La mirada del vampiro

 

por Abraham M. Vázquez*

“Bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae.”

Drácula, Bram Stoker, 1897

Caminas por un sendero de terracería, lo has hecho por más de cinco kilómetros, dejaste atrás tu auto, el cual, por un error tuyo, se quedó sin combustible. Antes de salir del poblado te advirtieron que no había gasolineras sobre esa carretera. Y ahora, gracias a ese descuido, pagas las consecuencias. Mientras circulabas por la autopista, alcanzaste a ver la luz de una casa, solo que para llegar a ella, tienes que caminar por lo profundo del bosque. Con anterioridad, habías hecho caminatas similares, así que no lo dudas y te alejas de la carretera. A mitad del camino te encuentras con un grupo de pobladores locales, quienes de manera amable, intentan disuadirte de ir a la casa que viste desde la carretera. Las diferencias con el idioma, te impiden comprender gran parte de las advertencias, pero dos palabras dichas con mucha insistencia se quedan grabadas en tu mente: ¡Groźba, wampiry!…

El mito del vampiro, es una de las tantas leyendas que nutren el imaginario colectivo de la humanidad. Sin embargo y, a diferencia de otros mitos surgidos a lo largo de los siglos, es de las pocas que aún cautiva con tanta fuerza nuestra imaginación. Lo que en su momento se consideró una simple leyenda, año con año se adapta para cautivar a nuevas generaciones. En la actualidad, no es raro ni extraño encontrar historias de vampiros que pueden convivir en la sociedad sin temor alguno, inclusive, en ciertos casos, se les puede ver deambulando a pleno sol, dejando a un lado la creencia común de que la luz del día es capaz de matarlos.

Por un momento dudas, pero tu mentalidad escéptica consecuencia de tantos años de estudios, se sobrepone al miedo. Agradeces lo mejor que puedes las buenas intenciones de los pobladores, uno de ellos te agarra la mano y deposita algo frío en el interior de ella, cuando la observas, descubres un pequeño crucifijo hecho de plata. Ves tristeza en su rostro. Mientas se alejan, uno se gira y hace algunas señas extrañas. Si supieras un poco sobre las creencias locales, sabrías que lo que el lugareño ha hecho, es una manera de protegerse contra el mal.

Desde que el escritor irlandés Bram Stroker popularizó al vampiro con su novela Drácula  en el año de 1897, el mito —que a su vez se basó en la figura de Carmilla de Sheridan le Fanu—– logró colocarse de forma rápida en la preferencia del público, algo que difícilmente algún otro monstruo ha logrado superar. El vampiro, ha salido en una vasta colección de libros y películas, prácticamente no hay generación que no tenga oportunidad de conocer una nueva versión de este personaje. Esto ha ocasionado que varias creencias que existen sobre él, se modifiquen de acuerdo a las necesidades de cada autor.

 

 

 

Sigues caminando, conforme te acercas a la casa, observas que los arbustos alrededor, comienzan a tomar un color enfermizo. Las ramas de los árboles se asemejan a terribles garras que esperan de forma paciente desgarrar al primer incauto que se atreva acercarse demasiado a ellas. Tu olfato percibe un olor malsano en el ambiente, un hedor a muerte que se impregna en toda esta zona y que parece corromper esta parte deshabitada del bosque. En determinado momento, de reojo alcanzas a ver entre los matorrales un par de ojos luminosos escondidos entre los matorrales. Un crujido del otro lado del sendero,  te hace brincar de miedo. Aprietas el paso, ya casi llegas a tu objetivo. Empiezas a notar que unos hilos de neblina comienzan a arrastrarse por el camino. Ya antes habías visto este fenómeno de la naturaleza, pero nunca de esta manera. Pareciera ser que tiene cierto tipo de vida. La forma en la que se arrastra es antinatural e inclusive grotesca. Ahora de verdad comienzas a dudar, la palabra wampiry cobra más fuerza en tu mente. Algunas gotas de sudor empiezan a cubrir tu rostro.

