Vampiros y Neoliberalismo

 

por Darius Escudero

 

 

Por motivos de seguridad no revelaré mi identidad, pero es necesario aclarar que pertenezco a una estirpe de criaturas oscuras, conocidas por las leyendas de terror como un vampiro, bebo sangre, eso soy, eso he sido. Agradezco a la editorial de este periódico la oportunidad de expresar mi descontento con el derrotero cultural de esta decadente sociedad.

El martes de la semana pasada subí a mi auto en busca de una víctima a quién cenarme como cualquier vampiro decente haría; esta cena pretendía ser seducida por la galantería, elegancia y estilo de nuestra irresistible especie representada por su servidor.

Estoy consciente de que hay vampiros que atacan tanto indigentes como a jóvenes ebrios en una fiesta, todas presas de acuerdo con las posibilidades de cada vampiro según el ancestral código común de la cacería.

Cuando de pronto en una esquina de un crucero conocido veo un letrero naranja que dice: “Mc Plasma”, mi curiosidad no lo resiste y conduzco mi auto hasta la ventanilla de atención, un joven ojeroso y lleno de acné lo atiende las 12 hrs. que dura la noche. Me pregunta con monotonía  — ¿Que  desea?, — pues que tiene —le respondo lacónico. — Tenemos combos de plasma  con el tipo de sangre a su elección, que incluye papas y sangre refresca, por sólo $9.90, o el “Supermaster nosferatu” que incluye 14 dosis de plaquetas O positivo, con ensalada de gusanos de cementerio  y puré de sesos,  por sólo $29.90, también tenemos  nuestra famosa hamburguesa “Mina y Lucy”  que consiste  en una hamburguesa doble de morcilla con queso, papas y sangre fresca por $13.90.

Nunca había sentido un terror de ese calibre, ¿qué sigue? ¿Sangre transgénica, servicio a domicilio? Soy consciente de mis problemas para adaptarme a los nuevos tiempos, me gusta el romance medieval de la tradición, soy un vampiro conservador, el terror debe tener límites claros.

Desde hace tiempo ya me asustaba el hecho de que hubiese castillos del terror en los parques de diversiones; el terror no debe ser una fuente de esparcimiento lo considero una especie de herejía.

Si los humanos pretenden  vengarse de nosotros por los siglos que hemos atormentado la noche  lo entiendo y merecen saber que al menos con un servidor, han conseguido escandalizarme; pero un día, tal vez demasiado tarde, se darán cuenta de lo peligrosas que pueden ser sus sociedades de Marketing, se darán cuenta que están vacíos cuando ya nada les provoque emociones puras que no puedan ser comercializadas, cuando ya nada les conmueva, entonces, ojalá, los más sensibles de ustedes sentirán melancolía por los viejos tiempos y verán lo que yo veo ahora, un vacío sin final al que esta sociedad se precipita a gran velocidad.

¿Qué es el hombre sin sus miedos más antiguos? Nada, absolutamente nada, ustedes están perdiendo el miedo en las garras del comercio, como ya perdieron el amor en las garras de este; en su mundo todo es una mercancía, como la venta de indulgencias papales en la edad media.

Prefiero que me persiga la inquisición por mis crímenes, a las antesalas en la oficina de acciones afirmativas para las minorías, quiero fuego y dolor, no una entrevista con Cristina Pacheco con preguntas  sobre ¿Cómo es la vida de un Vampiro? O los millones de muñecos de peluche del Conde Contar que los niños abrazan con ternura al dormir, con ganancias multimillonarias para empresas como Sesame Street.

El terror, el odio, el miedo, la muerte, como todas las pasiones, no deben ser negocio, deben ser transmitidos generación tras generación en una leyenda, ¿qué va a pasar cuando Disney haga la versión de Drácula para niños?, ese día yo no tendré fuerzas para seguir existiendo. Ese día permaneceré despierto hasta el amanecer y miraré al sol de frente, con dignidad y gallardía, llorando y rezando por la humanidad perdida en las garras del negocio, una humanidad de pasiones sueños y miedos privatizados.

Esa humanidad que daba el sabor a la deliciosa sangre, antes de ésta era de insipidez culinaria, un sabor cada vez más raro; el único sabor por el que valía la pena existir y lentamente agoniza en los colmillos del capital financiero.

 

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*