El primer viaje

 

por Xavier Castellanos

 

Bitácora temporal.

Llegué veinte minutos antes, no quería ningún fallo en mi primer viaje, llevaba conmigo un bō de un material que asemeja a la madera, pero es mucho más resistente, y mi guante blanco, el cual me permite controlar mejor la habilidad de hacer vibrar la materia al tocarla (se me entregó después del incidente del edificio Ταυ que sigue sin poder ser utilizado razón de más para llevarlo conmigo en este viaje). La capitana llegó puntual, a fin de cuentas, el tiempo lo es todo en este trabajo. Morgana, la capitana, es prácticamente una leyenda viva en nuestra organización, muchos dicen que la historia de la humanidad no sería la misma si ella no hubiera nacido.

Cinco minutos más tarde nos colocamos en la capsula de salto y, luego de un destello y un leve mareo de mi parte, aparecimos en las instalaciones de una fábrica abandonada en Sudamérica. En la fábrica estaba todo lo necesario para la misión, todo dejado por viajeros que estuvieron antes ahí, ropa, agua, mochilas y algunas notas sobre la situación del mundo y de nuestro destino, datos que podrían impactar en el desarrollo de nuestra misión.

La misión era proteger a un grupo de personas hasta que consiguieran poner en funcionamiento una central nuclear que solía abastecer casi la mitad del continente y se había apagado tras un ataque virtual ejecutado a manos de un grupo radical guiado por un lunático sin nombre ni rostro en la historia. Esto afectó a todas las plantas similares a ésta; fue una época oscura, a decir verdad, pero este grupo de personas quería poner a funcionar el mundo de nuevo y nuestro trabajo era hacerlo posible.

La central lucía abandonada, enormes enredaderas cubrían los muros y bloqueaban la entrada. La capitana Morgana sacó una daga de plasma de su bolsa para abrirnos paso. Debíamos darnos prisa, faltaban minutos para su llegada. Reconocimos el terreno, decidimos donde nos estableceríamos para cubrirlos mientras trabajaban y comenzamos a preparar su llegada.

La sala de control estaba sellada, una cerradura magnética con identificación dactilar (la cual obviamente no funciona sin electricidad), la forcé utilizando una vibración enfocada que liberó la cerradura magnética sin activar el identificador, sugerencia de la capitana. El reactor no fue tan sencillo, una brecha de considerable tamaño daba acceso a la sala del reactor, algo había hecho esa abertura y posiblemente siguiera ahí dentro. La capitana me ordenó lanzar un pulso al suelo, si esa cosa estaba dentro tenía que salir y era nuestro trabajo sacarla. Se escuchó un ruido detrás de lo que parecía una turbina, pensé que solamente había derribado algo y que no había nada que temer, la capitana me ordenó repetir la acción, ahora más fuerte. Tras hacerlo, un objeto salió volando hacia nosotros, no pude ver lo que era; cuando reaccioné, Morgana lo había convertido en un montón de pedazos que caían al piso. Había desenvainado su espada y estaba a la expectativa de que apareciera lo que fuera que se escondiera ahí, llamó con un grito a la bestia, ésta salió furiosa. Un ente de grandes dimensiones, iracundo y de color rojo saltó frente a nosotros lanzando un alarido. Corrió hacia donde me encontraba con intención de aplastarme, la capitana precipitó a interceptarlo con la espada empuñada en su mano derecha y la daga en la mano izquierda y, en una demostración de habilidad sinigual, comenzó a hacer retroceder a una bestia que fácilmente le triplicaba el tamaño y la fuerza; fue al ver el duelo de Morgana contra esa bestia que, para mi vergüenza, por primera vez desde que tengo memoria, perdí la noción del tiempo. La bestia intentó escapar, Morgana la detuvo y la ejecutó sin mayor problema.

Después de esa lucha me decidí a preguntar a la capitana cuál es su habilidad, pues todo viajero contaba con una y la de la capitana no estaba registrada en ningún libro que yo hubiera leído, ella me respondió serenamente «yo sé todo lo que va a pasar, Gabriel». No dijo una sola palabra más, me invitó a seguirla a recibir al grupo que esperábamos. Se veían apurados, el que parecía el líder, vociferaba, dos hombres altos de complexión robusta y una mujer caucásica se acercaron a nosotros preguntando dónde estaba el reactor, les señalé el camino. El líder se acercó presentándose y diciendo que se alegraba de vernos, nos comunicó que unos seres “infernales”, los habían estado siguiendo durante todo el trayecto, y de seguro estarían con nosotros en unas pocas horas, la capitana le dijo que estaba al tanto y le mostró dónde encontrar la sala de control. Los tres restantes subieron, uno iba bastante armado, el otro parecía no saber qué hacía ahí.

La capitana y yo cubriríamos a los ingenieros mientras reparaban el reactor, los otros prepararían lo demás en la sala de control. Durante la espera, Morgana se sentó a medio loto para meditar, yo tomé mi bō y comencé a practicar, no sabía si lo usaría, así que decidí al menos moverlo un poco. Cuando la noche comenzó a caer, uno de los ingenieros encendió un generador de diésel (el cual no noté cuando lo trajeron), y con él algunas lámparas que les permitirían seguir trabajando.

Un aullido llegó hasta nosotros, comenzó a escucharse el trote de un grupo de animales, pero desconocía de qué clase. Morgana abrió los ojos y tomó sus armas, me ordenó de prepararme, venía algo grande por nosotros y la última parte de nuestra misión era detenerlo.

Entraron tres al principio, dos hacia nosotros y el tercero desvió rumbo a la sala de control. Derribé al que saltó sobre mí, Morgana acabó con el suyo y el tercero supongo no salió ileso tras algunos disparos. El que quedó vivo reculó rápidamente, y en unos minutos aparecieron más, bastantes más. Durante veinte minutos siguieron apareciendo sin parar, yo los derribaba con mi bō y Morgana los ejecutaba. A nuestra espalda la mujer gritó que el reactor se encontraba listo, me distraje un momento, suficiente para que una de esas cosas me superara y alcanzara a la mujer, le dio un zarpazo en el cuello, la sangre brotó. Uno de los ingenieros apresuró hasta ella sin poder hacer nada, no gritó, no sufrió. «¡Atento!», ordenó Morgana. Unos momentos después las luces de la central comenzaron a encenderse, «lo logramos», pensé. Con la luz los monstruos comenzaron a ceder, habían perdido la ventaja de la noche y con ella la oportunidad de matarnos.

Los otros tres integrantes bajaron de la sala de control para encontrarse con la imagen de la chica muerta, el líder corrió hasta ella y la apretó contra de sí mientras los dos grandulones trataban de tranquilizarlo, noté que el pistolero tragó su sufrimiento en silencio, imagino que le importaba también. Morgana, sin avisar, sacó una pistola de su bolsa y disparó al tercer sujeto, el perdido, abatiéndolo sin miramiento. Todos quedaron atónitos, Morgana se limitó a decir «esas cosas ya no los podrán seguir» y activó el regreso para volver a Utopía.

-Gabriel.

 

 

Jesús Javier Castellanos González. Originario de Morelia, Michoacán, México. Estudiante de último semestre de ingeniería, escritor desde hace algún tiempo, no muy conocido, loco con corazón noble, a veces demasiado noble. Me encantan las historias, leerlas, verlas, oírlas, vivirlas y sobre todo contarlas. Me conocen (las 3 o 4 personas que me leen) como «En un desierto», pero suelo firmar como Xavier Castellanos. Este cuento es la continuación a “Lo que quedó del final”, publicado en esta revista digital. 

https://enundesierto.tumblr.com/

 

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