El hombre lobo: análisis de la maldición

 

por Itzia Rangole

 

A lo largo de la Historia de la Humanidad, el ser humano se ha enfrentado a la dicotomía entre el instinto y la razón; este enfrentamiento recibe otros nombres: cuerpo y alma o materia y espíritu, que invariablemente separa al ser humano en dos distintas aristas: la perecedera y la eterna.

Al cuerpo y a la materia se les reprocha su finitud, el hecho de que han de acabarse, envejecer y pudrirse los coloca en el último lugar en la estima del ser humano. Se les suele llamar prisiones o cárceles. Se prefiere en su lugar al alma o el espíritu por su carácter de eternos y duraderos.

Esta batalla milenaria se ve expresada en la lucha constante del ser humano de calificar varios placeres corporales como pecados, los cuales, se aconseja, deben de estar sujetos por cada hombre en su conciencia, para no caer en la tentación. Se busca reprimir la importancia de la carne. Por otro lado, se alienta la búsqueda, se admira y se premia la trascendencia que se vincula con el alma.

 

 

En cada persona esta batalla se vive cuando trata de reprimir su instinto ante su razón creyendo que eso es lo que debe de hacer. Pues el ser humano, a pesar de ser un animal y tener las apetencias naturales de su condición, busca, mediante el conocimiento, demostrar que es mejor que los otros animales que pueblan el mundo. Nadie vive solo, todos los seres cuentan con compañía; que en ocasiones la comprensión y comunicación de la vida de otro ser vivo, no sea entendida por los humanos, no significa que no exista.

Esta pretensión de superioridad provoca  que la relación del ser humano con los animales sea compleja. En las clasificaciones que el humano hace sobre los habitantes de la Tierra se coloca a sí mismo por encima de los otros. Aún en pleno siglo XXI se prefiere ignorar el hecho de que, de haber una explosión nuclear en masa que desencadene la progresiva e irremediable muerte de toda la población humana, las cucarachas sobrevivirían. Nos decantamos por ignorar nuestra parte animal al mismo tiempo en que admiramos a los demás animales como seres extraños y exóticos. A la intemperie de la naturaleza cualquiera se sentiría profundamente intimidado ante el rugido de un animal. La naturaleza de los animales nos cautiva a la par que nos horroriza.

Pareciera que el ser humano es un animal que lucha por dejar de serlo. Mediante la razón, la inventiva y el conocimiento buscamos decir de nosotros mismos que somos seres especiales. Comemos, defecamos, fornicamos y cazamos como cualquier animal, pero pretendemos darle cierta distinción a nuestros actos. Inventamos la gastronomía, los baños y los ritos sociales buscando legitimar, dotar de sentido, a apetencias naturales. Asesinamos pero decimos, sin fundamentos y con irrefutables ejemplos en contra, que somos el único animal que mata por placer.

El humano ha negado a tal extremo su condición natural que su visión está impedida a ver a su propio cuerpo como un cuerpo de animal. Pero, por más que se intente no se puede dejar de ser lo que irremediablemente se es. Todo animal tiene un distintivo que los hace reconocerse como tal: pelajes, dientes o escamas, por citar algunos. El ser humano es el único animal que al no aceptar que su piel, que su propio reflejo, es el cuerpo de un animal, busca desesperada e inconscientemente ponerse un disfraz para terminar de sentirse satisfecho. El hombre necesita disfrazarse de un animal para sentirse completo consigo mismo, para poder liberar al animal que él mismo es.

 

 

A lo largo del tiempo, los seres humanos han imaginado distintas metamorfosis entre nosotros y los otros animales. Mujeres con cabellos hechos de serpientes, minotauros, centauros, hombres reptiles, hombres bestias, hombres lobo.

Para el filósofo nihilista Friedrich Nietzsche el ser humano es dios y diablo, oveja y gusano, caos y séptimo día. Somos animales con un sistema propio de raciocinio, nada más. La naturaleza animal inalienable del hombre al ser subyugada por el mismo, intenta encontrar un canal de escape. Cedemos a apetencias, instintos y gustos bestiales mediante el refugio de un disfraz.

Lobo: animal magnifico de dos metros de longitud, espalda ancha, piernas torneadas capaces de alcanzar una velocidad de 65 km/h, garras capaces de destripar a su presa de un zarpazo, dentadura trituradora, dotados de visión nocturna y un agudo sentido del olfato, un pelaje abundante combinado con unos cautivantes ojos amarillos.

