicente Ruíz Calpe

Desde el origen primigenio de la literatura, incluyendo el lenguaje gráfico de los comics, los héroes enmascarados tienen algo especial que despierta el interés del lector, atrapándolo desde las primeras páginas. Un policía, un detective, un millonario, un experto en artes marciales, e incluso una persona normal y corriente, se transforman automáticamente en un héroe cuando se coloca una máscara para ocultar su identidad. Sigue siendo el mismo, un simple hombre (aunque esto algunas veces es un poco tramposo) sin poderes especiales o sobrehumanos, pero que asume una nueva identidad donde esconde su personalidad real y bajo la  que suele actuar al margen de ciertos aspectos de la Ley (si bien es cierto que puede colaborar con ella).

Muchos de estos héroes nos vienen dados de la época dorada del pulp, más o menos en los años veinte del siglo pasado, y algunos forman parte de nuestra cultura hasta el punto de ser iconos universales. Si bien los superhéroes modernos con sus coloridos disfraces son los mundialmente famosos, no hay que olvidar a aquellos que hicieron sus primeras apariciones en aquellas revistas de relatos a las que tanto debe el mundo del comic, la literatura y, por supuesto, el cine.

En este tipo de personajes, la máscara es algo fundamental, y posee una doble finalidad. Por un lado, se trata del componente estético o visual, algo así como el rasgo distintivo del héroe, que lo diferencia del resto. Es una parte de su vestuario, pero al mismo tiempo es el símbolo de su identidad secreta, acompañado por otros atrezos como ropas, armas o artefactos. Por otra parte, la máscara tiene un efecto psicológico sobre el héroe, pues le confiere una nueva personalidad bajo la que puede actuar con una libertad e impunidad de las que carece en su identidad pública. Una especie de Jekyll y Hyde, no porque su otro yo implique malignidad (hecho que a veces sí ocurre) sino más bien por la liberación de impulsos reprimidos que ocasiona actuar enmascarado.

Por supuesto que al margen de lo que significa la máscara para el personaje, ésta también tiene un interés artístico, puesto que permite la identificación visual de los personajes, atraer con su diseño al público, y en definitiva servir como engancho comercial para la venta de las obras donde aparezcan las aventuras de nuestro personaje enmascarado favorito. Y hablando de héroes favoritos, es hora de comentar algunos de ellos que todos vosotros conoceréis sobradamente, ordenados en función de la fecha de su primera aparición.

El Zorro es tal vez el personaje más famoso de todos los que aparecen en este artículo, pues el espadachín creado en 1919 por Johnston McCulley es uno de los primeros héroes de ficción de la cultura moderna. Su aparición en multitud de libros, comics, películas, series de televisión y demás medios ha vuelto realmente inmortal al mito del héroe popular que lucha contra los ricos déspotas para restablecer los valores de la libertad y la justicia. A pesar de las variaciones que han modificado al personaje desde sus inicios (se habla incluso de una futura adaptación al cine en una época futurista con robots y rayos láser), la historia del aristócrata californiano Don Diego de la Vega, espadachín y maestro del látigo, sigue siendo universal. Su influencia sobre otros personajes puede verse claramente en Batman, en la secuencia donde la familia Wayne (antes de ser tiroteada) sale del cine donde están proyectando precisamente la película del Zorro. Sus aventuras han sido contadas en diversos medios, destacando las dos películas protagonizadas por Antonio Banderas y Catherine Zeta-Jones, La Máscara del Zorro (1998) y La Leyenda del Zorro (2005), ésta última algo inferior.

 

 

The Shadow (La Sombra) nació el 31 de julio de 1930 como personaje radiofónico no protagonista. Al principio fue concebido como un simple narrador, una voz en off que presentaba un espacio dedicado a historias de detectives. Sin embargo tuvo tal aceptación por parte del público que los productores decidieron que fuese el protagonista de una serie de aventuras escritas, siendo el autor de ellas el guionista Walter W. Gibson bajo el pseudónimo de Maxwell Grant. El protagonista era un multimillonario llamado Lamont Cranston, que asume la identidad del justiciero conocido como la Sombra para combatir el crimen. Oculto bajo un sombrero de ala ancha, un largo abrigo negro y una bufanda de color rojo que esconde de su rostro, este héroe utiliza tanto sus dos pistolas como ciertos poderes mentales en sus aventuras, además de múltiples contactos a los que mantiene como una especie de red de ayudantes. Como tarjeta de visita utiliza su característica risa siniestra con la que atemoriza a sus enemigos.

Además de series radiofónicas, de televisión, libros, comics y películas clásicas, The Shadow fue llevado a la gran pantalla en 1994 con Alec Baldwin como protagonista. Aunque el film estaba cargado de pretensiones y buenas intenciones, el resultado de crítica y taquilla fue un sonoro fracaso que tumbó cualquier posible intento de secuela.

