El Golem

 

por Vicente Ruiz Calpe

 

Cuando uno piensa en escribir un artículo para un especial dedicado a los monstruos, lo primero que le viene a la cabeza son los vampiros, hombres-lobo, zombis, momias, o cualquiera de los diversos horrores extraplanares surgidos de la mente de algunos escritores entre ellos la del maestro Lovecraft. Sin embargo hace muy poco tuve la fortuna de visualizar un clásico del cine mudo que me dio a conocer una de las criaturas más terribles y poderosas del mundo del fantástico. Hoy les traigo… ¡al Golem!

La primera pregunta que el lector se formulará es, por supuesto, qué es un Golem. Pues es una estatua inerte, por lo general hecha de barro o arcilla (aunque puede ser elaborada con cualquier material), que cobra vida gracias a la magia para obedecer las órdenes de su creador. Siempre posee un tamaño considerable y una fuerza colosal, además de estar dotada de una naturaleza indestructible. Es, en definitiva, un autómata imparable que no se detendrá ante nada mientras avanza a paso lento guiado por su ciega obediencia, sembrando el caos y la destrucción a su alrededor.

 

 

¿Y qué ocurre con su origen? ¿Dónde surgió el Golem? Esta pregunta no tiene una respuesta fácil, pues al igual que muchos de los otros monstruos nacidos de la cultura popular su origen se pierde en las brumas del pasado. Pero lo que sí se sabe con certeza es que bebe de la mitología hebrea de la Edad Media, pues la palabra “golem” proviene del término “guélem” que significa “materia”. La leyenda del Golem de Praga, el monstruo animado gracias a la magia del rabino Judah Loew, es quizá la historia más famosa sobre esta criatura, surgida bajo la creencia popular de que en el siglo XVI fue necesario invocar al Golem para defender el barrio judío de la ciudad de sus enemigos antisemitas. Esta leyenda ha inspirado tanto libros como películas, comics, e incluso juegos de rol, además de servir de base a uno de los monstruos clásicos más icónicos de todos los tiempos: Frankenstein. Incluso existe un episodio de la conocida serie Expediente X, titulado “Kaddish“, en el cual el “Monstruo de la semana” era un Golem creado por una mujer para vengar el asesinato de su esposo a manos de neo-nazis. También existe un poema de Jorge Luis Borges, titulado “El Golem”, referido al mito, una muestra más de la internacionalización de esta criatura.

 

El Golem (Der Golem, Gustav Meyrink) es una novela de 1915 basada en la leyenda popular citada con anterioridad. En ella su autor nos cuenta como el rabino Loew, armado de buenas intenciones, usa la magia cabalística para fabricar y animar la estatua de arcilla. Sin embargo, lo que en principio iba a ser un arma manejada contra los enemigos de los judíos pronto dejará el control del rabino para asolar la ciudad destruyendo todo lo que encuentre a su paso. Meyrink recoge el folclore tradicional y lo transforma magistralmente en una obra realista, con una ubicación espacio-tiempo muy definida (la Praga de finales del siglo XIX, soberbiamente recreada), y utilizando un lenguaje expresionista que ayuda a una trama llena de misterio y oscuridad. Si bien es cierto que en algunos momentos la narración peca de ser demasiado compleja e incluso errática, y que los personajes no terminan de estar correctamente construidos, El Golem se sostiene bajo dos pilares fundamentales: la historia de amor de sus jóvenes protagonistas, y la presencia de esa criatura que evoluciona de simple arma vengativa a monstruo destructivo por completo desbocado.

 

 

En definitiva, un libro recomendable para aquellos que busquen algo diferente, pues no es apto para lectores impacientes, pero aquellos que se atrevan se verán recompensados por esas imágenes oscuras y tenebrosas dentro de un universo onírico y particular, el cual fue bien transmitido por su autor.

 

El Golem ha tenido varias adaptaciones al cine, si bien la más famosa es la que en 1920 dirigieron Paul Wegener y Carl Boese, protagonizada por la mujer del primero, Greta Schröder (que protagonizó también el Nosferatu de Murnau). En este film se recoge lo más esencial del libro de Meyrink, y narra como en el Gueto Judío de la Praga del siglo XVI el rabino Loew (Albert Steinrück), tras estudiar las estrellas, predice que una amenaza se cierne sobre su pueblo. Para evitar que el emperador Luhois (Otto Gebühr) expulse a los judíos, Loew moldea con barro el cuerpo del Golem (que en la película está interpretado por el propio Paul Wegener), concediéndole la vida para que proteja a la comunidad. Sin embargo, la criatura se revelará para sembrar para sembrar la destrucción en la ciudad.

Esta película ubicada dentro del expresionismo alemán de la época es uno de sus más claros exponentes, apoyada fundamentalmente en sus logrados escenarios. Los decorados del artista Poelzig, donde la grandiosidad de algunos espacios contrasta con las reducidas dimensiones de los interiores, destacan gracias a la inclinación de las fachadas y de las cubiertas de las edificaciones, dotando al conjunto de una apariencia irreal. La fotografía del cineasta Karl Freund, el mismo de Metropolis de Fritz Lang y del Drácula de Tod Browning, contribuye a realzar el trabajo de Poelzig, elaborando complejas escenas de gran intensidad visual (véase el Festival de la rosa de los judíos), con esos planos, encuadres y fundidos que hacen la delicia del espectador.

