La cacería

 

por Alastor G. V.

 

“Esto no está pasando” me repetía a mí mismo mientras avanzaba en mi viejo Tsuru hacia la carretera al sur de la ciudad. Miré hacia atrás viendo la mochila de gimnasio en la que guardé mis cosas. Un rosario colgaba en mi cuello y traía un botiquín “Aunque si algo me pasa, no hará falta el botiquín” pensé en voz alta mientras avanzaba en la oscuridad.

Todo había empezado una semana antes, en el hospital donde trabajo de camillero teníamos un paciente en la sección de medicina interna. Todos los médicos pasaban de su cuarto y jamás entraban, soló algunas enfermeras llegaban a ir con bolsas de sangre unas dos veces al día, siempre en el turno nocturno. Una vez pregunté la historia del paciente y por qué no lo movíamos a su casa  y nadie entendió de quién hablaba.  Sin embargo, la noche de jueves, no estaban las enfermeras y nadie llevó las bolsas de sangre. La puerta estaba abierta y oí un ruido hacia las escaleras que dan al sótano. Decidí bajar y fue donde lo vi, una figura decrépita se acercaba a mi compañera Frida por la espalda. Primero pensé que era un anciano, pero su destreza lo desmintió, así como sus ojos ¡Dios! Sus ojos, eran de un color amarillento inyectado de sangre, no eran humanos, eran de un depredador, uno que acaba de encontrar a su presa. Me paralicé del miedo y sólo vi cómo la figura la tomó de la mano y ella, como si la acabara de tocar su pareja, lo siguió a un cuarto separado. No pude moverme cuando oí el grito ahogado y vi la sangre correr por el piso.

Estuve en el sótano una hora tratando de procesar lo que acababa de pasar. Salí temprano de la guardia y me fui a mi casa. No pude dormir. Cada vez que cerraba los ojos veía cómo tomaba a mi compañera y mi imaginación llenaba los huecos de las terribles cosas que debieron de haber pasado en ese cuarto mientras me escondía. Al día siguiente me armé de valor y fui durante el día a la habitación y entré, sólo para encontrar a los de limpieza arreglando el cuarto. Pregunté por  el paciente y me contestaron que ese cuarto lo tenían marcado como desocupado, miré alrededor del cuarto y sólo había un viejo diario en el buró, lo tomé y me lo llevé.

Leyendo el diario encontré una mención a una dirección en las montañas. Las hojas tenían anotaciones y recortes de periódicos de varios años, de 1910, 1948 y el más reciente de 1988. Si quería respuesta iba a tener que ir a ese lugar. Decidí investigar en internet y mi mejor referencia fue un blog de una persona que insistía que los seres de la oscuridad rondaban la ciudad, acechando desde las sombras atacando a los débiles y de como si queríamos sobrevivir debíamos ser más listos que estos depredadores. Tenía videos y descripciones de una criatura como la que había visto. Tenía varias cosas que decían poder servir, como la plata (“¿de dónde diablos voy a sacar un cuchillo de plata?”), ajos y decapitar la criatura; decía que eran más débiles justo antes del amanecer y que ese era el momento perfecto para cazarlos. Conseguí un machete con un amigo y  ajos en el mercado. Con todo el material decidí ir al lugar.

Cuando llegué al lugar, vi una cabaña pequeña, de dos cuartos y un sótano a lo mucho. No tuve problemas para entrar, ya que no tenía cerradura. En el interior me llegó un tufo a agua estancada y carne rancia que me provocó arcadas. Me detuve a esperar en un closet donde había ropa que, estoy seguro, pasó de moda a finales de los cincuentas. Después de una hora vi llegar a la criatura. Tenía los labios ensangrentados y colmillos increíblemente grandes. Llegó, se limpió con restos de tela que había por el cuarto y pasó a la habitación donde yo me encontraba. La respiración se me cortaba mientras caminaba y me preparé a lanzarme cuando se volteara.

No sé si fui muy lento, pero no había terminado de salir cuando la criatura me agarró del cuello y me levantó, mientras me miraba fijamente con ojos de depredador. Pude sentir su aliento con un olor ferroso en mi nariz. “No debiste venir ¿sabes? Te dejé correr en el hospital pensando que lo olvidarías”. No podía decir nada, pero sentí sus garras en mi garganta. Traté de levantar el rosario y el machete pero me los quitó de un golpe. “Debería devorarte en este momento, pero eso no sería divertido y, la verdad, es que tengo muchas ganas de divertirme… además hace tiempo no libero a un salvaje en la ciudad” dijo mientras sonreía mostrando sus dientes. Vi su mirada en mí y me sentí totalmente desprotegido. Un momento después, sentí algo frío en mi cuello y perdí el conocimiento.

Desperté en mi cama, era tarde, casi las 7 de la noche. Me sentía ligero y no me dolía nada de lo que me había aquejado  los últimos años. ¿Que había sido lo de la última noche? ¿De verdad salí a cazar una criatura de la noche? No vi la maleta del gimnasio en ningún lado, “Seguramente lo imaginaste… perder a Frida te afectó más de lo que admites”.

Tenía una sed muy grande. Fui a tomar agua, pero no se quitaba, entonces lo oí, un latido proveniente del piso de arriba. Instintivamente salí de mi casa y subí las escaleras, una vez ahí, toqué la puerta de mi vecina Deyanira. No había terminado de abrir cuando me abalancé sobre ella rasgándole el cuello con mi boca a mordidas y lamiendo su sangre y carne.

Lo disfruté, era lo mejor que había probado en mi vida. Debía tener más. Seguí con su esposo, que estaba en el cuarto y entonces fue cuando me vi en el espejo. Vi en mis ojos la misma mirada de depredación de la criatura. Quería llorar, pero no podía; necesitaba más. Esa noche salí y acabé con al menos dos vecinos más antes de poder dormir satisfecho. Horrorizado por mis acciones, pero incapaz   de detenerme, fui a  cada piso de mi edificio, aprendí a hacerlo cada vez más limpiamente y evitando que la gente gritara. Me sentía bien, poderoso, como si nada me  pudiera detener.

Seguí con los otros edificios del condominio, vinieron a investigar en un punto, pero jamás tocaron mi puerta. Después de eso me moví a otra región de la ciudad es sorprendentemente fácil entrar a las casas cuando sonríes y le hablas de forma amable a la gente. Trato de moverme constantemente para no levantar sospechas y busco gente de edad avanzada o drogadictos. Después de todo si me voy a alimentar al menos le haré un favor a la ciudad al eliminar aquellos seres débiles. Jamás volví a ver al ser de la cabaña y nunca le podré agradecer por enseñarme mi lugar en esta ciudad.

 

 

 

 

Alejandro Guzmán Vendrell, nativo de la ciudad de México. Biólogo computacional de carrera y apasionado de la literatura fantástica y juegos de rol. Tiene entre sus intereses la influencia de la ciencia ficción en el surgimiento nuevas tecnologías. Trabaja actualmente en una ambientación de conspiración y fantasía urbana en México llamada “Luz y sombras” del cual “La cacería”, una historia de aquello que nos acecha cuando somos débiles, forma parte.

 

 

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