Por regla general —salvo algunas excepciones­— el vampiro habita en locaciones sombrías. Su morada, el típico castillo medieval, se ubica en lugares de difícil acceso —ya sea en escarpadas montañas o bosques sombríos— donde por lo general ocurren muertes y eventos sobrenaturales. En dichos sitios, dependiendo del autor o del mito local, suelen encontrarse celosos guardianes que impiden el acceso de las personas non-gratas y que a su vez, protegen al vampiro de todos aquellos que quieren exterminar su no-vida. Quizá para algunos jóvenes lectores que no han tenido la oportunidad de conocer las novelas más representativas sobre este personaje —y que  se conforman con la visión metro sexual actual de este habitante de las sombras— les resulte extraño saber que el vampiro original, está muy lejos de ser la persona benevolente que ellos creen que es.

Te sobresaltas con el repentino aullido de un lobo que se escucha en el fondo del bosque. La bruma, aumenta en cantidad y se enrosca en tu cuerpo de forma maligna. Te hace recordar a un ente sobrenatural, cuyos viscosos tentáculos tienen la misión de no soltarte hasta ser engullido por la putrefacta boca hambrienta de su dueño. Esa sensación te asfixia, y hace que te cueste respirar. Tus poros exudan terror. Tu pulso se ha acelerado, una señal de alarma se enciende en algún lugar de tu mente. Comienzas a dudar de tu cordura. Quieres dar media vuelta y regresar. El lobo aúlla de nuevo en el interior del bosque, pero ahora, se le unen otros aullidos. A tu izquierda, ves las ramas agitarse. Escuchas los pasos de algo moviéndose en su interior. Estas atrapado, solo te queda una alternativa. En un acto inconsciente, aprietas el crucifijo que llevas en la mano mientras te preguntas si realmente sirve de algo.

 

 

Existen elementos que se repiten de manera constante cuando se esbozan los lugares donde habita el vampiro, dichos elementos son parte esencial cuando se narra los eventos sobrenaturales en torno a su vida. Muchos autores lograron establecer un vínculo muy estrecho entre estas locaciones con la vida cotidiana del vampiro. No está por demás decir, que cuando estos factores naturales son trabajados de manera inteligente, no solo se logra recrear el ambiente por excelencia, también, nos permite sentir en el terror de estar ahí, dentro del desarrollo de la historia, a la espera de que aquello que nos aguarda tras la neblina, se lance sobre nosotros.

Avanzas lo más rápido que puedes, tus pies te pesan, como si se negaran a seguir adelante, de no ser por esto, ya estarías emprendiendo una alocada carrera por el sendero. Al parecer, tu cuerpo sospecha del terror que hay al final del camino, pero tu mente racional, la que le ordena seguir adelante, se niega a aceptarlo. Por fin ves el portón que da acceso a lo que hay detrás de los muros y que protegen las tierras circundantes de la casa que viste desde la carretera. Distingues un interfono empotrado en una de las paredes que sostienen la compuerta y del otro lado, una cámara que está dirigida hacia la entrada. Suspiras aliviado. Tu yo escéptico, te dice que los seres antinaturales son incapaces de utilizar este tipo artefactos, deduces que existe la posibilidad de que los lugareños, ajenos a toda esta tecnología, se hubiesen espantado con esos aparatos. Lanzas un prolongado suspiro de alivio y te das un tiempo para espantar el miedo. Te ríes de la inocencia de los aldeanos y de la tuya al haber empezado a creer en tontas supersticiones.

Versiones actuales con respecto al mito, y como parte de su constante “evolución”, nos hace encontrar vampiros “modernos”, a los que la tecnología no le es ajena. Esto se puede apreciar de forma más acentuada en la pantalla grande con películas como Blade o Underworld, donde la tecnología juega un papel importante en la trama. También se les ha podido ver en sociedades dístopicas —el libro Soy leyenda, es un claro ejemplo de ello— e inclusive algunos han ido un poco más allá, colocándolos en ciudades futuristas —como en el ya clásico anime de Hideyuki Kikuchi Vampire Hunter D­­ y Bloodlust—. Lo que es innegable es que donde se les encuentre, el halo de muerte que los persigue, permanece intacto.