Como conclusión, El Golem no solo es una cinta famosa por la riqueza y originalidad de sus imágenes, también lo es por ser la precursora de filmes como Frankenstein (James Whale, 1931). Si bien es cierto que la novela de Mary Shelley es de 1818, la criatura original no se parece demasiado a la que Whale presenta en su película. Pero todo aquel que haya visto El Golem de Wegener sabrá entonces de dónde le vino la inspiración, pues los paralelismos entre ambas criaturas son más que evidentes. Por ello El Golem es el antecesor de toda esa gama de robots, androides y cyborgs que el cine fantástico ha presentado a lo largo de la historia (y sigue haciéndolo aún hoy en día): Un monstruo incontrolable que debe ser destruido, escenas demasiado parecidas, sustituyan magia cabalística y rabino por ciencia extraña y profesor enajenado y el resultado es Frankenstein. Curiosamente es éste último el más conocido, mientras del Golem muy pocos se acuerdan, una injusticia cinematográfica  e histórica que al menos un servidor intenta remediar con este artículo.

 

 

Si bien hay otras películas basadas en el mito del Golem, una de las que me quedo es It (Herbert J. Leder, 1967), protagonizada por Roddy McDowall. Titulada en algunos países como La Estatua Viviente, el film nos presenta como un joven (y algo perturbado) ayudante de conservador de museo se encuentra con una extraña estatua y los sucesos que la rodean. Tras investigar se da cuenta de que en realidad se trata del mítico Golem de la tradición hebrea, por lo que utilizará al monstruo en beneficio propio. Interesante propuesta que muestra una adecuada puesta en escena con una excelente recreación del interior del museo, el escenario principal de la película. El pilar fundamental es la soberbia interpretación de Roddy McDowall, que recuerda al personaje de Norman Bates en Psicosis al tener el cadáver de su madre en casa. Interesante y entretenida, con ese gran final apoteósico y nuclear.

 

En los juegos de rol, como el famoso Dragones y Mazmorras, es donde se saca el jugo al componente fantástico de este monstruo. En este tipo de juegos de mesa los Golems son autómatas creados mágicamente y dotados de un gran poder, animados por una fuerza que por lo general proviene de un espíritu del plano elemental. El proceso de fabricación vincula al espíritu reacio con un cuerpo artificial, sometiéndolo a la voluntad de su creador.

Estos seres son tenaces cuando combaten, además de poseer una fuerza prodigiosa. Al carecer de mente, no hacen nada sin las ordenes de su creador y siguen sus instrucciones literalmente y si ningún tipo de táctica o estrategia. Al ser una construcción animada es resistente a todo tipo de efectos mágicos y enajenadores así como a la mayoría de los golpes.

Estos seres pueden ser construidos de diferentes materiales, por lo que hay diferentes tipos:

  • Golem de Carne: Son macabras colecciones de fragmentos de cadáveres unidos para dar una singular forma compuesta, y miden unos 8 pies y pesan unas 500 libras (ejemplo: Frankenstein).
  • Golem de Arcilla: Esta criatura de forma humanoide esta hecho de arcilla que pesa unas 600 libras. Sus rasgos son distorsionados, sus torsos son extremadamente grandes con sus brazos unidos por grandes músculos que les llegan hasta las rodillas y que terminan en dedos cortos y rechonchos. Carecen de cuello y sus cabezas tienen rasgos anchos y planos. Sus piernas son cortas y arqueadas.
  • Golem de Piedra: Estos seres tienen 9 pies de altura y pesan unas 2000 libras. Su cuerpo es una piedra, toscamente cincelada, que se estiliza para parecerse a su creador.
  • Golem de Hierro: Son enormes criaturas del doble del tamaño de un humano y pesan unas 5000 libras. Se le puede dar cualquier aspecto pero el más habitual es el de una armadura con sus armas fusionadas a ella, suele ser tal el peso de estas criaturas que sus pasos hacen temblar el suelo.

 

Conclusión

 

Aunque las primeras referencias al Golem que se conocen se encuentran en el Talmud y en la Torá, los libros sagrados de la religión judía, con referencias al profeta Jeremías o a Abraham como creadores de los primeros autómatas, es al llegar a la historia del rabino Low ben Bezalel (el Maharal de Praga) donde encontramos el mito más famoso. Low (o Loew) cogió arcilla y agua del río Vltava (Moldava), modeló una figura humana y le dio vida, creando así al Golem con el fin de liberar a su pueblo de los enemigos de Israel.  Finalmente, la creación se volvió en contra de su creador y de su pueblo, lo mismo que sucedería más tarde con el monstruo de Frankenstein.

Pero al hablar de Golems hay que subrayar ciertos aspectos, como el secreto o el poder de la creación de vida, un poder que en teoría solo pertenece a Dios y que sin embargo el hombre ha ansiado desde siempre. La Cábala, la alquimia, la magia, los experimentos científicos, todo vale con tal de hallar el secreto para vencer a la muerte. Este es en realidad el paradigma que hay detrás del Golem, un ente que carece del poder de la palabra (no puede hablar), y cuya única forma de vencerlo es eliminando la primera parte de la palabra que lleva escrita en la frente, EMET (verdad), para transformarla en MET (muerte).

La historia del Golem de Praga termina con el rabino consiguiendo desactivarlo y guardando sus restos en el ático de la sinagoga, lugar donde según la leyenda aún estaría reposando y esperando a ser activado de nuevo. Quizás lo mejor es que nunca más sea despertado, pues su historia tiene cierta moraleja. Tal vez el Golem sea el castigo para aquellos mortales que intentan acercarse a Dios, o tal vez todos podemos ser golems sin sentimientos que obedecemos sin rechistar a aquellos que nos lideran sin ser cuestionados. En todo caso, el límite que separa la criatura del monstruo, la herramienta controlada del arma descontrolada, es tan fino como el que separa los sueños de las pesadillas…

 

 

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