Namasté

 

por Marc Sabaté

 

Entro sin llamar, sin presentarme siquiera, como mandarían los cánones más básicos de educación. Al fin y al cabo, la locura nunca avisa, aparece sin más. Siempre lo ha hecho y hoy no será diferente. Tomo asiento en un rincón de la sala, mientras el profesor enseña a sus alumnos la armonía del espíritu, el cuerpo y la mente. La Energía Universal, canalizada intencionadamente gracias al Reiki. Técnicas de sanación, relajamiento y bienestar por treinta euros al mes. El Chakra como explicación lógica de lo inmaterial. Chorradas.

Me entretengo observando la fauna que allí aguarda. El maestro enseña sus lecciones con superioridad, tratando a los adultos como niños y a los niños como adultos. Frente a él, y siguiendo sus gestos, un nutrido grupo de funcionarios, administrativos, comerciales y algún que otro jubilado con demasiado tiempo libre. Hombres y mujeres de toda edad vestidos de blanco, el color de la pureza si no fuera por una traicionera mancha de café aquí o el amarillento paso del tiempo allá. Seres luminosos que me abren el apetito. Me divierten.

Me levanto de la silla y ésta cruje por mi peso, a pesar de tener una constitución escuálida. Me enfrento al rostro molesto del profesor cuando ve su clase interrumpida, que se convierte en sorpresa cuando siente mi dedo posarse en su frente, y que termina siendo una mezcla de pánico y terror cuando se da cuenta que no puede hablar, cuando percibe un ruido ensordecedor en su interior, cuando comprende que ha sido víctima de un embrujo que ni siquiera él con toda su fe puede arreglar.

La clase se altera, preocupada por lo que le estoy haciendo a ese pozo de sabiduría. Les digo que se tranquilicen, que todo tiene una explicación. Algunos se acercan, los más estúpidos. A estos les acaricio en el brazo, rozo sus dedos o cae mi mano en sus hombros. Basta que exista el más leve contacto para que se sumerjan en una tortura infinita preñada de silencio. Las voces nacidas de sus labios se apagan, cosidas por una magia horrible. Sólo unos murmullos cargados de miedo procedentes de dos jóvenes muchachos, chico y chica para más señas, ensucian el vacío de la sala. Y a ellos me dirijo.

Ella es guapa, y luce su cuerpo con la coquetería propia de su edad. Él estudia para opositar a escultura musculosa de gimnasio, aunque le falta personalidad. Los dos se apartan, no quieren saber nada de mí, hasta tal punto que se parapetan tras una mesa vacía. El chico, valiente y temerario de la misma forma que imprudente y facilón, se abalanza contra mi rostro. Es un puño frágil, inocente, que poca estopa ha repartido en su corta vida. Me dejo partir el labio, buscando el contacto necesario, e inmediatamente el muchacho se sumerge en un torbellino de gritos, espantos y palabras inconexas que retumban en su interior, y que allí quedan atrapadas. Se pone las manos en las orejas, en un intento banal por silenciar aquella locura. Grita, pero sus palabras no brotan. La expresión de su rostro es un lienzo de locura desbocada. Habla, pero no se le escucha, en un círculo de impotencia que siempre me ha gustado ver. Lo único que consigue es enmudecer para siempre.

Sólo queda ella, la muchacha de los pantalones ajustados y el top provocativo. Tiembla aterrorizada, incapaz de articular palabra. No comprende el silencio que llena la habitación, un silencio nacido de la locura y de la irracionalidad de todas esas personas que se tapan las orejas. Algunos de rodillas, otros tumbados, todos privados de voz, pero no de oído. Tiene miedo a que lo mismo le suceda a ella. Le dedico la mejor de mis sonrisas y mi mano se acerca a ella, lentamente, sin movimientos bruscos. Ni siquiera se atreve a mirarme a los ojos. Pero ya me siento satisfecho. No es necesario mi don para saber que nunca más volverá a hablar. Porque el recuerdo de hoy la perseguirá para siempre, y sólo la muerte podrá liberarla.

Me despido de vosotros, en silencio, buscando nuevos iluminados a los que apagar su luz. Namasté.

 

 

El Marc Sabaté Clos (Barcelona, 1979) que conozco se dedica profesionalmente al mundo empresarial, aunque sus intereses siempre han consistido en escuchar historias, aprender de ellas y retorcerlas a su gusto. El Marc Sabaté que todavía no he visto se oculta en esas historias, y juega a ser descubierto. Puedes seguirme en mi blog: https://marcsabateclosautor.blogspot.com/

 

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