Domesticación

 

por Lizbeth Peña*

 

Criar tu propio monstruo en casa resultaba cómodo para todos. Sin necesidad de papeleos de adopción en un monstruario, comprabas una bola de pelos diminuta o una gelatina en un refractario colorido para verlo crecer e inculcarle tus ideas desde esa tierna edad. Los más osados esperaban con ansias a los de genes carnívoros, a los hematófagos y a los de sonidos irritantes. Después de tres intentos donde mi hijo menor perdió un dedo, logramos tener en casa un monstruito lo suficientemente grande y domesticado para que nos preparara el desayuno en la mañana y fuera el cuentacuentos en las reuniones nocturnas. Él —decidimos que el pronombre era suficiente para nombrarlo— se abalanzaba desde la sombra, levantando sus extremidades albinas y brillosas, con tanto sigilo que siempre algún invitado derramaba el café o el vino cuando la voz cavernosa y áspera nos contaba de pronto una historia apocalíptica.

“…Pronto se rebelaron. Criarlos para ser llaveros decorativos y objetos sexuales estaba más allá de la burla. Debió ser por telepatía, decían los formuladores de ideas, porque ese día, antes del amanecer, la hora en que debían despertarse siempre, amarraron a sus dueños y los mordisquearon por todas partes, pero sin masticar la carne que despreciaban por su sabor. Sin embargo, de esto se aburrieron pronto, dejaron libres a los amos y, buscando tranquilidad, se exiliaron en un rincón del mundo.

Los humanos aún viven con pavor, temiendo que uno de ellos aparezca en un armario, agazapado debajo de la cama o con el disfraz de la pareja en turno.”

 

 

 

* Lizbeth Peña (Acapulco, 1987) coordina las actividades de la Sala de Lectura La Tlacuila. Fue becaria por el género de narrativa en “Los Signos en Rotación”, del Festival Interfaz-ISSSTE, 2014. Ha impartido talleres de lectura y escritura creativa en diversas sedes como escuelas, bibliotecas y parques, esto último para un programa de la Sedesol. Algunos cuentos y poemas suyos han sido publicados en revistas y antologías. Fue editora en jefe de la revista Tropo a la uña y actualmente trabaja en una empresa que se dedica a la música. Vive en Cancún.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*