Cuando seamos más que humanos

 

por Diego Hernández

 

La mayor parte de nosotros en algún momento, hemos soñado con tener poderes extraordinarios, ser súper rápidos, súper fuertes, genios o tener poderes mentales. Los cómics, los libros, las series, y sobre todo las películas nos han hecho preguntarnos qué se sentiría tener algún súper poder.

En la novela “Más que humano” (1953) de Theodore Sturgeon, por ejemplo, se plantea a un grupo de seis personas con poderes extraordinarios, aunque de forma paradójica, algunos con limitaciones severas. Así tenemos a Lone, un telepata idiota y a un bebé con síndrome de Down que resulta ser un genio. El grupo de seres extraordinarios también se compone de Janie, una niña telequinética y un par de gemelas capaces de teletransportarse.

En su novela, Sturgeon va describiendo el encuentro y posterior vida en común de todos estos seres. Lo interesante de esto es que, de forma individual, aún con sus superpoderes, cada uno está incompleto y sólo todos juntos forman un ente completo llamado Homo Gestalt.

 

 

Este nuevo ser, que según el autor sería el sucesor del Homo Sapiens, posee todos los poderes de sus componentes y además otras habilidades, cumpliendo así la máxima de la psicología Gestalt: “el todo es más que la suma de sus partes”.

La propuesta de Sturgeon es muy interesante, y de hecho muy lógica. El hecho es que eso también pasa en la vida real y un ejemplo somos nosotros mismos. Nuestro cuerpo es más que sólo un conjunto de células, tenemos capacidades que por sí solas, las células no podrían tener. Y eso se logró gracias a que algunas de esas células obtuvieron “súper poderes”. Tomemos como ejemplo de esto las neuronas.

La sinapsis entre las células cerebrales es algo que maravilla a los neurólogos, y que ha sido fuente de numerosas investigaciones científicas. Las bacterias, y otros seres vivos unicelulares, no tienen el nivel de complejidad de la comunicación de las neuronas, a pesar de que también son células. Así mismo tampoco otras células del cuerpo.

Este súper poder de las neuronas, sin embargo, tiene la desventaja de que le quita recursos a la célula. Una neurona no busca su alimento como lo haría una bacteria. Las neuronas son células inútiles en ese sentido. Es por eso que necesitan de otras habilidades especiales de otras células, de la misma forma que los individuos que componen el Homo Gestalt se necesitan el uno al otro.

Esta codependencia, hay que decirlo, es más profunda que un simple trabajo en equipo. Las relaciones entre cada parte del todo son complejas, en el cuerpo humano de hecho se desconoce de muchas de estas relaciones y cuál es su dinámica. Del mismo modo, la complejidad del Homo Gestalt va más allá de conocer cada una de sus partes, hay que conocer también las relaciones entre sus partes.

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