El guardián de las almas

 

por Armisa Tesmon

 

— ¡Muy bien chicos! Jefes de grupo, ¿No falta Nadie?

—Estamos completos — respondieron mis compañeros Jefes de grupo. Estábamos a punto de salir en una de esas maravillosas excursiones que siempre realiza nuestro profesor favorito.

—De acuerdo, entonces ¡Vámonos!

El camino siempre es la parte más divertida de las excursiones, y es que, entre dobles sentidos y albures, los compañeros te arrancan una sonrisa, por más discreta que esta pueda ser, ya que siendo la más seria de todos mis compañeros, el reír es algo que muy pocas veces hago. Sin embargo, está vez iba a ser diferente. Me había levantado con un buen presentimiento de este día, y rara vez me equivoco en esas cosas. Como si tuviera un sexto sentido para ese tipo de sucesos.

—De acuerdo, recuerden que tienen que estar en el Teatro de la Ciudad a las 6:30, la función empieza a las 7 en punto, y tengo que entregarles sus boletos.

Ese fue el aviso final del profesor antes de dejarnos vagar a nuestro antojo por la ciudad, y es que muy pocas veces se tiene el privilegio de venir solos desde el pueblo a la metrópoli.

—¡Vamos a la Zona Friki! — escuché a uno de mis compañeros.

—¡Sí! —dijeron algunos.

—¡Vamos! — afirmaron otros.

Y así empezó y acabó mi deseo de vagar sin rumbo viendo curiosidades sin ningún sentido, aunque debo decir que también me gustaba un poco la idea de ir.

—Muy bien, en marcha —.Y así todos nos dirigimos a la Zona Friki. No quedaba muy lejos, pero era necesario seguir a los que conocían su ubicación. Desgraciadamente, yo no conocía muy bien, y mis compañeros caminaban tan rápido que me era difícil seguir sus pasos. Todo era un ir y venir de gente, en una vorágine descomunal de rostros y pies entre manchas de colores, que finalmente me confundí y terminé perdida.

Entrar en pánico no era una opción, a pesar de que había puesto atención al camino, no estaba muy segura si continuar o regresar, ya que no estaba muy lejos de nuestro punto de partida. Vaya dilema, sin embargo, algo en mi interior me dijo que siguiera adelante, sólo un poquito más para ver a donde podía llegar. Ahora que me había perdido, podía disfrutar sin culpa de ir viendo los aparadores de los negocios…. Mi pie avanzó antes que mi mente diera el visto aprobatorio, porque, ¿de qué sirve ser joven si no se es aventurero?

Caminé 3 cuadras derecho, doblé en la avenida a la que había llegado y caminé 4 cuadras hacia la izquierda. Realmente no sabía a dónde iba o qué estaba buscando, pero no importaba. Me detuve en el semáforo y esperé para cruzar… y entonces sentí un escalofrío recorriendo mi espalda, una sensación normal para mí, y que me avisa que alguien tiene su atención en mí. Me volteé y lo vi. Un hombre ya de edad avanzada, de vestimenta humilde, con una bolsa de caramelos en la mano izquierda y unas monedas en la mano derecha, estaba mirándome fijamente.

Me recordó a uno de los habitantes del pueblo, es más tenía la sensación de que lo había visto en el pueblo, o en algún otro lado… la verdad mi memoria no sabía de dónde, pero lo conocía, de alguna manera. Entre la duda y la curiosidad, ganó esta última, y, finalmente, pensé que comprándole un caramelo, le ayudaría un poco, ya que tenía la sensación de que él estaba tan perdido o más que yo, en medio de tanta gente que iba y venía.

—Ya tenía dudas de que aparecieras, tengo un rato esperándote. Me alegra saber que, a pesar de todo, sigues teniendo un espíritu aventurero —.Pronunció causándome cierto recelo.

—Disculpe, ¿Ya nos habíamos visto? —. Pregunté con desconfianza. ¿Cómo sabía de había dudado?

