Anotaciones microcinéfilas

 

por Ricardo Bugarín

 

Efecto celuloide

Volvíamos del cine y lo primero que se me ocurrió fue lanzarme sobre su cuello. De verdad no intentaba nada espectacular. Comencé con simples mordiscos que se fueron convirtiendo en violentas dentelladas. Cuando quise darme cuenta ya había llegado a uno de sus pechos y sentía la sangre derramándose sobre mí. Estaba tan ocupado en ese proceso que no advertí que hacía rato no mostraba resistencia a mis apetitos. Ahora esto es un enchastre y no quiero salpicar para todos lados. Es muy engorroso limpiar y dejar todo en orden y, además, está ese olor, ¿qué hacer con ese olor? No sé qué sucederá mañana cuando pasen a buscarme. Si bien esto es una secuencia de primera fila, no podré justificarme aduciendo efecto celuloide.

 

Cine club

Siempre confié en ella. Apruebo su buen gusto y su capacidad de decisiones. Eligió un programa que se avenía con la tesis que había presentado a la universidad y por ello iríamos al cine club del museo por el ciclo de homenaje a Karloff. Reservé butacas y ella pasó la tarde armando confituras, unas verdaderas minucias gastronómicas. Su cocina es como un gran laboratorio de exquisiteces que apabullan hasta a los más exigentes paladares. Me gusta mucho el toque final que suele darle a sus creaciones a base de azúcar tostada. La sala estaba preciosa. En realidad es una sala íntima y, en este caso, alrededor de quince éramos los privilegiados esa noche. Con esa especial modestia que la caracteriza, compartió su obra con los asistentes que aceptaron sus convites. En realidad somos como una comunidad de abonados donde todos nos conocemos. Nos dispusimos al gozo mientras nuestros paladares también alcanzaban la felicidad de los sabores. Cuando despertamos, pues todo nos pareció un sueño, la sala estaba a oscuras y la pantalla apagada. El público que pudimos observar, permanecía en sus lugares y el silencio era abrumador. Intentamos ponernos de pie pero, nada respondía a nuestros impulsos. El benzoato de sodio, el ácido cítrico, el bromato de potasio, el butilhidroxianisol, el galato de propilo, la teobromina y otros condimentos altamente concentrados, parece que habían producido efectos sorprendentes. En nuestras bocas, un sabor dulzón se hamacaba hasta nuestras entrañas. No supimos nada de Karloff y estábamos muertos. Seguramente usted, ya lo leyó en el periódico.

 

 

RICARDO ALBERTO BUGARÍN

(General Alvear, Mendoza, Argentina, 1962)

Escritor, investigador, promotor cultural. Publicó “Bagaje” (poesía, 1981). En microficciones ha publicado:“Bonsai en compota” (Macedonia, Buenos Aires, 2014), “Inés se turba sola” (Macedonia, Buenos Aires, 2015), “Benignas insanias” (Sherezade, Santiago de Chile, 2016) y “Ficcionario” (La Tinta del silencio, México, 2017). Textos de su libro “Bonsai en compota” han sido traducidos al francés y publicados por la Universidad de Poitiers (Francia).

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