El día que Mary se cayó

 

por Laura Bejarano

 

Beso a mi novia en la frente y le sonrío. —Buenos días, princesa, ¿Cómo amaneció la mujer más hermosa del universo?  Ella tarda un poco en despertar, pero al hacerlo, me devuelve la sonrisa.

Voy a la cocina y le traigo su desayuno favorito: hotcakes y café negro. Regreso a la habitación y comemos juntos en la cama. Me cuenta que lleva varios días sin poder descansar bien, que tal vez debería dormir más temprano.  Antes de levantarnos, nos besamos apasionadamente: no importa la hora, Mary siempre ha sido muy fogosa.

La ayudo a levantarse de la cama y la desvisto para meterla a la ducha. —Princesa, te has vuelto muy delgada. ¡Mira cómo se te notan las costillas! No has estado comiendo bien, ¿verdad? Me desnudo también y nos bañamos juntos. La beso por la espalda y ella permanece en silencio, sé que lo está disfrutando. Lavo su piel y pelo con cuidado, y ella me mira coqueteándome mientras yo me enjabono. Nos vestimos y Mary me dice que me ama. —Yo también te amo, princesa. Nos besamos, y antes de la hora de la comida, ya hemos hecho el amor tres veces.

Hoy es un día especial para nosotros: cumplimos tres años de novios. Esta noche pienso pedirle que se case conmigo. Subimos al coche, y por más que le insisto, nunca quiere ponerse el cinturón de seguridad, dice que le aprieta y que le lastima el cuello. Hoy será una noche memorable, así que no pelearé por una tontería con ella.

En la radio suena Viva la vida de ColdPlay, nuestra canción favorita. La cantamos a todo pulmón mientras recorremos la ciudad. Entonces, todo se pone oscuro y pierdo la conciencia por unos instantes. Cuando despierto, me siento aturdido y logro ver un montón de luces azules y rojas alrededor. Giro la cabeza hacia el asiento del copiloto y no está Mary. Salgo del auto rápidamente, aun cuando sangro de la cabeza y comienzo a buscar con desesperación a mi chica.

Muchos curiosos se han reunido en torno a la escena, atónitos. Les pregunto si no han visto a la chica que viajaba conmigo, pero no responden. Entonces, noto sus cabellos oscuros asomarse bajo una sábana blanca en el pavimento. — ¡Princesa, estás bien! Intento abrazarla, pero un paramédico me aparta de ella, y logra meterme a una ambulancia. Terminan de suturar mis heridas y cuando vuelvo a buscar a Mary, la están subiendo a un camión dentro de una bolsa negra. Grito sin entender lo que sucede y un médico de los que me habían atendido, me aconseja que vaya a descansar, que mañana me sentiré mejor.

Fotógrafos y periodistas se congregan en el sitio del accidente. Quieren entrevistarme, pero yo me escabullo entre los presentes y regreso a mi casa. No entiendo por qué hay tanto escándalo si sólo fue un choque entre dos autos sin heridos graves.

Al día siguiente, mientras intento encontrar a mi novia, se lee en los titulares de los periódicos: Accidente en la calle 24 deja tres heridos. Uno de los conductores viajaba con el cadáver de una mujer en severo grado de descomposición… ¡Qué tragedia! ¡¿Entonces hubo dos accidentes ayer en la calle 24?!

                                                          

 

 

 

 

Mi nombre es Laura Alejandra Bejarano y nací el 24 de agosto de 1994 en Ciudad Obregón, Sonora, México. Soy ingeniera en diseño industrial, profesora de matemáticas de medio tiempo y coordino los talleres de creación literaria de una editorial local. Me considero aficionada de las novelas de misterio e históricas, apasionada por la escritura de cuentos cortos y trágicos, crónicas y prosa poética.

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