—Aun sigues siendo precavida, mi pequeña Alma, eso es lo que te ha traído hasta este momento, en este lugar, en este preciso instante. Me alegra. Sin embargo, aún hay algo de debe de recordar. No tenemos tiempo que perder, él pronto llegará, tal como lo habían prometido en la otra existencia…

— ¿Pero de que está hablando? ¿Cómo es que sabe mi nombre? ¿Pero qué rayos…? — Exclamé casi en un grito, ya que el viejo había tirado el dinero y me había sujetado con fuerza ante de que yo pudiera salir corriendo. Sin embargo, de toda la gente alrededor, nadie parecía haberse dado cuenta de nada.

— Espera. Esta es la última tarea que me queda antes de poder ascender de nuevo. Realmente ha sido un buen conjuro de olvido el que he hecho; es una lástima, aún recuerdo cuando bajé al inframundo para poder traerlos de nuevo y que pudieran tomar una nueva existencia…. El aire no quería dejarlos ir.  Las circunstancias fueron muy crueles con ustedes, mis pequeños, sin embargo, el Dios Celeste Supremo, conmovido por su amor mutuo, se compadeció, y después de que ofrecieran en sacrificio tiempo de su vida, los volvería a reunir, el día de hoy, en la hora acordada.

Puso su mano en mi frente, y fue como si la niebla se hubiese disipado. Pude ver con claridad todo lo que el hombre había dicho: nuestras almas en el inframundo, anhelándose una a la otra sin que pudiesen estar juntas. La guerra entre tribus nos había separado y había acabado con nuestras vidas, sin embargo, no había podido diezmar nuestro amor. Nuestra promesa de volver a estar juntos, en el mismo tiempo, en el mismo lugar, y el tributo que pagamos para sellar nuestro re-encuentro.  Todo regresó en un instante, de golpe, sin aviso, tan vívido como si no hubiese pasado el tiempo. Ahora me daba cuenta que todos los chicos me habían rechazado por una razón, yo ya tenía un amor correspondido, no podía ir contra ese designio.

Cuando regresé en mí, las lágrimas resbalaban por mi rostro, tanto amor y dolor al mismo tiempo era insufrible y aun así era esperanzador…

—Aquí viene…

La voz del anciano me sacó de mis ensoñaciones. Torné mi cabeza hacía donde éste había dirigido la mirada.

No lo podía creer, era mi compañero, Marín… ¿También se encontraba perdido? Era extraño, el no trataba mucho con las personas, y aun intercambiábamos saludos, siempre rehuía de mí, como sí… como si el supiese algo que yo todo este tiempo había ignorado…

Cada vez se encontraba más cerca, y mi corazón latía desmesuradamente. No podía ser cierto, ¿O sí? <<El amor no mira con los ojos, sino con el espíritu>> dijo el anciano en voz baja, adivinando lo que estaba pensando.

— ¿También estás pérdida? — Un viento sopló con fuerza… como si una potencia muy poderosa hubiese colisionado… Lo miré a los ojos, y el sostuvo mi mirada… fue como si nos hubiéramos visto por primera vez, y aun así la nostalgia de la vida se reflejara en nuestros rostros… Sin duda, él recordaba todo, desde hace tiempo, tal vez desde que nos vimos por primera vez en la escuela…

—Ya no más…— respondí. Nos fundimos en un abrazo perpetuo.

—Un placer volver a verlos juntos, joven matrimonio—.  Y el guardián desapareció.

 

 

Armisa Tesmon; San Juan del Río, Querétaro, México,Entusiasta Estudiante de Música. Firma.  Un típica excursión de universidad  hacia la ciudad para ver un recital de Música Clásica, se convierte en el punto de quiebre para una chica que toda su vida ha sido rechazada por todos los chicos con los que ha intentado salir. No todo es lo que parece, y el amor es la única fuerza creadora que sobrepasa el tiempo y las circunstancias sobreviviendo por siempre.

 

 

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