Teme a la vieja sangre. Visitando la ciudad de Yharnam

 

Por Alejandro Morales Mariaca

 

Un extranjero sin memoria se descubre en una cochambrosa y tétrica clínica de la ciudad de Yharnam, famosa por sus tratamientos con sangre, capaces de curar cualquier enfermedad o dolencia. Sin venir a cuento se le realiza una transfusión sanguínea y con ella se le acredita como un cazador, un oficio realizado por unos pocos elegidos, que consiste en hacer frente a una plaga de violentas bestias que azota la ciudad, cuyo origen los habitantes desconocen.

Sin más que sus manos desnudas y la consigna de encontrar algo llamado «sangre pálida», el extranjero se encamina a la salida de la clínica, donde es interceptado por una criatura de gran tamaño y apariencia lupina, la que, tras una breve y desigual pelea, lo asesina sin demasiado esfuerzo.

Es justo aquí donde comienza su aventura.

 

 

Bloodborne (FromSoftware, 2015), es un videojuego de acción-aventura, ARPG, para más señas, exclusivo de Play Station 4, desarrollado por Hidetaka Miyasaki, creador de Demon Souls y la serie Dark Souls, los cuales son famosos por ser demandantes, poseer una dificultad considerable y severas penalizaciones cuando se falla.

A diferencia de sus venerables antepasados, Bloodborne no tiene una ambientación medieval con tintes fantásticos, decantándose por entornos victorianos con características góticas majestuosamente exageradas, pero fuera de eso no deja de ser un souls y comparte con estos jugabilidad y mecánicas, refinadas hasta casi rozar la perfección, eso sí.

Como mencioné en la introducción de este artículo, la sangre juega un papel Primordial (guiño, guiño) en el juego, tanto es así, que ésta es necesaria para subir de nivel a nuestro personaje, refuerza nuestras armas, es la moneda del juego y, básicamente, en ella se centra todo el argumento.

 

 

Y ya que estamos con lo del argumento, pues… Quienes tengan experiencia con los juegos de Miyasaki, sabrán que su estilo de narración es, por llamarlo de alguna manera, peculiar. De tener argumento, Bloodborne lo tiene, pero éste no se nos narra, sino que tiene que ser construido por nosotros con fragmentos desperdigados por aquí y por allá, de forma arbitraría, desordenada y siempre, siempre escasa.

Tanto es así, que uno puede terminar el juego, no sin sus buenas dosis de frustración y palmas sudadas, sin apenas haberse enterado de la historia. Y aun y cuando se haya podido reunir toda la información disponible, algo endiabladamente complicado de hacer, habrá mucho, pero mucho en verdad, que no termina de quedar claro. Porque Miyasaki es un genio, pero también es bastante troll.

 

 

Durante las primeras horas del juego, daremos bastantes vueltas por las calles de Yharnam, haciendo frente a cuanta bestia se cruce por nuestro camino, varias de ellas con una inquietante forma humana, y ante las que no dejaremos de caer una y otra vez. Eso, junto con la ambientación, lúgubre y opresiva, y el peso de la sangre en el argumento, nos hará creer que nos encontramos dentro de una historia de horror gótico. Al menos hasta que llegamos al interior de cierto edificio, cuya decoración nos dice que el trasfondo de todo ello es mucho más grande, cósmico, diría yo. Es entonces que cobra sentido la frase que le escuchamos decir a uno de los personajes del juego y que es necesario conocer para poder continuar con la aventura:

 

Teme a la vieja sangre.

 

Complejo, frenético y difícil, poseedor de una historia fragmentada pero genial y una banda sonora increíble y épica, Bloodborne es uno de los mejores juegos de esta generación y uno de mis preferidos de toda la historia. Una verdadera lástima que sólo pueda ser disfrutado por los usuarios de una de las tres consolas dominantes. Las pequeñas tragedias de nuestro hobbie.

Al menos siempre nos queda YouTube. Peor es nada.

 

 

 

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