El ‘ser’ del súper-héroe

 

por Ricardo Jesús García Gómez

Cuando escribo, niego de alguna manera
o lastimo, la identidad o la unicidad
del destinatario.

~Jacques Derrida.

¡Adelante, damas y caballeros! ¡Tomen asiento, descansen las piernas y abran los ojos! Lo que a continuación van a leer es únicamente ejercicio desenfrenado, plan inacabado, suposición sin fundamentación, mejor dicho: locura sin paracaídas. La cosa debe ser así, porque seremos náufragos adentrándonos al abismo.

Debo decir, antes de que la tormenta me alcance, que la tarea aquí propuesta cumple un solo motivo: búsqueda. Sin embargo, estamos condenados al fracaso, puesto que de entrada lastimo, golpeo e insulto todo ejercicio formal del “superhéroe” al atreverme a desnudarlo sin siquiera prestarle una prenda, mejor dicho, sin un espacio para la refutación. No hay refutación, no puede haberla, ya que de entrada el ‘ser’ es un ejercicio incompleto, un concepto ¾en palabras de Heidegger­¾ indefinible. Un concepto profundamente suelto, repleto de nada. Así, la cosa nos da cierta libertad y posibilidad de indagarla, aunque sea en contorno o margen.

Ha venido a mi memoria, igual que la tierna infancia, algunas palabras de Bernardo Fernández, que pintan un pequeño trazo para nuestro propósito. Menciona, mediante una sonrisa, que el “superhéroe” cumple algunos requisitos: una doble personalidad, la capa, los trazos muy definibles del bien y el mal, la máscara, la historia trágica (la mayoría de las veces) y, sin embargo, hay algo más profundo. Esto, que en principio parece irreconocible, es la pauta que debemos seguir para la iluminación, para extraer de lo profundo un pedazo que nos indique que la presencia del ‘ser’ anda suelta.

 

 

Veíamos que el “superhéroe” cumple ciertos parámetros, entre los cuales estaba la doble personalidad, pues bien, el ‘ser’ se expresa en la primera, es decir, aquella que se muestra como la verdadera vocación. Debemos entender vocación en el sentido de Ortega, como aquello que deja expresar nuestro ser en su más profunda existencia. Como aquello que debimos haber sido, lo más real. El “superhéroe” solamente sabrá su vocación hasta que la línea temporal se difumine, o sea, en la muerte. No antes, no es posible, pues su constante cambio hacia la cotidianidad hace que dude, que se angustie, que viva un momento trágico eterno, donde la pregunta siempre estará a flote. Bien, ¿cuál es esta pregunta? La única: ¿quién soy?

Este ser que se expresa de manera formal y trágica, en una doble vida, hace de esta cuestión su destino. Sabe que su capacidad para mostrar un ‘ser’ superior ante los problemas y dilemas morales que se le presentan día a día es más que necesario, pero al mismo tiempo se siente frágil y ruin, pues debe comportarse, y quiere comportarse, como un ‘ser’ menor. Un ser que necesariamente necesita identificarse con el otro. Este otro cumple una doble función: dar existencia al otro y permitir su paso a través de este mundo. El superhéroe convive en un momento dado con dos ‘otros’, es decir, con el otro de la cotidianidad que da existencia y permite el paso y con el otro ruin, es decir, aquel con quien se enfrenta cuando el ser es superior: el mal. Este otro del mal, cumple la función contraria, desea y anhela aniquilarlo, así como interrumpir su paso por este mundo.

La verdadera vocación del superhéroe, puede tener ciertos rasgos visibles y útiles, que la mayoría de las veces pasan desapercibidos. Este personaje debe sentir un verdadero amor ante la posibilidad de la muerte, aunque no en sentido literal, sino más bien utilitario. Debe saber que, en algún momento, lejano o cercano, con sentido o sin sentido, dejará de ser útil. En ese instante la muerte se hará presente y debe recibirla con los brazos extendidos y con la fortaleza de un guerrero. En ese fallecimiento el ser no dejará de ser útil y mucho menos se desvanecerá, sino que perdurará hasta que logre encontrar un nuevo sentido. El ser del súper-héroe debe trascender toda muerte y tiempo, así como todo tipo de valor, puesto que no pertenece al mundo de la cotidianidad. El superhéroe no vive para ser útil, sino que vive para tener cerca la posibilidad de dejar de ser útil, de no ser necesario, para que los valores vuelvan a florecer y el sentido de una “paz” perpetúa pueda expresarse. Eso desea, eso anhela. El ‘ser’ por otra parte, desea la oscuridad.

 

 

Sí, el ser desea la oscuridad. Entonces, ¿cómo puede convivir el ser en el superhéroe? La respuesta está en su existir. Este personaje movido por algunos valores morales y normas sociales, muy profundos, necesita de una máscara. ¿Por qué? Porque sin ella, el ser regresa a la oscuridad. Así, la máscara no sólo es símbolo de algo ajeno a lo posible, sino que es unión y perseverancia hacia lo verdadero. El antifaz permitirá que el superhéroe pueda seguir existiendo a pesar de la corriente que impulsa el deseo del ser. Esta máscara no es necesariamente algo material (aunque quizá en la mayoría de los superhéroes sea así) sino que puede ser imaginaria, simbólica, posible. Así, lo que Heidegger llama “el ser oscuro” es traspasado, alejado, dejado. Esto, debido a que el ‘ser’ logra encontrar una cierta estabilidad momentánea a través de la máscara.

Entonces, ¿dónde y cómo se expresa el ser del superhéroe? La respuesta no es sencilla, pero algo podemos hacer. El ser debe expresarse, siguiendo algunos lineamientos trazados por Bef, en su mero existir en el tiempo; debe expresarse ante otro cercano, pero también ante otro lejano. Debe ser reflejado por los espejos del pensamiento a través de un yo auténtico. Este yo, no es aquel del psicoanálisis, sino aquel de la existencia. El superhéroe, el ser del superhéroe se expresará cuando logre tener una idea de aquello que debe realizar a pesar de toda dificultad y cuando alcance expresarlo ante otro. Cuando se muestre su yo auténtico, cuando pueda convivir con otro en ambas personalidades y sus emociones, así como sus pensamientos logren coincidir con ese otro, no con las emociones y pensamientos del otro, sino con los propios ante el otro. Como bien dijo Ortega: “Toda vida es, más o menos, una ruina entre cuyos escombros tenemos que descubrir lo que la persona tenía que haber sido”.

 

 

 

García Gómez Ricardo Jesús (Estado de México, México). Estudiante de la carrera de psicología en la FES Zaragoza UNAM. Ha publicado en la revista Letramía, revista digital Revarena Ediciones, revista digital Grezza y ha participado en dos antologías con la Editorial Argentina Equinoxio. Recibió mención honorífica en el concurso de Ciencia Ficción UNAM. Le apasiona la filosofía, el género de horror y la poesía.

Facebook: Ricardo García Gómez. 

 

 

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