El monstruo bajo la cama

 

por Nessie*

 

¿Qué come el monstruo bajo la cama? ¿Acaso los calcetines perdidos, algunas playeras ocasionales y unos tenis cada tanto son suficientes? No lo sé. Sólo tengo una cosa muy clara, el mecanismo de defensa que aprendí siendo pequeña y que, seguramente, todos ustedes conocen: esconderse bajo las sábanas hasta que ese monstruo perdiera el interés, pero ¿cómo es él? ¿En qué lugar se enamoró de ti? ¿De dónde es? ¿A qué dedica el tiempo libre? Pues tampoco sé cómo es. El monstruo tiene tantas formas como miedos puede tener el ser humano. Para algunos es un animal peludo, para otros es un algo viscoso y para otros una gran sombra densa de ojos rojos, cual marihuano del barrio.

Monstri —como le diremos de cariño por el resto de presente texto— se enamora de sus víctimas dependiendo de la calidad del miedo: a mayor miedo mayor amor. Sí, tal vez suene enfermo, pero no lo tomen por un mal sentido. El mejor alimento de un monstruo es el temor que causa. Algo así como el aplauso es el alimento del artista. Si le das un miedo nutritivo y sustancioso, Monstri te amará al estilo de Mickey, el entrenador de Rocky. Darle un lugar de origen resulta impreciso y es una cuestión más del tipo metafísico: puede ser de aquí o puede ser de allá. Lo más seguro es que sea de acullá. Y su tiempo libre lo dedica a hacer bufanditas a base de las motas de polvo que existen bajo todas las camas, bolsitas de ácaros cubiertos de miel —el postre favorito de los hombres lobo—, y un poco de pintura artística. Sus cuadros son tan buenos que podrían competir con los de Piccaso, Da Vinci, Van Gogh y hasta con Cecilia Giménez.

Pregúntale (a Monstri) ¿por qué ha robado un trozo de mi vida? Mmm esto es más bien filosófico. El tener miedo nos roba parte de nuestras vidas, ¿cierto o falso? De ser cierto ¿es culpa de Monstri? Si bien es la fuente de las pesadillas, la causa de que temamos que el dedo chiquito del pie salga de las cobijas, la razón por la cual damos un salto a la cama después de haber apagado la luz, ¿Monstri nos obliga a tenerle miedo? Obvio no. La mente es la que nos traiciona. Le da forma de Monstruo ComeGalletas al suéter horrible que nuestra tía nos regaló en navidad, nos regala ilusiones ópticas y unas cuantas auditivas cuando despertamos de la nada a media madrugada… ¿todo es culpa de Monstri?

Si lo analizamos desde este punto de vista —y respondiendo las preguntas de esta bella canción de José Luis Perales—, nos daremos cuenta de que el Monstruo Bajo la Cama no es más que la materialización de lo desconocido, aquello a lo que tememos por el sencillo hecho de ignorarlo. Monstri no es malvado, al contrario. Las personas que cuentan con un monstruo viviendo bajo su cama no sufren del temible y vergonzante olor a patas. Además, al ser molestado por Monstri, se te otorga inmediata inmunidad al Coco, por aquello de que no pueden asustarte dos monstruos a la vez. Sí, aunque lo duden, los monstruos tienen lineamientos de trabajo que les permiten una sana convivencia con otros monstruos dentro de la organización. Oh sí, son como la delincuencia: están mejor organizados que muchos gobiernos.

Entonces sólo me resta invitar al lector a no temerle a Monstri. Tengamos una sana convivencia con los monstruos que no hacen más que querer encajar en nuestro mundo de humanos. Los invito a no ser egoístas y donar más calcetines de colores brillantes para que el Monstruo Bajo la Cama pueda alimentarse y mantenerse sano y fuerte. Seamos incluyentes, no sembremos la semilla del miedo para con esta criatura en las mentes de los niños. Monstri les agradecerá quitando todos los ácaros y el polvo de sus camas. Muchas gracias por su atención. *Aplausos*

 

Poltergeist, 1982

 

* Nessie Zeta es una  chica multifacética que volvería loco a cualquiera en un solo día: bajista, baterista, cantante, escritora y fotógrafa/dibujante de ratos libres. Comenzó a leer y escribir a los 4 o 5 años de edad. De gustos bastante excéntricos, ha confesado que escribe la mayoría de sus textos en el cementerio de la ciudad y que dicho lugar es el favorito para pasear y pensar.

 

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