De la naturaleza de la muerte

 

por Armisa Tesmon

 

EN MEMORIA DE OSKARUS AMEZKITUM

 

—Hay algo que se debe de entender de la naturaleza de lo que perece, del eco de la vida que resuena en el mundo con una voz aún más fuerte que la voluntad de los vivos. Hay algo que se debe de entender de la naturaleza de lo efímero, de lo etéreo que se encuentra en las células que mueren, y es que es el vehículo que sigue perpetuando la existencia a pesar de todo, contra todo pronóstico nos hace firmar un pacto de vida eterna sin ser siquiera conscientes de ello.

Xime terminó de hablar, tomó del recipiente al pequeño pez del que yo había cuidado desde que comenzó mi entrenamiento y lo dejó caer sobre la tierra húmeda de selva que era nuestro hogar.

—Pero va a ….

—¿Morir?, sí —. Exclamo mientras sujetaba mi mano impidiendo que tomará al pez del suelo y lo devolviera al agua.

—Pero, Xime, es un ser inocente, no le ha hecho daño a nadie, no lo merece. No puedo…

—De igual manera que no has podido conseguir que nada florezca —. Concluyó Xime, de manera tajante, sin hacer caso de las lágrimas que empezaban a anegarme los ojos. Nos quedamos las dos, observando como el pez se asfixiaba, ella indiferente y yo sin poder moverme, ya que, a cada intento, me sujetaba con más fuerza. Era desesperante tener que ver como algo moría, como un ser viviente luchaba hasta su último aliento y yo, ahí, sin poder hacer nada, sintiéndome culpable por no lograr hacer lo que se me había pedido, llorando por la culpa de no ser suficiente… y, sobre todo, porque ahora, igual que para ese pez, ya no había oportunidad alguna para mí.

Mi hermana mayor me soltó unos instantes después que el pez ya no se movía… ella sabía que tenía que tomar este asunto en sus manos, de lo contrario, la aldea misma se encargaría del asunto, y no solamente sería el pez el que hubiese pagado el precio.

—Hay algo que entender en la naturaleza de lo que perece, y es que, a veces, lo que amamos y se marchita, simplemente nos remplaza y paga el precio para que podemos seguir con vida. Alexa, no has podido comprender esta simple verdad, por eso no puedes permanecer en la aldea, eres una amenaza inminente para todos nosotros, porque no piensas igual. Tengo que hacer esto, —dijo con lágrimas en sus ojos—  por tu bien, sabes que, si no tienes el mismo poder que la gente de nuestra aldea, pertenecerás a ella.

Pude ver en el reflejo de sus ojos, su corazón roto, y supe cuánto me amaba para hacer lo que estaba haciéndome. Ella, a pesar de todo, a pesar de que yo era una inútil, quería que siguiera con vida. Me tomó entre sus brazos mientras su tibio llanto caía sobre mi cabello. Y antes de notarlo, tomó su navaja y corto de un tajo mi largo cabello, agarrado en una tranza, el símbolo femenino de poder, estatus y pertenencia de nuestra tribu y lo colocó junto al pez muerto.

—Ik nan de zuu. Ik éter ma te huu. Allon zite deman, iteri nai lietu. Schpera nect sospera ichter.

En un susurro, Xime pronunció el conjuro más esencial de nuestra aldea, aquel que había pasado de generación en generación, y el cual, aunado al poder que ellos poseían, tenía la cualidad mágica de transformar la muerte en nueva vida.Así es, nuestra aldea había sido bendecida con el poder de otorgar vida a partir de la muerte, no en la manera de traer a los muertos de regreso, porque eso es algo que nadie nunca había logrado; sino que este poder, este don creaba vida nueva a partir de la vida que había terminado.

Todas las mujeres, sin excepción tenían este poder, y a los nueve años eran sometidas a la máxima de las pruebas para liberar sus poderes, con un entrenamiento previo que les hacía estar listas para controlarlos con tan sólo 12 años, entrenamiento que yo no pude superar, por lo cual ahora era una desterrada, una niña sin hogar.

Se escucharon pasos entre la maleza de aquella espesa selva; —tienes que huir, rápido corre y no te detengas hasta que salgas de la selva, busca estar lejos de los árboles, en la playa. — Xime me tomó con fuerza y me lanzó hacia adelante, esperando que con ese movimiento adelantara el camino. —¡Huye!

Detrás se escuchaba un rumor cada vez más fuerte. Entre en pánico al ver los ojos de Xime, y sin decir ni una sola palabra, empecé a correr hacia la playa. Lo último que escuche fue el filo de un cuchillo atravesando carne seguido por el brotar de la sangre…lo supe en un instante… las lágrimas que anegaban mis ojos no me dejaban ver con claridad el camino…. Pasos detrás de mí, el miedo, la desolación, todo el mundo que se me venía encima me hacía caer en el suelo arcilloso.

—¿Por qué había nacido sin poderes? ¿Por qué tenía que nacer en un lugar como este, donde todos tienen poder para crear? ¿Por qué tenía que ser yo tan inútil y no desarrollar ningún poder igual que el resto? …si tal sólo hubiera sido como Xime y entender la vida de una manera más simple, siguiendo a los demás… ella seguiría con vida… y yo sería feliz con mi hermana con una vida simple y alegre…

No tenía idea de dónde me encontraba, o cuánto tiempo había corrido; tampoco sabía cuántas veces me había caído. Sóolo sabía que necesitaba parar, que mis ganas de vivir se habían consumido por completo, que ya no quedaba nada para mí, nada que pudiera valer para el futuro, y entonces me detuve, me rendí y me decidí a morir.

No tardaron mucho en rodearme. Ellos serían testigos de mi muerte, pero yo ya no tenía miedo. Estaba dispuesta a rogar para que me mataran lo antes posible, pero antes de que alguien pudiera atacar, se escuchó un murmullo…

— ¿Qué es esto? ¿No se suponía que no tenía el poder que evaluamos tan estrictamente? — pregunto una voz.

— Este no es un poder que pertenezca a nuestra aldea —dijo alguien más—. Este poder es un eco del norte, viene de los fundadores, es algo que se creía perdido —escuche.

No me podía ver a mi misma, sólo sentía el dolor tan inmenso en mi corazón, y me concentré en él, en sentir mi alma desgarrada, en desear con todas mis fuerzas dejar de existir, y sin aviso, me sentí morir, salir de mí y verme desde el exterior… pero ya no era yo, sino que en mi lugar había un árbol de una hermosa madera oscura, con un follaje espeso y hermosos ramilletes de frutos rojos. Era un árbol de Rowan, uno de los mitos de los primeros creadores, el fruto del cual se podía hacer un licor tan exquisito que era considerado sagrado. Uno de ellos se acercó, corto uno de los frutos y lo probó. Al instante cayó fulminado. Parecía que me había convertido en un árbol sagrado…en un fruto necesario…en un fruto envenenado.

 

 

 

 

Armisa Tesmon; San Juan del Río, Querétaro, México, Entusiasta Estudiante de Música. EN MEMORIA DE OSKARUS AMEZKITUM.  Todo el mundo tiene un don, un poder que les hace especiales y les da pertenencia y estatus, pero, ¿y si alguien no tiene ese don que todo mundo idealiza, y si tu don es diferente, y si encontraste en tu propia naturaleza un poder diferente?

 

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