Dibujos en la oscuridad

 

por Jaxon Aryan

 

En un pueblo solitario construido por un ancestral y sabio guerrero, el cual estaba  rodeado de bosques desérticos y de espinosos terrenos  que parecían ser interminables, habitó una misteriosa virgen que concibió a unos gemelos. Aquella noche, una brillante luna llena entonaba un canto tenue, situada en lo alto del espesor nocturno. Su luz plateada devoraba las sombras que intentaban huir, aterrorizadas. Las estrellas dibujaban memorias y mitos de la antigüedad, contando la historia de los héroes que han resguardado las galaxias a lo largo de toda la creación. Esa noche comenzó el mito de una de las constelaciones que rigen y protegen los universos, así como su estrella principal que nació aquella noche en el corazón de uno de los gemelos.

En ese mismo instante, una fuerza oscura escuchó un llamado desde las profundidades del abismo. Entre murmullos incesantes llegó su despertar. El silencio del viento permitía a las aves suspenderse en la corriente navegando los vientos, sin rumbo fijo, disfrutando del inquietante paisaje, sin darse cuenta el terror que se aproximaba.

La tierra misma se manifestó con pavor al sentir la presencia de la criatura más terrorífica jamás conocida. En toda la superficie terrestre, los terremotos se multiplicaron por sobre la faz del planeta. El caos comenzó ante tales sucesos inexplicables y la destrucción masiva causada por los mismos.

En las profundidades del mar comenzaron a crearse explosiones sísmicas, ocasionando devastación subacuática y a su vez, potentes tormentas se apoderaron de las costas.

El pánico se extendió, junto con la devastación, de una manera inmediata. Se desató una crisis imparable que arrasaba con todo a su paso. Aún siendo uno de los pocos sobrevivientes, se podía respirar el terror y muy pronto llegaría ese sentimiento de muerte acechando.

En el pequeño pueblo no se había sufrido daño alguno. Su ubicación geográfica tenía la peculiaridad de estar protegida  de tales devastaciones y tal destrucción.

Todos los animales del lugar y de las cercanías, aullaron, maullaron y cantaron sin cesar durante toda la madrugada. Ningún vecino pudo dormir un solo segundo.

El pueblo ni siquiera tenía energía eléctrica, no había mucha comunicación con los alrededores, menos con lugares lejanos. Al paso de los días y las semanas, seguían sin saber la situación que aquejaba al mundo entero menos a ellos. Así vivieron meses.

Los bebés parecían crecer normal, inquietos, contentos y extremadamente traviesos. Uno de los pequeños, al que nombraron Mintaka, parecía tener una inteligencia sobresaliente que superaba por completo los que parecían insignificantes esfuerzos de su hermano Copérnico. Este bebé prominente comenzó a mostrar, muy pronto, un don de materializar sus más profundos sueños. Como si en sus sueños fuera un gran artista y los dibujos que creaba en la oscuridad cobraran vida en el momento preciso de convertirse en parte del sueño.

Durante años, el pueblo quedó olvidado. Las cenizas que quedaron esparcidas en las ruinas permanecieron por décadas. Todos los sobrevivientes que perduraron varados en algún lugar del mundo comenzaron a encontrarse y formar grupos, a estar lo más unidos posible. Sin embargo, las pesadillas de Mintaka trajeron con sí el despertar de las terribles profundidades de las tinieblas y con ello, centenares de seres terroríficos comenzaron a dominar sobre la tierra. Todos ellos bajo el régimen de aquel temible mal que despertó aquella noche en que nacieron los gemelos. Este era un ser que tenía el corazón hecho de destrucción, calamidad, brotes de la oscuridad más inquietante y devastadora.

Los pequeños grupos de sobrevivientes tuvieron que vivir bajo las sombras, ocultos del infierno en que se había convertido vivir. A todo aquel que fuera capturado le esperaba un final brutal, devorado por antiguos seres demoniacos, o bien, una larga vida de esclavitud, sirviendo a los caminantes del terror.

Por fortuna divina, el pueblito permaneció oculto y solitario. Lejano de los terrores que caminaban la tierra.

Los gemelos crecieron en la pacífica región que los vio nacer. En plena juventud, después de una lenta muerte que aquejó a su madre, decidieron dejar el pueblo para ir a conocer el mundo que les había sido ajeno durante toda su vida. Copérnico y Mintaka estaban conscientes de los poderes mágicos con los que este último podía traer al mundo real lo que en sus sueños vivía. Sin embargo, aún ignoraban el desastre y el reinado infernal que sometía al planeta entero.

Muy pronto fue notable la desolación que gobernaba en las cercanías. Poco a poco se volvía evidente que una fuerza descomunal rondaba en las cercanías. Una poderosa sensación de maldad comenzaba a percibirse en el ambiente. Ambos pudieron notarlo sin saber realmente la naturaleza de la situación. De lo que sí estaban seguros era que algo terrible estaba sucediendo.

