Veneno de bruja

 

por Cynthia Díaz Núñez

 

La bruja Charnot reposa a la sombra de la mano del diablo, árbol marchito de corteza rojiza. Agotada por el largo camino recorrido hasta ahora. Los habitantes de Lignum habían tratado de apedrearla al percatarse de su pronunciado abdomen, pensaban que en su vientre llevaba al anticristo. Por esa razón, Charnot huyó al bosque, donde le empezaron los dolores de parto. Después de horas de sufrimiento, la bruja dio a luz a un varón y le llamó Alaryc.

Los años pasaron; Charnot y su hijo hicieron de aquel árbol su hogar; como Alaryc se había hecho amigo de las bestias salvajes, estas les brindaban protección. En todo ese tiempo, Charnot aprovechó para enseñarle a su hijo el arte de la necromancia.

Alaryc tenía quince años cuando Charnot pereció a causa de una vieja herida en la cabeza que la gente de Lignum había hecho. Después de enterrar a su madre, el chico marchó hacia Lignum rodeado por sus bestias. Quería vengarse.

Por el camino fue recogiendo flores de belladona, acónito, adelfa y otras hierbas irreconocibles de brillantes colores. Las maceró y creó un elixir que vertió sobre sus ropas. El sol ya se había ocultado cuando Alaryc se encontraba en las afueras del poblado. Mediante un hechizo hizo que sus palabras resonaran diez veces más fuerte.

—Soy el hijo de la bruja Charnot, el bastardo del bosque. He venido a vengar la muerte de mi madre ¡ustedes son los responsables!

En cuestión de minutos fue rodeado por una horda. Los campesinos lo sometieron, lo llevaron a la plaza de Lignum y lo ataron a la picota; colocaron ramas a su alrededor y le prendieron fuego.

Los Lignumitas festejaban alrededor de la hoguera, pensaban que al fin habían erradicado el mal en la tierra. Una persona comenzó a toser, después otra y otra… hasta que todos estuvieron tendidos en el suelo, retorciéndose y asfixiándose por el humo. Este no era el típico olor a carne quemada que tan bien conocían.

El lugar quedó en silencio cuando todos murieron. Una copiosa lluvia extinguió las llamas de la pira, revelando el ennegrecido esqueleto de Alaryc. Al quemar al joven nigromante, sin saberlo, transformaron los venenos en vapor; sellando así su propio destino.

Del bosque llegaron las fieras, arrancaron con sus fauces trozos de carne de los cuerpos y reunieron cada pedazo frente a la picota. De la nada se produjo una chispa y un abrazador fuego de chisporroteantes llamas moradas envolvió el cuerpo calcinado. Mientras la carne frente a él se quemaba, su propio cuerpo recuperaba tejidos, órganos y demás. Los grilletes que lo aprisionaban desaparecieron gracias a un encantamiento. Se frotó las magulladas muñecas mientras observaba lo que quedaba de los cuerpos a su alrededor.

Muy a su pesar, pasó el resto de la noche cavando una fosa, donde metió los restos de los Lignumitas y los cubrió con tierra. Maldijo aquella cárcava para que jamás creciera  nada sobre ella.

Al terminar, Alaryc regreso a su hogar en el árbol del diablo con sus bestias como única compañía; pasando el resto de sus días en paz.

 

 

 

Mi nombre es Cinthya Sarahi Díaz Núñez, soy de la ciudad de México, soy escritora.

Correo: marishcka_69@hotmail.com

Facebook: Sallury Sakasagami

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