Albar y el lobo

 

Por Martha Brenda Hernández

 

La observé entre los arbustos con la respiración apenas contenida, parada frente a un río congelado con su cabello blanco, lacio, que caía sobre sus senos desnudos. Su piel nívea que se cristalizaba con el embrujo de la luna naciente, ojos cristalinos de mirada apacible que mostraban un alma sosegada. Sus labios de gardenia que se abrían para probar los frutos rojos de su mano. El paisaje invernal era tan incomprensible, amurallaba su belleza en un marco perfecto para desearla.

La luna brillaba entre las densas nubes invitándome a poseerla, avance a ella resuelto a tomar su exquisita belleza, las nubes se abrieron y la luz de la luna hizo estallar en mí un aullido que sacudió mi cuerpo dejándome desnudo sobre la nieve. Era un hombre por unos breves segundos, un hombre que podría besarla.

 

 

 

Soy Brenda Hernández, de Villa Corona, Jalisco. Actualmente radico en Cocula, Jalisco. México. Homeópata y maestra de bachillerato. He participado en algunas revistas nacionales, internacionales y en algunos libros. Apasionada de las letras, encuentro un placer poder escribir. 

M. Brenda Hernández Martínez

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