 

Tocas el timbre y esperas a que alguien te conteste. Oprimes una vez más. Escuchas el motor de la cámara al moverse y enfocarte. Pasan algunos minutos. No hay respuesta. Molesto por la falta de cortesía, pulsas de nuevo el timbre y hablas por el micrófono del aparato. Le expones tu caso y lo bien que te sentaría un poco de ayuda. Se oye un zumbido y un clic. Las puertas se abren en toda su extensión. De la bocina del interfono se oye una voz que con un tono amable y cortés te dice: Entre por propia voluntad.

            No lo dudas, y atraviesas el portal.

No existe un dato exacto sobre el porqué, el vampiro necesite de tu permiso explicito para poder abordarte o entrar a tu domicilio. Uno podría pensar, que se debería de estar loco para dar una autorización de esa índole a tan abominable ser. De acuerdo a leyendas y escritos, el vampiro tiene una amplia gama de triquiñuelas para lograr este objetivo. Una de ellas, y tal vez la más importante, es la forma de engañar mentalmente a su presa, para que esta de su pleno consentimiento.

Te asombra ver el cambio entre el exterior y el interior. Mientras del otro lado de las paredes el ambiente es netamente tétrico, de este lado se ve un jardín bellamente cuidado. Puedes apreciar estatuas de diversas épocas de la humanidad colocadas en varios sitios. La calzada que te lleva a la casa, está adoquinada de forma exquisita. La fragancia de las flores es una completa delicia.

            Ya no hay duda, todo temor se desvanece por completo. De acuerdo a tu conocimiento y a lo poco que sabes de leyendas, no existe ningún ser abominable que pueda tener tan excelente gusto.

En este aspecto, hay diferencias muy marcadas con respecto a los gustos de los vampiros. Por un lado tenemos las versiones clásicas, las cuales describen moradas abandonadas, sin ningún tipo de cuidado, en los que se refleja la vida decadente y maldita de su huésped. En dichos lugares, se le puede ver rodeado de sabandijas y de animales que en aquel periodo del tiempo, se les consideraba representaciones terrenales del mal. Por otro lado, versiones más recientes, lo colocan en lugares esplendidos y realzan su buen gusto por el arte. Al ser entes casi inmortales, aprovechan dicha cualidad para hacerse de obras y bienes que con el paso del tiempo se vuelven costosas y que les da la oportunidad de llevar una vida llena de lujos y comodidades.

Por fin llegas a la casa, y observas que alguien está parado esperándote. Si las leyendas fueran ciertas, la persona debería tener facciones cadavéricas y vestir atuendos coloniales en negro. Por el contrario, observas a alguien vestido con un atuendo que podría haber sido hecho por un diseñador de renombre e inclusive los zapatos son de una marca muy cara, lo sabes porque apenas hace unos meses te compraste un par idéntico a esos. El cabello está pulcramente peinado hacia atrás, la piel del anfitrión, se aprecia bien cuidada e inclusive, sonrosada.

 

 

Otro de los aspectos donde existe una remarcada diferencia entre versiones clásicas y recientes, es en el aspecto de este personaje con el paso del tiempo. Obras iniciales, esbozan a una persona que se esconde en la oscuridad de su morada, alejado de cualquier contacto con la gente —salvo para encontrar a su siguiente víctima— Su semblante, dada su necesidad a beber sangre, es casi cadavérico. De estructura corporal delgada, llegan a tener una fuerza y velocidad sorprendente —el Conde Drácula era capaz de levantar su propio ataúd lleno de tierra con un sola mano­ y recorrer grandes distancias por la noche—. En revisiones posteriores, si bien estas últimas cualidades prevalecen, dejan atrás las características físicas que por mucho tiempo eran la pesadilla de la gente. En la actualidad, el vampiro se ha convertido en un ente casi perfecto, a grado tal, que su sola presencia es capaz de hechizar y hacer hervir el deseo sexual de mujeres y hombres por igual.

