Holocausto nuclear: entre la fantasía y el terror

 

por Diego Hernández

 

En los últimos meses se ha barajado la posibilidad de una tercera guerra mundial. El tiempo, por suerte, ha desmentido esa posibilidad. Lo más temido en este escenario era el uso de bombas nucleares. Por desgracia aún existe la amenaza latente de un posible escenario de un holocausto nuclear.

Lo más terrorífico de vivir un desastre así, no sería morir durante la caída de la bomba, si no sobrevivir a ella. Algunos autores ven esto como una oportunidad para el mundo, casi como una especie de renacimiento; ejemplo de esto es Poul Anderson, quien en su libro El Crepúsculo del Mundo propone un mundo devastado por el mundo, pero en el que florece una nueva humanidad.

El Crepúsculo del Mundo, o Chapter End en inglés, es una colección de cuentos editada como antología en 1961.  Nacido como relatos dispersos en distintas revistas, en este libro se relata la supervivencia de los Estados Unidos después de una tercera guerra mundial en donde se utilizaron ojivas nucleares. En este planeta la radiación muta a muchos de los nacidos en este mundo, dotándolos con características extravagantes como una súper resistencia o genialidad. Gracias a estos mutantes la humanidad es capaz de colonizar el sistema solar.

 

 

Con Anderson un holocausto nuclear no se ve tan malo, pareciera incluso algo necesario para que la humanidad evolucione y conquiste las estrellas. ¿Quién no querría que la radiación de las bombas nucleares le diese súper poderes? De la misma forma Dmitry Glukhovsky lo plasma en su novela Metro 2033.

Metro 2033 o Mempo 2033 en su idioma original, el ruso, es uno de los clásicos de la ciencia ficción moderna, y ha sido un éxito, tanto que cuenta con dos secuelas y dos videojuegos. Publicada en el 2007, esta novela nos sitúa en el metro de Moscú en el año 2033 (valga la redundancia) en donde una sociedad sobrevive a un holocausto nuclear. El  protagonista tiene la misión de recorrer este nuevo mundo para poder avisar sobre una  amenaza que se cierne sobre ellos: “Los Oscuros”, quienes son una raza incipiente de mutantes con poderes telepáticos, capaces de existir fuera de la seguridad de las paredes del metro.

 

 

Si bien es cierto que la radiación es capaz de lograr mutaciones en los seres vivos, dudo mucho que sean capaces de lograr mutaciones como las que describe Anderson y menos aún de crear una nueva especie.

Empecemos explicando la forma en que la radiación crea mutaciones. La radiación gamma y los rayos x, son radiación electromagnética como es la luz visible. La radiación electromagnética puede verse como ondas o como corpúsculos, los llamados fotones. Cada fotón posee una cierta energía asociada que tiene que ver con la onda asociada, así, por ejemplo, nos podemos imaginar el fotón de la luz visible como pelotas de playa lanzadas por un niño pequeño y a los rayos gamma como una bala de revolver.

Por otro lado, las mutaciones en los seres vivos tienen su origen en el material genético que existe dentro del núcleo de las células. Existen dos tipos de materiales genéticos, el ADN y el ARN. El ADN, que es más o menos conocido, y es en pocas palabras, la molécula donde se guarda toda la información de cómo será un ser vivo: el color de los ojos, la altura y otras características físicas. El ARN, o más bien los ARN’s, son los encargados de sintetizar el ADN. En este proceso de sintetización del ADN de forma natural existen errores. Estos errores son pocos, pero existen, y es lo que da origen a las mutaciones.

Los errores en la síntesis del ADN se pueden aumentar si las moléculas de ARN son expuestas a una radiación de suficiente energía. Siguiendo con la analogía de la pelota y la bala, imaginemos que los fotones al entrar en el núcleo de la célula se encuentran con el ARN y lo golpean fracturándolo, creando con ello errores en el ADN. Es fácil ver que es complicado que la luz visible, una pelota de playa lanzada por un niño, pueda hacer mutaciones. En tanto los rayos gamma, balas de un revolver, son capaces inclusive de destrozar una célula.