Lobo: animal libre que vaga por cielo abierto, ser que aúlla a la luna durante las noches. Animal agresivo, cazador, defensivo, territorial, imponente y suspicaz.

La mente humana es un enredado de posibilidades que a veces pueden perturbarse. Durante los siglos que llevamos habitando el mundo han existido y existen muchas personas que no han podido aliviar ni sobrellevar la represión de la bestia que habita en nosotros. Seres que han sucumbido tanto a su hambre animal, a sus apetencias naturales, que han caminado por los senderos más tenebrosos de la psique, que para explicar su personalidad han justificado sus acciones culpando a la maldición de convertirse en hombres lobo.

 

 

Los mitos son narraciones fantásticas que sostienen la identidad de una comunidad determinada. Buscan explicar el origen de la humanidad y el orden social establecido y los perecederos. Los mitos son fundamentos de la moralidad del grupo. Funcionan como una cosmovisión de la realidad. En la historia de la humanidad han existido personas cuya hambre de sangre, violencia y locura los hicieron parecer hombres lobo.

El ser humano no es razón e instinto, como dos cosas separadas con límites marcadamente claros, no, el ser humano es razón e instinto mezclados, unidos, fundidos el uno con el otro sin poder asegurar dónde termina uno y empieza el otro. Cediendo radicalmente ante la naturaleza primitiva e impredecible del hombre, este se transfigura en una bestia.

Hombre lobo: personaje fantástico. Hombre que cambia de forma a la luz de la luna llena. En la mayoría de las culturas se considera que la transformación antinatural de hombre a criatura se celebra sin el consentimiento ni la conciencia del alma del hombre que muta de piel. Se especula que el espíritu de la razón queda anulado ante el espíritu salvaje y barbárico de un animal que devora presas humanas.

La antropofagia, gusto por la carne humana, nombre específico que recibe el canibalismo entre los humanos, es una práctica arraigada desde hace siglos. Se sospecha que se llevaba a cabo en la antigua Grecia, cuna de Occidente y se ha confirmado entre los antiguos indígenas de Mesoamérica: mayas, tlaxcaltecas, huastecos, chichimecas y mexicas. Coincidencia, en estas civilizaciones existe también la creencia del nahual.

Nahual: Persona capaz que cambiar su aspecto a voluntad al de un animal, tecolote, jaguar, águila o coyote.

La transfiguración de humano a animal es un recurrente en todas las culturas. Vestirse como animales, sentirse como animales, es el deseo reprimido de las personas de aceptarse por lo que son: animales.

 

 

La mitología del hombre lobo indica que son seres malditos, ligados al demonio, que durante las noches de luna llena atacan. Si la víctima es asesinada en el acto, servirá como comida para su cazador y para otros animales carroñeros. De lo contrario, si la víctima sobrevive al ataque de su agresor, comienza a experimentar la licantropia. Una vez que la persona es mordida, está maldita de por vida, se convierte en una criatura lunática.

Lunático es todo aquel sujeto cuya conducta se ve seriamente afectada por las fases de la luna. Como el astro es capaz de manipular las corrientes marítimas, el ser humano desde la antigüedad ha decidido añadirle un nuevo poder: la demencia. El lado oscuro de la luna representa, entonces, el lado oscuro de la mente que decide abandonar la cordura y adentrarse a la anormalidad. El aullido del hombre lobo es el aullido desesperado del animal que intenta encontrarse a sí mismo: el ser humano.

La mutación del hombre lobo es dolorosa y lenta, prolongando la agonía del sujeto que experimenta, sus extremidades se alargan, su esqueleto se acomoda para asemejarse al de un animal digitígrado, sus poros se expanden para ceder espacio a pelo mucho más grueso y abundante. El hombre lobo sufre al convertirse en lobo y sufre también al regresar a ser humano: es una vida condenada.

Cuando cambia de pelaje, cuando el hombre lobo vuelve a ser hombre, una vez que la luna se ha ocultado, a la mañana siguiente es consciente de sus crímenes. Sabe que es él el culpable, su razón no ha participado, pero han sido sus manos quienes trituraron los huesos de un cadáver. Y de no haber cometido un homicidio contra un humano, basta imaginar que durante toda la noche ha vagado por el bosque oliendo, probando, viviendo una vida que no le pertenece y que, sin embargo, junto a él comparte el mismo cuerpo, para que el hombre —ahora también lobo— enloquezca.

