Trasposición cósmica

 

por Ricardo Jesús García Gómez

 

Y sabes de sobra que te amo muchas veces con exceso;
y la razón es que estoy celosa de tu sabiduría.
¡Ah, esa vieja loca: la sabiduría!

~Nietzsche. Así habla Zaratustra

 

Hemos llegado arrastrando los pies y con sudor sobre nuestro rostro, como la madre primeriza que mira apavorada el futuro de su vida en las dulces ventanas de un pequeño sin cabello ni dientes. Esa madre que mira el rostro de su hijo y entiende que las noches bajo las estrellas serán, de ahora en adelante hasta el último instante de su vida, un sueño columpiándose a una gran altura. Llegamos fatigados, pidiendo agua y comida para llenar una barriga vacía, rítmica y temblorosa. Nuestro cuerpo, mutilado hasta el último respiro, se cobija bajo los brazos de la gente, busca los rincones esperando un hogar que le de lo que cualquier otro no puede darle: seguridad. Nuestros ojos acostumbrados ya a la miseria se preparan para recibir la luz del cielo y las galaxias pintadas de estrellas distantes, viejas y jóvenes, sabias y tontas. Es momento de contemplar lo presente, lo existente hasta el momento: un instante de sabiduría.

¿Qué es, entonces, la sabiduría? Un poder extraordinario. Es la trasposición cósmica, es decir, la personificación de un fenómeno aparentemente natural, que por un instante nos ha hecho humanos, en el sentido que le dan los grandes hombres dedicados a la filosofía Humanista. Un sentido capaz de contemplar más allá de su existencia y darse cuenta de que frente a sus ojos, sus sentidos, hay una existencia capaz de asemejarse a la suya sin miedo alguno. Hombre es aquel que al abrir los ojos mira la miseria y se decide por usar el único poder extraordinario que tiene: la sabiduría. Es decir, la acumulación de experiencia, información, técnicas y métodos encaminados a la creación de algo más bello que él mismo, la otredad.

Este poder extraordinario lo posee todo ser humano, más sólo puede ser utilizado por aquellos que traspasan la barrera del conocimiento: entendido como la búsqueda interminable por mejorar la calidad humana a costa de la existencia ajena. Para usar dicho poder extraordinario se necesita conocimiento, con lo cual creamos una paradoja. ¿Cómo salir de ella? Igual que lo han hecho los grandes hombres: a través del análisis y del lenguaje. Nosotros, entes capaces de crear una circunstancia, necesitamos del conocimiento para sobrevivir, una vez adquirido los requisitos fundamentales para una existencia digna, debo velar por las existencias ajenas que se encuentran dentro de mi circunstancia. Ejemplo de ello es la mirada del animal canino.

Un hombre, cualquiera que sea, camina por la calle arrastrando los pies, mirada boca abajo y su sentido de existencia pendiendo de un hilo: ha tenido un problema cualquiera con una persona cualquiera, nada que de manera formal amenace su estado físico o psicológico. Este hombre tras unos minutos a la intemperie se topa con un canino callejero. Este hombre, al cual hemos creado dentro de nuestro mundo mental (si han tenido suerte habrán usado el hipertexto) es un hombre sabio. Dicho ente no mira el cuerpo del canino que se encuentra maltratado por la miseria que hemos creado ayudados por gente sin conciencia, este ente mira

la mirada del canino y se da cuenta que su existencia está rota. La mirada de un perro callejero y la de un perro nutrido de amor y cuidados está muy lejana de ser la misma: la existencia de cada uno es diferente. Nuestro hombre sabio hace uso por un instante de la humanidad que viene a representar y de la cual ha escuchado a la muchedumbre hablar. Toma la fascinante decisión de pensar en una fracción de segundo: ¿qué siente? ¿cuánto tiempo lleva sin comer? ¿dónde va a dormir esta noche? ¿cuánto tiempo de vida ha sufrido de esta manera? ¿qué experiencias tendrá entre sus recuerdos? ¿tendrá pesadillas en las noches?

No nos engañemos, dejemos de lado el debate de si el perro piensa o no, si tiene pesadillas o no, dichas investigaciones ya se han hecho. Pensemos lo siguiente: ¿a dónde nos llevará este poder extraordinario que se presenta sólo por un instante? ¿le bastó a nuestro hombre sabio? La historia de qué hizo con el perro la formularán ustedes. La cosa está hecha: pensó, reflexiono y se cuestionó. La sabiduría es precisamente la capacidad de hacer esas tres cosas mencionadas en cuestión de segundos. ¿La mejor decisión? Ya dependerá de nuestra moral y nuestro sistema filosófico.

Es preciso hacer uso del poder extraordinario que poseemos, con ello seremos capaces de darle sentido a nuestra existencia, rozar lo utópico y seguir creciendo. Como diría Nietzsche: ¡Ah, esa loca: la sabiduría!

 

 

García Gómez Ricardo Jesús. Estado de México, México (1996). Estudiante de la carrera de psicología en la FES Zaragoza, UNAM. Ha publicado en la revista Letramía, revista digital Revarena Ediciones, revista digital Grezza, revista digital Fantastique y ha participado en dos antologías con la Editorial Argentina Equinoxio. Recibió mención honorífica en el concurso de cuento de Ciencia Ficción UNAM. Publicó un artículo con la revista Reflexiones Marginales de la Facultad de Filosofía, UNAM. 

 Facebook: https://www.facebook.com/profile.php?id=100005324530318

 

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*