El ataque de las Sandías Vampiro

 

por Tomás Pacheco Estrada

 

Este relato no es producto de mi imaginación sino una leyenda perdida entre los Balcanes. Esa noche un carruaje se aproximaba a una posada. Un caballero se bajó para comer, los parroquianos reían y charlaban, después de una larga jornada de trabajo. Un anciano de barba luenga se acercó al forastero, se sentó y sin su permiso le contó  sobre las Sandías Vampiro, aquellas frutas sedientas de sangre que atacaban a los humanos para chuparlos. El viejo rió para seguir narrando. Para crear a esos monstruos hematófagos, se cosechan las sandías, las más grandes,  y a partir de la Luna Llena  se dejan a la intemperie por diez noches, para que así surjan esas criaturas abominables. El aristócrata se rió de la ocurrencia, pero el anciano viéndolo fijamente dijo que lo llevaría ante esas sandías chupasangres. Pensando que era una broma decidió acompañarlo; caminaron por un largo rato hasta llegar a alas afueras del pueblo. La luna parecía una rebanada alegre de sandía, se detuvieron en el campo, que estaba encima de una colina, donde había sandías esparcidas por doquier. El viejo empezó a reír como loco, invocándolas, les pidió despertar de su letargo. Las frutas  verdes empezaron a moverse, emitían un sonido: Brrrl.

Ante los ojos atónitos del incrédulo aristócrata, las sandías comenzaron a rodar hacia el pueblo. Era el ataque de las Sandías Vampiro,  su cáscara era sanguinolenta, con moretones. El joven empezó a correr gritando que las sandías habían cobrado vida. Esa noche de media luna sólo se escuchaba el brrrl de las frutas hematófagas. Un campesino salió a ver qué ocurría pero fue atacado por las sandías, una rodó hacia el hombre catapultándose para golpearlo en la cabeza, el sujeto cayó al suelo y las sandías clavaron sus colmillos en la víctima, para dejarlo sin una gota de sangre. El joven sacó sus pistolas y comenzó a dispararles, las balas hacían pedazos a las Sandías Vampiro, cargó de nuevo sus armas de fuego para exterminar a las criaturas chupasangres.

Los aldeanos armados con azadones, palas y trinches salieron de sus casas para combatir a las frutas hematófagas. Al acabarse sus balas el muchacho tomó un hacha y con una furia inaudita partió en dos a las Sandías Vampiro. Una niña lloraba, había salido en busca de su papá, una fruta rodaba hacia ella cuando otra se aventó para atacarla, pero un hachazo la recibió para despedazarla. Era el aristócrata que había salvado a la pequeña, la tomó con un brazo, cargándola, la depositó en la puerta de su casa para seguir destruyendo a las criaturas hematófagas.

Amaneció y nuestro héroe estaba de pie, apoyándose con la hacha en su mano, usándola como bastón. Su cuerpo estaba empapado de jugo de sandia y con trozos de las frutas. Furioso buscó al viejo, al causante de haberlas creado, al regresar al campo sólo vio un esqueleto que usaba la ropa del anciano, junto con un libro. El caballero lo levantó para hojearlo, dentro tenia dibujos de diferentes tipos de vampiros, como lémures, lamias, etc. Lo pensó un rato, renunciaría a ser el sucesor del trono del Imperio Austro-Húngaro para convertirse en Van Persie, el Cazador de Vampiros.

 

 

 

Soy Tomás Pacheco Estrada ciudad: Córdoba, Veracruz país de origen: México

Escritor y cineasta. Intereses: escribo en Revista Minatura, en revista Marabunta  los temas de ciencia ficción, terror y fantasía, ver películas de ciencia ficción, terror y fantasía y soñar con hacer muchas de ellas. Participé en el concurso de corto de terror de Anabelle.

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