Alado

 

por Blanca Jazmín Vega Juárez “Fantasma”

 

Sus primeros años fueron borrosos, como si de un momento a otro hubiera surgido de la nada. Siempre supo que era diferente, ya que por algún motivo los demás le temían, a excepción del Señor de la región, quien admiraba de forma especial sus premoniciones.
Pero las desdichas y el infortunio lo persiguieron toda su vida, signo de ello fueron las alas que surgieron cuando era joven, señal considerada como maldita, por lo cual tuvo que ser apartado de la vista de las personas.

Nadie preguntó al respecto, pues a pesar de todo seguía siendo el predilecto del Señor; hasta que éste en una noche de cruel insomnio, mientras vagaba por sus terrenos sintiéndose como un extraño a pesar de ser dueño de tan magnífico lugar, descubrió dos cuerpos fundidos en íntimo abrazo, cobijados por la oscuridad y la soledad del recinto, mismo que había visto florecer en secreto su pasión a través de los años.

El Señor, sin decir nada, se retiró a sus aposentos, donde con fría indiferencia escribió el destino de los amantes, un giro por demás cruel: destierro para la criatura maldita, que a pesar de su don no logró anticipar la desdicha que les esperaba, y matrimonio por conveniencia para su primogénita, todo en total sigilo para no levantar sospechas ni rumores que arruinaran sus planes.
Después de días llenos de desesperación por creerse engañada y abandonada por quien juró amarla para siempre, la joven aceptó con tristeza el destino que su padre eligió para ella, pues pensó que después de todo nunca había sido correspondida, además de que el tiempo apremiaba para justificar su condición.

El joven alado, sin un lugar al que ir, sin haber conocido otro hogar más que el sitio del que lo echaron con cruel indiferencia,  despojado del único amor sincero que conoció en su vida,  se mutiló para esconder su verdadera apariencia y así poder permanecer de alguna manera cerca de su amada, pero siendo considerado un monstruo, tuvo que huir de aquellas tierra…Sólo deseaba protegerla y que viviera su vida lo mejor posible, aunque esto rompiera su corazón, pues no ignoraba quien ordenó su destierro, y aunque su alma se desgarró al saberlo, una parte de sí comprendió que el Señor tenía razón, ¿cómo iba a estar la primogénita enamorada de un vil monstruo? ¿cómo iba a condenarla a ser juzgada y temida por estar cerca de él?

Vagó durante incontable días, apareciendo de vez en cuando, oculto entre túnicas,  para saber qué era de su amada, pero la gente al ver su aspecto menesteroso se alejaba sin tan siquiera darle la oportunidad a decir una sola palabra, a él, que a pesar de su condición, fue educado con el mayor cuidado cuando por ser el favorito del Señor.

Cuando  la soledad y el no saber nada de ella  se hizo insoportable decidió regresar, pensando que quizá los años habían obrado en la memoria de su antiguo hogar. Por desgracia el sufrimiento y las vejaciones de las que fue víctima jugaron en su contra, impidiéndole llegar a su destino.

Exhausto y vejado tras su larga travesía para regresar a aquel sitio, se desplomó en medio del bosque;  con un último esfuerzo giró sobre sí mismo para contemplar las estrellas y el cielo nocturno que lo cubrían, resultando para su alma acongojada una especie de bálsamo, aunque insuficiente para curar lo que lo aquejaba.
Por momentos, su cuerpo casi desnudo y lleno de laceraciones escocía con crueldad, consecuencia del frío de la noche y de hombres que tenían más de monstruo de lo que él tuvo jamás.

Con ritmo doloroso su corazón comenzó a palpitar cada vez menos y su visión se nubló en un segundo, dejándolo por completo en la oscuridad. Esforzándose por jalar aire con bocanadas desesperadas para llenar sus cansados pulmones, los recuerdos lo asolaron y, a diferencia de otras ocasiones, se permitió perderse en ellos.

Mientras exhalaba su último aliento, en el reino más próximo, subía al trono el príncipe bastardo, que tras la muerte de su abuelo se vio obligado a convertirse en rey, pues era el único heredero; un príncipe que ante el asombro de todos, cuando la corona fue puesta sobre su cabeza, mostró unas hermosas alas sin vergüenza como presagio de buenaventura para sus futuros días como monarca; pues al igual que su madre, que se encontraba cerca de él con gesto conmovido, el joven también se sentía orgulloso de su verdadero padre, aquel supuesto monstruo que fue obligado a dejarlos y que a pesar de todos sus intentos nunca pudo ser localizado, pues aunque su abuelo confesó su crimen en su lecho de muerte, fue demasiado tarde para enmendar sus errores, productos del miedo y la intolerancia.

Un gesto de asombro se dibujó en los rostros de sus súbditos, quienes a pesar de ver con sus propios ojos las alas que se consideraban monstruosas y características de un ser maldito,  inclinaron las cabezas ante su nuevo rey.

 

 

 

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