Cuando le miras a los ojos, te cautivan. Te sientes hipnotizado. Sin darte cuenta, caes en un milenario hechizo. Dice algo que no entiendes, pero tu cuerpo sí. Tu brazo se mueve hacia atrás y con un rápido movimiento, lanza lo que se aloja en el interior de tu mano. Observas caer el crucifijo en algún lugar del cuidado jardín. Sin haberlo visto moverse, la persona se ha colocado a tu espalda, te hace girar. Detrás de unos delgados labios, aprecias unos bien cuidados dientes, pero existe algo anormal en ellos, sus colmillos están demasiado crecidos.

El ladea tu cabeza, el cuello exhibe orgullosa la carótida. Lentamente acerca los colmillos y rasga con ellos la piel para llegar a esa pulsante arteria que lleva el vital líquido que da vida a tú cuerpo. Sientes algo caliente resbalar por tu pecho y espalda. Comienzas a perder la conciencia. Mientras caes en los oscuros brazos de la muerte, surgen de nuevo aquellas palabras dichas con insistencia por los aldeanos: ¡Groźba, wampiry! Tu mente, en un último chispazo de comprensión, alcanza a entender las palabras: ¡Peligro, vampiro! Ya no importa, tu cuerpo yace inmóvil en el portal de la casa. Un lobo se acerca por la calzada y se coloca al lado del dueño de la casa. Una luna rojiza se asoma en el cielo, el vampiro la ve, y le sonríe con unos labios aún manchados de sangre tibia y fresca.

Sea cual sea la época en la que se hable del vampiro, el aura fascinante que lo envuelve perdurará, ya sea retomando su origen primigenio, o agregándole nuevas cualidades que le permitan seguir vigente ante los ojos de los lectores y espectadores. Y ante todo, siempre encontraremos escritores y guionistas dispuestos a asombrarnos con nuevas historias que intenten arrojar un poco de luz a su diabólica o trágica historia.

 

 

Dato curioso:

El actor británico Christopher Lee quedó tan fascinado con la interpretación del Conde Drácula del actor mexicano Germán Robles, que utilizó dicha actuación como base para su propia interpretación.

 

 

Cuento:

La mirada del vampiro. M. Vázquez, Abraham.

 

Para saber más:

Libros:

Le Fanu, Sheridan. Carmilla. 1872

Stoker, Bram. Drácula. 1897

Rice, Ann. Interview with the Vampire (Entrevista con el vampiro). 1976

Tolstoi, Alexei. Sem´ya Vurdalaka (La familia de Vurdalak). 1839

King, Stephen. Salem´s Lot (El secreto de Salem´s Lot). 1975

Lumley, Bryan. Necroscope (El que habla con los muertos).1986

Brite, Poppy Z. Lost Souls (El alma del vampiro). 1992

 

Películas:

Nosferatu. Friedrich Wilhelm Murnau. 1922

Drácula. Tod Browning, Karl Freund. 1931

El vampiro. Fernando Méndez. 1957

Drácula. Terence Fisher. 1958.

Fright Night (La hora del espanto). Tom Holland. 1985

Vampire Hunter D. Toyo Ashida. 1958

Lost Boys (Los muchachos perdidos). Joel Schumacher. 1987

Drácula. Francis Ford Coppola. 1992

Interview with the Vampire (Entrevista con el vampiro). Neil Jordan. 1994

Blade (Blade, Cazador de vampiros). Stephen Norrington. 1998

 

 

 

 

 

 

* Abraham M. Vázquez se considera un ciudadano común y corriente. Ingresó hace unos años a la escuela de Técnico en Urgencias Médicas de la Cruz Roja Mexicana, cuya profesión ejerce hasta la fecha. Su primer acercamiento real al mundo de la literatura fue en la secundaria. Es ahí cuando conoce a Rudyard Kipling y su famoso Libro de las tierras vírgenes. Actualmente escribe una historia en un mundo de fantasía: Las crónicas del Tetraverso, historia en la que hasta la fecha sigue trabajando.

 

 

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