Drácula: El príncipe de las tinieblas

 

por Blanca Jazmín Vega Juárez “Fantasma”

 

Bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae.

Drácula, Bram Stoker, 1897.

 

A finales del siglo XIX, para ser más exacta en el año de 1897, un joven novelista, de origen irlandés, cuyo nombre era Abraham “Bram” Stoker dio vida a uno de los personajes inmortales de la literatura: el sanguinario Conde Drácula, el cual, haciendo gala de algunas de las características de las que lo dotó su creador, ha sobrevivido al paso del tiempo y se ha adaptado  a este, convirtiéndose en uno de los favoritos del séptimo arte ( en el libro El cine. Enciclopedia del Séptimo Arte, se mencionan aproximadamente 400 adaptaciones a la gran pantalla).

 

Bram Stoker

 

El joven Stoker pasó varios años sin asistir a la escuela, debido a una enfermedad que lo aquejaba, situación que lo predispuso a pasar la mayor parte del tiempo en compañía de diversos libros, —lo cual nos hace pensar en la infancia de otro de los escritores pilares del género, un hombre proveniente de Providence, Estados Unidos.

Su madre solía contarle historias de la devastación que traían consigo las plagas, así como de fantasmas y aparecidos; por otra parte algunos de sus sirvientes le narraban relatos de piratas, ya que desde pequeño Stoker fue aficionado a lo referente al mar.

La novela surge en una época donde las narraciones históricas estaban en decadencia; si bien la historia de Stoker pertenece al género fantástico, al igual que muchas narraciones de este tipo parte de algún punto de la realidad. Para crear al rey de los vampiros, el autor irlandés se inspiró en un personaje histórico, un príncipe rumano que gobernó Valaquia en el siglo XV, quien era conocido por su justicia y crueldad, lo cual hicieron que Vlad Tepes fuera  mejor conocido como <<el empalador>>. Aunque también se menciona que se inspiró en El vampiro de William Polidori y Carmilla de Sheridan Le Fanu.

 

Vlad Tepes

 

La historia de Stoker está situada en los Alpes de Transilvania, una región aislada que había sufrido toda clase de penurias y así mismo dominada por las supersticiones de sus habitantes; lo que da pie al temor reverencial que sienten los campesinos de la región por su terrible Conde, en cuya sangre corre el favor de sus antepasados, que fueron protegidos de Thor y Odin, que eran divinidades paganas muy arraigadas en los pueblos europeos.

Su riqueza no es lo único que causa pavor, su solo nombre es capaz de atemorizar, pues se suele asociar con hombres lobo, vampiros, el infierno —representado por llamas azules—, y sí, hasta el mismísimo Satanás.

A pesar de su macabro comportamiento, es innegable el carácter erótico que se deja entrever en la novela; esto principalmente en la relación del Conde con las mujeres que aparecen en ella, es decir Lucy Westenra y Mina Harker. El vampiro en sí, es un arquetipo que encierra impulsos eróticos y tanáticos, basta ver la forma en que obtiene la sangre de sus víctimas, a través de una mordedura en el cuello.

Durante mucho tiempo los estudiosos del tema han hallado cierto carácter misógino en la obra, esto debido al papel que se les da a las mujeres de víctimas, y que son, las que al final  de cuentas reciben  el beso ponzoñoso del Conde, lo cual provoca que deban ser destruidas para acabar con el mal. Esta lucha la encarnan los personajes masculinos que intervienen en la novela: Jonathan Karker —nobleza de espíritu—, Jack Seward y Abraham van Helsing —conocimiento—, Quincey P. Morris —valentía— y por último Arthur Holmwood —riqueza—; reuniendo así todos los personajes barones las características de lo que se consideraba un buen caballero victoriano.

 

 

Cabe señalar que también se considera como fuente de inspiración la propia vida de Stoker, y que algunos de sus personajes estaban basados en las personas cercanas a él, el primero de ellos el famoso actor de teatro Henry Irving (Drácula), de quien Stoker era su secretario; Florence Balcombe, su esposa, como Lucy Westenra; Ellen Therry como Mina Harker y Armenius Vámbéry como Abraham Van Helsing; este último  conoció a Stoker durante una cena en honor a Henry Irving, justo cuando el joven secretario estaba pensando en escribir algo, el profesor Armenius le narró el folclor existente en Rumania respecto a los vampiros así como el mito que se creó entorno a la figura de Vlad Tepes.

A pesar de ser reconocida por algunos miembros notables de su época entre ellos Oscar Wilde y Arthur Conan Doyle , la fortuna no estuvo de parte de Stoker; ya que mientras él estuvo con vida no alcanzó a percibir lo que su novela representaba para el género e incluso, se vio privado del tan anhelado deseo de que su señor, el actor Henry Irving, diera vida al Conde Drácula en algunas de sus representaciones teatrales.

Bram Stoker escribió otras historias (The Pimrose path, The squaw, The jewl of seven stars), pero la que le dio notoriedad con el paso de los años fue su inmortal Drácula; que retrata algunas de las características y tabúes de la época victoriana; otro punto a su favor fue que si bien era una historia fantástica, la trama se desarrolla de forma epistolar, respetando igualmente los puntos geográficos en los que transcurre ; lo que ayuda a que incluso con el paso del tiempo, el Conde Drácula siga siendo uno de los personajes favoritos tanto de la literatura como de otros medios de comunicación.