 

 

El Llanero Solitario apareció por primera vez en un programa de radio estadounidense, en 1933, de la mano de George W. Trendle y Fran Striker. Inspirado en otros héroes como el Zorro o incluso Robin Hood, la particularidad de este personaje es que se trata de un ranger de Texas del salvaje oeste que lucha contra la injusticia bajo una máscara. Sus pistolas y balas de plata, su amigo indio Toro (o Tonto según otras versiones) y su corcel blanco Silver son sus elementos más distintivos, además de su famosa frase que empleaba en todos los episodios radiofónicos de la serie («¡Arre, Silver, adelante!»). El personaje fue llevado al comic en 1938 por King Features Syndicate, con el dibujante Ed Kressy en su primera etapa y con Charles Flandes en una posterior. El Llanero Solitario ha sido adaptada varias veces a la televisión y al cine, si bien la más célebre puede ser la última, el film que Disney realizó en 2013. Con el director de Piratas del Caribe, el italiano Gore Verbinski, y con Armie Hammer como el enmascarado y Johnny Depp como Toro, el excesivo tono de comedia utilizado repercutió en perjuicio de la película.

 

 

The Phantom (El Hombre Enmascarado) fue creado por Lee Falk en 1936, y es considerado por muchos el origen del comic de superhéroes. Aunque nació como una serie de tiras cómicas en periódicos, más adelante se transformaría en una serie regular con formato estándar. Repleto de elementos icónicos, como el traje violeta y la máscara, el anillo de la calavera con la que marca a sus víctimas, las dos pistolas, su perro «Diablo» y su caballo «Héroe», lo que destaca a este enmascarado es la perpetuidad de la identidad heroica (y de la responsabilidad de asumirla) en la persona de sus descendientes directos. Kit Walker es el último de los Fantasmas, cuyas aventuras transcurren por todo el mundo, si bien su base de operaciones está en una fortaleza en el interior de la selva (en un país ficticio, llamado Bangalla, en la costa oriental de África). A pesar de no ser tan famoso como Batman o El Zorro, tuvo su adaptación a la gran pantalla de la mano del director Simon Wincer en 1996, con Billy Zane como el enmascarado de la calavera.

 

 

The Green Hornet (El Avispón Verde) es un personaje creado en 1936 por George W. Trendle y Fran Striker, para un programa de radio en los Estados Unidos. Sin embargo saltaría a la fama años más tarde, en la década de los sesenta, con el mítico Bruce Lee en el papel del co-protagonista oriental, Kato. En 2011 se estrenó en cines la película dirigida por Michel Gondry y protagonizada por Seth Rogen (como el Avispón), Jay Chou (como Kato), Cristopher Waltz y Cameron Diaz. La serie narra las aventuras de Britt Reid, editor del periódico Daily Sentinel, que combate el crimen junto a su ayudante armados con elementos tecnológicos avanzados y grandes conocimientos de combate cuerpo a cuerpo. Este personaje también fue adaptado varias veces al comic, la primera de ellas en diciembre de 1940 de la mano de Helnit Comics (también denominada Holyoke), cuyo dibujante fue Fran Striker. Como curiosidad cabe destacar que este personaje está emparentado con el Llanero Solitario (John Reid), ya que es su sobrino nieto, debido a que los creadores de ambos personajes son los mismos.

 

 

Batman, el justiciero enmascarado por excelencia, se originó en las páginas del comic en mayo de 1939, concretamente en el número 27 de la revista Detective Comics de la editorial National Publications. Con «El Caso del Sindicato Químico» Bob Kane y Bill Finger no imaginaron el éxito que tendrían, convirtiendo tanto al millonario Bruce Wayne como a su alter ego Batman en un icono universal. El Hombre Murciélago es el resultado del asesinato de los padres de un niño, el cual hereda tanto un imperio económico y empresarial como un sentimiento de venganza y responsabilidad. Gracias a un intensivo entrenamiento, a su fiel mayordomo Alfred, a la Batcueva, y a multitud de dispositivos de alta tecnología, Wayne/Batman se embarcará en una cruzada contra el crimen que asola Gotham City. Destacar el hecho de que su máscara, su disfraz, representa el hecho de asustar a sus enemigos con el elemento que le infundaba miedo y que consiguió vencer, el murciélago. Su presencia en el mundo del comic es fundamental, y junto con el Zorro es el enmascarado más universal de todos los tiempos, pues lo conocen hasta aquellos que nunca en su vida han leído una sola palabra. Todo un icono cultural desde su nacimiento hasta el día de hoy, destacando tanto la serie de televisión de los sesenta (protagonizada por Adam West), como las dos franquicias televisivas (la iniciada por Tim Burton en 1989, y la trilogía del Caballero Oscuro de Nolan cuyo origen fue Batman Beggins en 2005).

