Microficciones

 

por Karla Barajas

 

Incomparable

Caminó sin miedo por la carretera, escuchando el canto de los grillos, a uno que otro animal escondiéndose entre los árboles a veces por sus pasos. Caminó, no corrió, ni se le aceleró el corazón cuando un camionero le ofreció llevarla a su casa argumentando que no era seguro que una chica caminara sola de madrugada.

No temió subir, ni que el sujeto le sonriera con cierto nerviosísimo y le preguntara por qué tenía sangre en las muñecas, a lo que ella levantaría ligeramente los hombros como seña de no saber la razón. Tampoco sintió horror cuando el hombre se frenó e intentó lamerle el rostro. El horror vino cuando se defendió, mordiéndolo en el cuello, arrancándole un trozo de carne, y succionándole la de sangre que salía de la herida.

El horror vino al sentir un placer incomparable y a sus colmillos decrecer. Buscarse en el espejo retrovisor, no verse, entender por qué su corazón ya no late rápidamente al caminar sola de madrugada.

 

Lecciones de un difunto padre

—Los hombres no son buenos, te parten el corazón —explicó el vampiro a su hija enamorada de un vivo.

 

Acosadores

“…hoy procura que aquella ventana que mira a la calle en tu cuarto se tenga cerrada” y con ajos colgados…

— Si la mujer dice: no, llevarle serenata es acoso, y tiran agua bendita sobre la cara —dijo el vampiro veterano al joven.

 

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