Una de vampiros

 

por Darius Escudero

 

El tipo irrumpió violentamente en el despacho a pesar de los intentos del asistente para detenerlo, fue sorpresivo y muy determinado.

—¿Rechazado? ¿Qué significa rechazado?, ¡usted no entiende! esta va a ser una obra maestra, esta historia debe ser contada porque es una historia real, ¡es la historia de mi vida! —dijo el tipo con la camisa de olanes en las mangas manoteando enfurecido.

El hombre detrás del escritorio, impávido, miró a su asistente y le hizo un guiño, indicándole que los dejara solos, con un ademan le indico de forma amable que tomara asiento, mientras cerraba el manuscrito que leía colocando una marca en el punto donde fue interrumpido, se sacó las gafas de fino armazón para limpiarlas y lo miró a los ojos y le dejó claro con todas sus expresiones corporales que realmente lo escuchaba.

—Mire esta novela, debe ser publicada, porque el mundo entero tiene que saber, las penas y las desventuras que acompañan a este atormentado personaje, un romántico empedernido que nunca ha dejado de albergar la esperanza de encontrar la reencarnación de su amada a pesar del paso de los siglos y recorrer decenas de ciudades buscándola sin éxito, mientras es dominado por la incontrolable sed del depredador nocturno cuyos recuerdos lo hacen miserable al despertar cada tarde.

— ¿Es enserio? ¿usted de verdad cree eso? —respondió el tipo detrás del escritorio que portaba un saco beige con parches en los codos, al tiempo que se ponía y acomodaba las gafas.

— Se que es verdad porque esa historia, es mía, es autobiográfica, aunque usted no me crea, ¡yo soy un vampiro! —dijo en un tono mezcla de solemnidad y pesadumbre.

— ¡No me diga! —respondió socarrón el editor—, en lo personal no tengo nada en contra de la literatura de vampiros por sí misma… —quiso continuar, pero el vampiro, lo miro fijamente a los ojos y le susurro, solemne —¡Vas a publicar mi novela!, de ahora en adelante creerás  que los vampiros somos lo máximo.

El editor esbozó una sonrisa, se levantó con tranquilidad y cruzó lentamente la habitación hasta un pequeño frigobar, el vampiro lo miraba expectante, sacó un par de vasos a los que les puso hielos, en uno sirvió Whiskey y al otro un líquido rojo y espeso, trajo de regreso las bebidas hasta el escritorio y se la ofreció —O positivo, espero le agrade— ante la mirada perpleja del vampiro.

—Parece que los editores literarios, profesores, abogados, policías, jueces, y recaudadores de impuestos somos inmunes a ese poder de hipnotismo vampírico, entiendo que debía intentarlo, aunque recurrir a artilugios tan bajos, como usar sus poderes con el editor…nos habla de forma indirecta sobre la calidad de la obra —y sonrió cruelmente al ver la expresión de indignación del vampiro ante la evidente provocación, al parecer también sabia divertirse con su presa antes de clavarle los colmillos.

El editor buscó en una torre de folders de diversos colores el manuscrito, cuando lo halló, comenzó a pasar las hojas con detenimiento, mientras recordaba el sentido de los garabatos con lápiz, carraspeó un poco y finalmente rompió el silencio con un…

—Obviando los engorrosos trabajos de corrección, de puntuación, concordancia gramatical y estilo sintáctico…vamos directo a la trama y los personajes, el eterno asunto de si los vampiros existen o no, aquí no es relevante, en esta editorial hay un minotauro trabajando en la imprenta y un duende en el departamento de contabilidad, son de los más ordinarios y nadie quiere entrevistarlos para  hacer novelas de sus vidas, porque sus vidas son monótonas y aburridas a pesar de ser criaturas fantásticas; lo importante es la relación entre el fondo y la forma de la narración y la creatividad de las técnicas para hacerlo ¿no cree?

>>A pesar de la suficiente cantidad de darketos byronianos y jugadores de rol medio psicópatas a los que les encanta comprarlo todo acerca del tema, no es la potencia comercial, lo que me preocupa, es el cliché mal hecho.

>>El vampiro atormentado solitario recorre una exótica y decadente ciudad alternando el sufrimiento de la soledad con una aparente diversión en la cacería sin mucha claridad filosófica, para desgracia de los lectores de las primeras cien páginas, al peor estilo de Balzac. Si has sobrevivido hasta ahí, aparece esta secta de vampiros donde debes pasar otras cien páginas de un lenguaje que sólo entre vampiros entienden y que el autor nunca se toma la molestia de escribir una mísera nota al pie de página sobre lo que significa, por suerte se puede resumir en luchas por el poder para controlar la ciudad entre sectas de vampiros, sin importar mucho esta, los nombres y las fiestas, todo es lo mismo una y otra vez capítulo tras capítulo.

>>Finalmente llegamos a la reencarnación de la amada no encontrada y el largo y autocomplaciente soliloquio sobre la maldición de la inmortalidad, una promesa de final que nunca concreta y unos puntos suspensivos donde intuimos que el personaje seguirá vagando, pero que sigue sin definir el motivo de su existencia por otros tantos aburridos siglos más.

— Entonces ¿no puedo cambiar su opinión respecto a mi novela autobiográfica?

— Mire amigo entienda que la eternidad literaria se parece al vampirismo, un vampiro no se vuelve interesante en automático, no es un don que cualquiera se merezca sólo por existir, incluso hay historias interesantes que son escritas de maneras poco interesante, todo está en la manera de contarlo.

—Y ¿usted entiende que decirle que eso a un depredador superior en la cadena alimenticia es muy riesgoso?

—Sí, lo menciona usted cuarenta y cuatro veces en el texto, estoy familiarizado con esa amenaza— sonó el “click”, que indicaba la tensión total de una ballesta cargada con una saeta de caoba, justo debajo del escritorio del editor, el vampiro enseñó los colmillos y se abalanzó sobre el hombre.

A pesar del rasguño en el cuello hecho con los colmillos, la integridad del editor era buena, los papeles del escritorio y su ropa, llenos de esa sanguinolenta espesura revuelta con polvo viejo que dejan los vampiros al ser destruidos, esa mezcla de olor entre librería de viejo y rastro de cerdos.

El editor dio un trago grande al Whiskey y buscó un número telefónico en su agenda de escritorio salpicada de sangre, tomó el teléfono. — ¡Rodríguez!, soy yo el editor, podrías pasarte por mi oficina en cuanto puedas, quiero agradecerte por la ballesta que me regalaste y pedirte un favor … ¡no! ¡no! y ¡no! ¡escucha primero! No he reconsiderado nada de tu horrible novela autobiográfica de cazadores de vampiros, sigue siendo una porquería mal escrita, como agradecimiento por la ballesta que me regalaste y un favor personal que te voy a pedir, te doy dos semanas para que me entregues por última vez la versión final de esa espantosa novela tuya de cazadores de vampiros, que prometo leer sin prejuicios, ¡un abrazo!, que tengas una buena noche Rodríguez.

 

 

 

14/10/17

Darius

 

 

 

 

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