 

 

El Guerrero del Antifaz es un personaje de la historieta española creado por Manuel Gago García en 1943 para Editorial Valenciana. Su primera etapa terminó en 1996, si bien tuvo una nueva continuación a finales de los setenta, e incluso hoy día existe un nuevo intento de reflotar a este héroe de los últimos años de la Reconquista Cristiana. En sus páginas podemos encontrar la historia de Adolfo de Moncada, un cristiano que es criado como siervo del Islam y que al conocer su auténtico origen decide luchar contra los infieles bajo una máscara. Si bien el dibujo no es realmente muy exquisito, no se puede negar el carácter políticamente incorrecto de esta obra, donde el protagonista se enfrenta con la Iglesia, con la Realeza, con mujeres independientes y liberales, y con todo tipo de representantes culturales estereotipos de ese periodo histórico.

 

 

Santo, el Enmascarado de Plata, es sin duda el héroe más peculiar de todos. Creado en 1952 por el artista y editor José Guadalupe Cruz, es el primer personaje luchador de la historieta mexicana, antecesor de otros muchos que vinieron después. El fenómeno de masas elevó al mito de los altares a este luchador, del cual se hicieron numerosas adaptaciones cinematográficas (hasta cincuenta y dos), donde Santo se enfrentaba a todo tipo de enemigos y peligros (algunos tan dispares como brujas, vampiros, sectarios y alienígenas). El origen del éxito, y del personaje, fue el célebre luchador mexicano Rodolfo Guzmán Huerta, que bajo el nombre artístico del Santo se convirtió es uno de los luchadores más famosos del mundo y uno de los iconos más indiscutibles de la cultura mexicana. Durante cuarenta años Santo defendió su máscara plateada y ninguno de sus contrincantes pudo nunca arrebatársela, convirtiendo a su portador en leyenda. «Santo Contra el Cerebro del Mal» fue la primera película protagonizada por este luchador, en 1958, con el director Joselito Rodríguez, un film de culto que hoy en día sigue siendo una de las más vistas de México.

 

 

El Duende es posiblemente el más desconocido de los enmascarados. Fue creado por Jesús Serrano para la Editorial Maga en 1961, imitando el estilo de The Phantom hasta el punto de que hoy día a algunos les podría parecer un plagio, si bien la mayoría lo respeta como un homenaje al héroe español. Sus enemigos lo consideran inmortal, vive en el interior de un solitario castillo tenebroso, puede curar cualquier herida (gracias a una máquina) y posee un chaleco antibalas que agranda su leyenda de invencible. Y en muchas ocasiones también le acompaña un perro. Como solemos decir por estos lares, cualquier parecido con el original es pura casualidad. Juzguen ustedes mismos.

 

 

Y una vez terminados los personajes con máscara o antifaz, bien podríamos citar a Superman, otro icono mundial nacido del comic como su amigo Batman. Y es que en realidad Clark Kent no es más que una máscara a nivel completo, una identidad bajo la que se oculta un alienígena del espacio exterior que es enviado a nuestro mundo nada más nacer simplemente para sobrevivir. Pero gracias a los sentimientos y a la educación inculcada por sus padres adoptivos, Superman elige el sendero del bien para proteger a la raza humana de los peligros que le acechan. Creado por Jerry Siegel y Joe Shuster en 1933, y con varias películas y series de televisión a sus espaldas, además de cientos de historietas, siempre permanecerá en la memoria colectiva el entrañable Christopher Reeve como Clark Kent. Y es que su papel en la película de Richard Donner (Superman, 1978) ejemplifica de manera brillante la dualidad de dos personalidades diferentes, el héroe invencible y el periodista entrañable y humano que no es más que un disfraz.

 

 

Y en el terreno de las historias modernas no podemos dejar de citar la obra del cómic pulp «Masks», de la editorial Dynamite. De la mano de Alex Ross y Chris Roberson podemos encontrar el mejor crossover de héroes pulp, tanto enmascarados como a rostro descubierto, con la presencia de La Sombra, Green Hornet, Spider, El Zorro, Black Cat, y Green Lama. Mask cuenta con 8 números, en los que podemos ver sus características principales: acción y aventura, plasmadas en una historia sencilla pero que se disfruta enormemente, al estilo de las clásicas historias pulp de antaño, y con ese villano que se mantiene en la sombra hasta el final y que maneja la trama desde un segundo plano.

 

 

Es cierto que ahora estamos acostumbrados a los superhéroes modernos, pero no hay que olvidar que éstos provienen de otra época, un tiempo donde los primeros héroes eran tipos corrientes que con una sombreo y un antifaz asumían una identidad con la que se enfrentaban a los delincuentes. Una doble existencia donde el protagonista intentaba equilibrar sus identidades en una lucha psicológica de valores y comportamientos duales. Pero, en definitiva, eran historias de acción, misterio y aventura que buscaban entretener al gran público, en una época donde la radio y el papel eran los medios predominantes para transmitirlas. Algo que incluso hoy día tiene validez, pues a todos nos encantan las historias de héroes buenos que luchan contra los malvados villanos.

Y por eso los héroes pulp siempre seguirán existiendo, eternamente inmortales.

 

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