Era tan cuestión de tiempo para que en un mundo infestado de los monstruos más infernales tuvieran un encuentro con un grupo de mortíferos seres. Sin dudarlo fueron atacados por este maléfico grupo. Los gemelos habían sido entrenados por un antiguo maestro que fundó aquel alejado pueblo y les enseño técnicas marciales secretas. Ambos resultaron ser grandes guerreros, gracias a esto pudieron defenderse con maestría y salir victoriosos. No lograban entender quiénes eran y por qué los había atacado pero decidieron seguir su camino.

Al poco tiempo volvieron a ser agredidos por otro grupo de criaturas provenientes de las pesadillas más terribles. Debido a este encuentro, Mintaka comenzó a tener una sensación de haber visto antes a sus agresores, incluso la situación en general le resultó muy familiar. Como si estuviera viviendo un recuerdo que ya existía en su mente. No lograba comprender lo que estaba sucediendo. Después de un día tan agitado decidieron descansar.

Pasaron un par de días en los que volvieron a presentarse encuentros mortales con las creaciones monstruosas que Mintaka había traído a la vida. Finalmente logró entender que estas criaturas que habitaban las tierras eran las mismas criaturas de sus pesadillas.

Tras un intenso recorrido de tres semanas con múltiples combates sangrientos sobre las ruinas de lo que solían ser las calles de algunas ciudades, llegó el día en que encontraron un grupo de sobrevivientes. Al principio, les fue difícil creer que en tantos años ellos no supieran sobre la situación mundial pero en el fondo eso no les importó. El líder del grupo les describió los sucesos que arrasaron con el planeta. Muchos detalles que Mintaka recordó de sus sueños, le hizo saber que gran parte de todo el daño, lo habían causado los monstruos provenientes de estos sueños.

En pocos días, mientras comenzaban a conocerse, fueron rastreados y tropas comenzaron a avanzar al frente. Fue una masacre de la que sólo los gemelos quedaron con vida, aunque muy mal heridos. Tras un vigoroso combate fueron capturados y encadenados. Fue un largo recorrido por el que que los trasladaron.

Finalmente llegaron al centro en que se reunía y se concentraba la mayor cantidad de mal. Ahí donde se hallaba el peor de los seres infernales que se presentó ante ellos con gran entusiasmo para recordable a Mintaka su destino. Debía ser devorado por la oscuridad del peor de los males, sin embargo no estaría dispuesto a dejarse vencer. Decidieron luchar por sus vidas.

Mientras combatían contra centenas de criaturas de la oscuridad, imágenes comenzaron a brotar en aumento en la mente de Mintaka hasta sentir un bombardeo incesante que no lo dejaba respirar. Una voz aterradora invadió su pensamiento y repetía la frase: “soy yo”, “soy yo”, “soy yo”, “es mi culpa”, “es mi culpa”, “es mi culpa”, “entrégate a los brazos de tu muerte”…

El mal en persona se comunicó con Mintaka y le hizo recordar la noche de su nacimiento. La primera noche que conoció al mundo, también lo conoció y así le dio vida a la devastación.

Mintaka fue liberado y se dirigió al borde del abismo que rodeaba la zona. Se sabía que en el fondo de este corrían ríos de ardiente lava. Se detuvo un momento que parecía suspenderse en el flujo del tiempo, interminable. Ahí, una imagen lo invadió y el terror se volvió infinito; fue en su primer sueño, ahí estaba aquel terror que despertó, acompañado de la gran devastación que ocasionó.

Mintaka únicamente pudo permanecer con un pensamiento que lo paralizó y le destrozo la existencia… “En mis sueños yo desperté la destrucción, todo es mi culpa”…

El peor de los males se hizo presente haciendo vibrar todo el lugar. Al estar frente a frente con su creador sabía que tenía que devorarlo así que se abalanzó con toda su furia sobre el muchacho. Mintaka cerró los ojos y se dejó llevar al mundo de los sueños por última vez. Al entrar en las primeras etapas del sueño entendió al fin lo que debía hacer. Ingresando en las etapas más profundas de este se mantuvo consciente para poder llevar a cabo su plan. Un instante antes de ser devorado por aquel ser siniestro, Mintaka hizo su última creación; él mismo se convirtió en una semilla color azul lapislázuli cuyas raíces estaban destinadas a expandirse de manera instantánea, floreciendo dentro de aquel ente maligno como árboles de bondad y generosidad. Rápidamente, se hicieron presentes los rayos de luz que emanaban de tales efectos sobre el ser que comenzó a llenarse de la más sincera tranquilidad.

Esa noche, una estrella brilló en el firmamento, adornando el cinturón del gran guerrero Orión. Mintaka, la estrella más brillante de aquella constelación que permaneció por la eternidad protegiendo la galaxia y resguardando el equilibrio universal. Gracias a ello, el planeta mismo comenzó un renacer que reverdeció los bosques y dio nueva vida que prosperó durante generaciones.

 

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