 

Drácula de Bram Stoker

Regresaré de mi propia muerte para vengar la de ella con todo el poder de las tinieblas

 

 

Como mencioné al inicio de este artículo, Drácula es una de las obras con más adaptaciones cinematográficas; pero me enfocaré en la última, la cual fue llevada a cabo en 1992 por Francis Ford Coppola (El padrino).

La pregunta que estaba en el aire, y tras diversas adaptaciones, era: ¿Qué podría ofrecer para que su film fuera diferente a todas las películas hechas con anterioridad? La respuesta se hallaba en que se apegaría lo más posible a la visión del propio Stoker y que, en el proceso para llevar una vez más al cine al famoso conde Drácula, contaría con personas talentosas en sus respectivas áreas.

 

 

Coppola deseaba que la cinta tuviera un carácter simbólico y surrealista en cuanto al concepto visual, por lo que contactó a la artista visual Eiko Ishioka, “Eiko, en Drácula el vestuario será el decorado, y el decorado será la luz”. La película se hizo casi de forma artesanal —pues no se realizaron grandes efectos especiales—, inclinándose por técnicas más clásicas, algunas del cine mudo.

Para esta nueva adaptación, Coppola quiso hacer a un lado el cliché que se fabricó a lo largo de los años respecto a la apariencia del conde Drácula, a quien siempre se representaba de la misma manera: traje negro y capa del mismo color, que utilizaba ininterrumpidamente a lo largo de todo el film; por lo que para crear su propia visión, el director recurrió a diversas fuentes de inspiración, entre ellas ciertas peculiaridades de algunos animales e insectos, el arte bizantino, entre otros. Ejemplo de esto es  el vestido de bodas de Lucy Westenra, basado en un reptil y   la época isabelina; o bien, el traje que utiliza el mismo Drácula en la batalla final a la entrada de su castillo, el cual está inspirado en el famoso cuadro Der Kuss del pintor simbolista Gustav Klimt.

 

“Der Kuss” de Gustave Klimt

 

 

Una particularidad de esta cinta es que se eligió un color para cada uno de los personajes: en el caso del famoso conde, el color que predominó en su vestuario fue el rojo simbolizando la sexualidad del personaje; la capa que suele utilizar en su castillo, representa un mar de sangre.

 

 

Para la tímida Mina, generalmente su vestuario solía incorporar el color verde —conservador, estrecho y cerrado por delante— simbolizando la vida y la naturaleza, siendo el único momento en que utiliza un vestido rojo cuando tiene una cita con el príncipe Vlad III, dando a entender que está próxima a caer en tentación; curiosamente,  también se utilizó el verde para Elisabeta, cuyo vestuario estaba influenciado por la época renacentista.

Como dato curioso, debido a la complejidad del vestuario muchas veces limitó la capacidad de movimiento de los actores, entre ellos Gary Oldman, quien tuvo problemas con la armadura que utilizó al inicio de la película, la cual debía ser espectacular para introducir al personaje principal.

Fuera de estos detalles técnicos, es innegable que gran peso recayó sobre el elenco estelar que dio vida a los personajes creados bajo la pluma de Bram Stoker; Gary Oldman como Drácula, no sólo tuvo que modificar el tono de voz para poder interpretar  al Conde en sus distintas facetas, sino que tuvo que pasar horas para caracterizarse, ya que se buscaba que “la imagen de Drácula debía tener mil caras. Una transformación sin fin”.   Winona Ryder interpretó a la amada del Conde, es decir Mina Harker; Keanu Reeves al joven abogado Jonathan Harker, Sadie Frost como la atractiva Lucy Westenra ; Richard E. Grant (Jack Seward), Cary Elwes (Arthur Holmwood), Billy Campbell (Quincey P. Morris) todos ellos encabezados por el erudito hombre de ciencia Abraham Van Helsing interpretado por Anthony Hopkins.

Bram Stoker’s Dracula,  es un filme que mezcla el terror con algunas escenas eróticas, intentando respetar lo más posible la creación de Stoker, logrando una cinta que suele ser una referencia obligatoria cuando se menciona lo más destacable en cuanto a cine de vampiros se refiere, y no sólo eso, si no que regaló a los seguidores del género un par de frases, que a pesar de no estar incluidas en el libro de 1897, siguen siendo un clásico:

-¿Cree usted en el destino? ¿Qué incluso los poderes del tiempo pueden alterarse para un solo propósito? El hombre más afortunado de esta tierra es aquel que encuentre el verdadero amor.

-He cruzado océanos de tiempo para encontrarte.

 

 

 

 

DATO CURIOSO: El 28 de octubre de 1993, en la temporada 5 de los Simpson, en sus famosos especiales de noche de brujas Treehouse of horror IV, la familia amarilla protagonizó una parodia llamada Bart Simspon’s Dracula en donde el Sr. Burns aparece caracterizado como el famoso conde interpretado por Gary Oldman, el cual muerde a Bart convirtiéndolo en un no-muerto.

 

 

 

 

 

 

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