Hogar

 

por Dan Aragonz

 

La nave continuaba vagando por el espacio a millones de años luz del sistema solar. Fue lo único que logró sobrevivir a la extinción de la vida en el planeta. Un sistema que evolucionó y escapó a las limitaciones de la estructura biológica del ser humano, logró salir victorioso de la carcasa nerviosa que habitó durante milenios. El algoritmo, había dado un salto exponencial para habitar una maravillosa analogía del cerebro humano; los ordenadores. Así lograron perpetuarse y evolucionar dentro de esta carcasa similar. Sólo que esta, carecía de vida. Inmortalizando así su existencia paradójica en un nuevo hogar que soportó el cambio de era. Donde ya no se necesitan humanos para surcar el espacio. Esta compleja red de patrones, autosuficiente, siguió su destino, camino a descubrir que sólo vaga por el cosmos sin propósito. Ya que no existen números que den resultados. Únicamente existe el infinito. El primer algoritmo que escapó de la mente humana, a raíz de la necesidad de sobrevivir al ambiente desconocido en que se encontraba, provocó la evolución máxima. La de vagar sin sentido por la infinita oscuridad, como un cerebro carente de recuerdos de la única raza existente en todos los universos posibles.

 

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