El sexo intermedio

 

por Diego Hernández

 

El 22 de enero de este año nos enteramos de la terrible noticia de la muerte de Úrsula Kroeber Le Guin, una de las grandes maestras de la literatura de la ciencia ficción y fantasía. Caracterizada por sus ideas feministas y anarquistas en sus escritos, creó universos complejos, mucho antes que autores como Stephen King o los cinematográficos de Marvel o DC. De uno de esos universos surgió una de sus obras más famosas: La mano izquierda de la oscuridad.

La mano izquierda de la oscuridad (o The left hand of darkness en su idioma original)  es una novela publicada en 1969 en Estados Unidos, ganadora de los premios Nébula y Hugo, La trama gira alrededor del mundo de Gueden y como el agente del Ekumen Genly Ai, intenta anexar a Gueden a la federación galáctica.

 

 

Uno de los puntos más interesantes de la novela es como Le Guin imagina a la población de Gueden, seres humanoides hermafroditas. Es decir que tienen ambos sistemas reproductores y pueden asumir tanto el rol femenino como el masculino según lo amerite la situación.

En la novela se proponen varias hipótesis del origen de esto, explicando a la población de Gueden como una especie de experimento social, o una forma de sobrevivir a la era glacial que azota su mundo. Lo cierto es que Le Guin usa esta novela como un experimento mental para observar una población sin los roles de género tal y como los conocemos.

El hermafroditismo no es algo raro en la naturaleza, existen varios casos de animales como algunas especies de camarones o el famoso pez payaso, que utilizan este medio como una herramienta en su supervivencia. Existen también los hermafroditas humanos, aunque en casos aislados, y ninguno de estos seres humanos es viable para la reproducción, a diferencia del planeta de la novela, en donde los guedianos son todos capaces de reproducirse. Ahora bien, dicho esto surge la duda: ¿si hay animales hermafroditas y capaces de reproducirse, por qué los seres humanos no lo son también?

 

 

La pregunta anterior es algo compleja y tiene más de una respuesta. Una respuesta rápida viene de darse cuenta del gasto energético que representaría para un cuerpo, el tener dos sistemas de reproducción desarrollados. Aunque nosotros no nos demos cuenta, nuestros sistemas reproductores gastan un porcentaje importante de los nutrientes que consumimos, y el tener dos significaría un doble gasto, algo que resultaría inviable.

Otra respuesta viene de pensar en el simple hecho de que nuestros antepasados homínidos, y los ancestros de ellos, tuvieron dos géneros, esto quizá porque resultaba más útil que sólo una parte de la especie se dedicara a la gestación de las crías.

El dimorfismo sexual ha moldeado a todas las sociedades humanas. En cada una de las cuales un género suele tener dominio sobre el otro (por lo común el masculino, pero no en todas las ocasiones). En épocas actuales nos topamos con que el dimorfismo ha provocado una especie de “guerra de géneros” en la que, de forma extraña, un género desvalora al otro.

Uno tendría la esperanza de que sin géneros la cosa cambiaría. En Gueden, sin embargo, también existen este tipo de conflictos. Hay rencillas, alianzas, y grupos que se pelean entre sí, ya que para Le Guin, todos estos problemas no vienen de ser hombre o mujer, si no de ser humano. Le Guin sigue con esto, presentado a seres humanos complejos, que tienen sentimientos comparables a lo que conocemos como amor sin necesidad de identificarse con un género. La idea principal de Le Guin es mostrarnos que nuestra humanidad va más allá de ser mujer u hombre, porque al final eso no importa, sólo importa lograr ser uno comprendiendo lo que es el otro.

 

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*