De rayos implacables

 

por Carlos Enrique Saldivar Rosas

 

El rayo implacable

Hubo una vez un rayo que cayó dos veces en el mismo sitio; pero encontró que ya la primera había hecho suficiente daño, pues, sin querer, le devolvió la vida a Frankenstein, el cual sembró el pánico y la desolación durante mucho tiempo.

Es por ello que el rayo decidió caer de nuevo en aquel edificio abandonado, donde ahora reposaba el cuerpo por fin muerto de Jason Vorhees, un despiadado asesino indestructible que había sido destruido en aquel mismo sitio. El plan era revivir a Jason con una descarga para que le diera pelea a Frankenstein. Funciona. Ambos coinciden en una ciudad del sur del mundo y se enfrentan en singular combate destruyéndose mutuamente.

Por tal motivo el rayo que cayó dos veces en el mismo lugar se regocija, porque no sólo ha acabado con dos engendros que ponían en peligro la existencia de la especie humana, sino porque ahora este rayo es ahora el único monstruo que queda en el planeta. Su poder calcinador ha logrado exterminar a todas los engendros que una vez caminaron por la Tierra. Por ende, puede hoy, con toda tranquilidad, fulminar con su potencia letal a los seres inocentes que desee.

Es así que aniquila una y otra vez a hombres, mujeres y niños (y animales de vez en cuando, aunque no le resulta tan divertido ultimarlos).

No pretende terminar con la humanidad, pero sí quiere hacerle sentir a la gente que hay una fuerza temible e impredecible que vigila y destruye cada vez que lo desea.

El miedo se apodera de las personas y le rinden culto a este dios (o demonio) rayo, y a esta entidad cruel le gustaría poder comunicarse con ellos para decirles que es un dios, que alguna vez se llamó Zeus, que esa forma de rayo es lo que queda de Él, que es el último de los dioses, y que en realidad no es un ser tan malvado, pero se aburre y le gusta jugar con los humanos.

 

El rayo maldito

Hubo una vez un rayo que cayó dos veces en el mismo sitio; y encontró que la primera ocasión había hecho mucho daño, pero no el suficiente. Había impactado en un grupo de personas a las cuales destrozó y sus restos quedaron un tanto calcinados; el rayo cayó esa vez en un área que era una suerte de salón de clases ubicado en una terraza cubierta con un techo de vidrio. Ahora el lugar es una especie de laboratorio donde un científico ha unido varias partes de los cuerpos de las víctimas (que fallecieron en el primer impacto del rayo) armando de este modo la corporeidad de un ser monstruoso. Ahora el rayo cae en la misma estancia, quiebra los cristales y desciende al centro mismo del corazón de aquella criatura recostada sobre una mesa repleta de alambres con puntas peladas conectados a su carne. Como si la primera vez no hubiera hecho suficiente daño, el rayo anima a aquel engendro, el cual abre los ojos, gruñe y empieza a ponerse de pie en tanto su creador se arrodilla ante eso y le repite: ¡Vive!

 

El rayo malvado

Hubo una vez un rayo que cayó dos veces en el mismo sitio; y encontró que la primera ocasión había hecho mucho daño, pero no el suficiente. La primera vez asesinó a un niño muy pequeño que había salido de su hogar corriendo, llevaba una cometa en sus diminutas manos, la cual quedó hecha cenizas. Tras varios años de su muerte, los padres del infante siguen llorando. Ahora el rayo tiene una nueva misión: provocar más tragedia. Se da cuenta de que se halla frente al momento preciso, hay dos niñas, gemelas que están jugando con sus muñecas. El rayo cae sobre ella y las mata. ¡Dos pajaritas de un tiro! El rayo se siente confortado. A veces los rayos, en el cielo, apuestan a cuál de ellos causará más daño cuando impactan en la tierra. El rayo ha ganado por segunda ocasión, tal vez se anime a apostar a que caerá en ese mismo lugar por tercera vez y causará más perjuicio, aunque se abstiene. Asesinar dos veces, la segunda peor que la anterior, es cuestión de suerte y habilidad, de estar atento a que haya gente allí, de que las condiciones atmosféricas sean las adecuadas para ejercer su poder. No obstante, se decide: va a apostar a que podrá hacer más daño la tercera vez. En unos días, varios niños se reunirán para ver el lugar donde fallecieron las niñas (así ocurrió días después de la muerte del niño), y el clima ha andado malo estos días.

 

 

Carlos Enrique Saldivar R. (Lima, 1982). Es director de diversas revistas dedicadas a la literatura fantástica y al microrrelato. Publicó los libros Historias de ciencia ficción (2008), Horizontes de fantasía (2010); y el relato El otro engendro (2012). Compiló las selecciones: Nido de cuervos: cuentos peruanos de terror y suspenso (2011), Ciencia Ficción Peruana 2 (2016) y Tenebra: muestra de cuentos peruanos de terror (2017).

 

 

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