 

 

Rómulo y Remo, los fundadores de la civilización romana, fueron criados por una loba que los amamantó. Lobas era el término para designar a las prostitutas. La palabra puta deriva del vocablo griego “buzda” que significa “sabiduría”. Una puta, una mujer entregada a los instintos y placeres de la carne, es la madre de los fundadores de un imperio. La humanidad ha estado tan recia a cobijar sus instintos animales sin culpa, que ha preferido hablar en alegorías: una loba amamantó a Rómulo y Remo. Un animal en un acto milagroso, digno del designio de los dioses, les brindó la vida a quienes habrían de construir un poderoso reino. Se prefiere mitigar el instinto animal del ser humano y en lugar alabar las características humanas que se pueden encontrar en un animal. La realidad es que fue una prostituta la que amamantó a Rómulo y Remo, la madre de los fundadores de un imperio fue una meretriz.

Mujer loba: personaje fantástico. Mujer que cambia de forma a la luz de la luna llena. No existe cura, no hay remedio alguno para revertir la transformación.

El ser humano tiene la necesidad de ser un hombre lobo. De convertirse en un ente increíble, poseedor de fuerza inverosímil, de carácter sobrenatural, naturaleza irreal y existencia no comprobable, que le brinde consuelo a su hambre de espíritu animal. Pero por más inmortalidad y relevancia que el ser humano desee, es perfectamente consciente de su finitud, el hecho de que ha de morir no se le puede olvidar. Por eso por más que sueñe con ser un personaje fantástico, un hombre lobo, pone limitantes a su ambición: basta una bala de plata para acabar con el monstruo.

Por más que el hombre quiera evadirse por completo de la realidad, desatenderse en su totalidad de cualquier ocupación o responsabilidad, no tener ningún tipo de ataduras, esto no es posible. El ser humano es un animal, sí, pero uno racional a una escala evolutiva que le ha permitido la manipulación de los medios naturales que posee y la creación de nuevos medios que son por completo obra suya, surgidos a partir de su libre albedrío, habilidad e imaginación.

Así que por aunque la persona se esfuerce en ser únicamente un animal, se empecine en convertirse en hombre lobo, en un momento ha de recordar que tiene una conciencia humana. Cuando la luz de luna se apaga, las garras se retraen, la bestia deja paso al hombre.

El hombre lobo no puede ser por siempre un hombre lobo, su propia supervivencia dependo de ello. Bajo la lógica de ficción del personaje, el hombre lobo es peligroso precisamente porque podría ser cualquiera de nosotros. Bajo la luz del sol la criatura podría tener la apariencia de cualquier persona, es sólo bajo la luz de la luna llena que su otra esencia se libera.

Para descubrir quién es un hombre lobo debes de estar junto a él durante la noche de su transformación. Pero no tienes oportunidad de relevar la información descubierta a nadie, puesto que si en una noche de luna llena llegases a presenciar la transmutación de un hombre a lobo, y no eres tú el que cambia, entonces lo más posible es que te queden minutos de vida. Puedes correr, puedes intentarlo, pero tu suerte ya ha sido decidida: mueres de forma no natural o te conviertes en un ser no natural.

El hombre lobo sobrevive porque dicha transformación dura relativamente poco, suele darse cada 29.5 días al año, durante las horas que la noche dure en el hemisferio donde se encuentre. Sólo hasta que la luna deje de brillar.

El ser humano puede obtener cierto equilibrio personal al conjugar y satisfacer cada una de sus necesidades naturales, mentales, emocionales, materiales y espirituales que su esencia de humano le exige. Dichas necesidades naturales están ligadas a su esencia animal. El ser humano es un animal que ha encontrado en la personificación del hombre lobo —mito que perdura a través de los siglos— un desfogue de su propia condición de bestia. Es su maldición.

 

Filmografía:

 

-del Toro, Benicio (productor) y Johnson, Joe (director). (2010). The Wolfman [cinta cinematográfica]. EU.:Universal Studios, Relativity Media y Stuber Pictures.

-Folsey Jr, G (productor) y Landis, John (director). (1981). An American Werewolf In London [cinta cinematográfica]. Reino Unido, EU. :American Werewolf Inc.

-Johnson, Jerrell. (2016, 12, 15). [Los archivos del Terror Discovery Channel: Los hombres lobo]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=XL4fQkTnrQU&t=2804s

 

 

Itzia Rangole. México (1991). Egresada de la carrera de filosofía y ciencias sociales del ITESO. Directora de revista Miseria, ha colaborado en las revistas Contratiempo MX, Extravía y Clarimonda.

https://larevistamiseria.wordpress.com/

 

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