Explicado esto continuemos. La principal radiación que deja una bomba nuclear es gamma. Así estos fotones súper energéticos atacan el material genético creando mutaciones. Una de esas mutaciones, y la más conocida, es el cáncer. Esta mutación provoca que las células del cuerpo se empiecen a duplicar sin control.

Aquí una pequeña leyenda urbana sobre el cáncer: todos sabemos que el fumar es un gran factor para la aparición del cáncer, aunque es curioso que este detalle haya sido “descubierto” en Estados Unidos con el aumento de casos de pacientes con tumores, después del inicio de las pruebas nucleares en ese país. Y lo más curiosos es que, aunque las personas no fumaran, también padecían cáncer y se tuviera que decir que existían los fumadores pasivos. Creo que ya se ve para dónde va esto.

Siguiendo con las mutaciones, las más interesantes son las que se dan en los gametos sexuales, ya que estos darán origen a nuevos seres humanos con un ADN distinto y que podrían dar origen a los seres que relatan Anderson y Glukhovsky. En la vida real ya hemos sido espectadores de estas mutaciones, las que siempre nos perturban de algún modo: niños sin boca, o sin nariz, con tres piernas o sin cerebro.

Aunque todas estas mutaciones descritas son dañinas, no podrías descartar el hecho de que existieran mutaciones beneficiosas. Quizás una mayor capacidad pulmonar, o una mejor visión nocturna, pequeños detalles que ayudarán a su poseedor a adaptarse a un ambiente hostil.

¿Qué se necesitaría para tener estos súper mutantes? Es difícil crear una receta para hacer mutaciones beneficiosas, sobre todo porque las mutaciones son algo estocástico. Así que lo único que se puede hacer para obtener tales seres es que la radiación afecte a una gran cantidad de personas y que estas personas se reproduzcan lo más posible, algo similar a una lotería, si queremos ganar el premio debemos comprar más boletos para tener mayores posibilidades.

Aquí está uno de los principales problemas para encontrar a los protagonistas de las novelas. En caso de un holocausto nuclear los sobrevivientes serán más bien pocos, por un lado, debido a que muchas personas fallecerían con el ataque inicial, y por otro a que otras tantas acabarían muriendo por que la radiación los terminaría afectando de otras maneras.

Y eso es sólo el principio, en la lucha por la supervivencia muchas otras personas morirían en manos de ladrones, saqueadores y oh sí, caníbales. Con eso, la posibilidad para tener mayor número de nacimientos es mínima y se vuelve nula al pensar que los pocos que continúen con vida no estarían pensando en reproducirse, si no en sobrevivir.

En el caso de los “negros” de Metro 203,  otro impedimento tiene que ver con el tiempo. Cualquier ser vivo procede de uno anterior, por lo que una nueva especie como los “negros” debería proceder de una especie anterior, que debido a las mutaciones provocadas por la radiación evolucionaron a una nueva especie. He allí el problema.

 

 

La evolución se da en muchas generaciones; cada generación da origen a una nueva. El tiempo que pasa entre una generación y otra depende del tamaño de los seres vivos. Así las bacterias pueden tener docenas de generaciones en un día mientras que los elefantes necesitarían algunos siglos.

En el caso de los “negros” su tamaño corresponde al de un humano, y quizá su especie de precedencia también. Entre generaciones de humanos transcurren unos quince años, por lo que las generaciones que han pasado desde la caída de la bomba serían una, o a lo más dos, insuficientes para dar origen a una nueva especie.

Hasta aquí este análisis. Es mi deber decir que las afirmaciones que hago, son de mi conocimiento, que es el conocimiento actual que se tiene de la naturaleza; sin embargo, el mundo podría sorprendernos al mostrarnos cosas que nos parecen imposibles.

 

 

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