Diluido en el tiempo

 

Por Oswaldo Castro

 

Desde pequeño estuvo preparado para enfrentar el destino de su raza y no fue necesario que sus padres le indicaran el momento exacto. Lo supo desde que dejó la adolescencia, en el instante que el conde Dorú, el rey de las sombras, los asesinó. La fatídica noche Dragos y sus hermanos escaparon de la orgía sangrienta y se refugiaron en los predios del tío Vasile, hermano de su madre.

Los sobrevivientes de la masacre sabían de los cambios que experimentarían. Jamás presenciaron la transformación de sus progenitores ni supieron del dolor aborrecible que sentían. Del mismo modo, los sentimientos abyectos que experimentaban tampoco les fueron revelados. Las enseñanzas en el hogar los habían  entrenado en lo físico y emocional para enfrentar la mutación irremediable. Sus padres aguardaron el llamado de la naturaleza pero fueron incapaces de advertir la perversidad del conde y no pudieron asistir al nacimiento de su nueva prole.

A partir de la noche asesina, los hijos de Voriak y Clarec fueron condenados a vagar sin rumbo fijo, huir de los monstruos que los perseguían y convertirse en criaturas de leyenda y caminantes de la oscuridad.

El pariente materno los adoptó de mala gana, pero más pudo la codicia que el lazo sanguíneo. Dragos puso delante de él la dote heredada y junto a sus hermanos fue extraditado a los confines de la propiedad para cuidar los límites y guerrear contra los invasores. El acuerdo tácito se rompió  imprevistamente, dejándolos  librados a su suerte y de nuevo condenados a la adversidad. El tío los expulsó aduciendo traición y malversación de impuestos. Lo avaricia de Vasile pesó más que la devoción a los sobrinos. En poco tiempo Dragos y sus hermanos habían transformado esas tierras yermas en campos productivos y la legión de campesinos que las trabajaban acataban las órdenes a punta de látigo y muerte.

Procedentes del linaje de los Varcolak, legendario por el oportunismo y astucia, Dragos y sus hermanos desalojan la frontera próspera. En sus planes está regresar, asesinar al tío y recuperar lo que consideran les pertenece como herencia ancestral. Optan por la fuga nocturna, en plena luna llena y transformados en lo que verdaderamente son: potenciales hombres y mujeres lobos.

En la huida ingresan al territorio olvidado del conde y creyéndolo muerto, tal era la leyenda que corría desde hacía lustros, se instalan en las inmediaciones del castillo ruinoso. El villorrio, casi destruido por el tiempo y por décadas el anexo esclavizado del señor de la región, los alberga momentáneamente. En el futuro cercano intentarán  insertarse en  el poblado limítrofe.

La villa de Lupec, fortín medieval que peleó ferozmente contra las huestes de Dorú, es una ciudadela fortificada con murallas y torres de vigilancia, las que en su momento alertaron contra la irrupción del vampiro. En la actualidad es un apacible lugar en el que las coronas de ajos circundan los muros y  adornan las puertas de las viviendas.  Las cruces benditas se desparraman por doquier. Los lugareños siempre llevan una cruz colgada al cuello y en el cinto la pistola con  balas de plata, Aprendieron de la experiencia que costó muchas vidas y persisten en tales hábitos a pesar que los últimos seres del inframundo fueron exterminados. Mantienen guardia armada y la vida discurre sin contratiempos.

Los hermanos no saben que el conde está vivo y que ha aguardado por años este encuentro para saldar la vieja deuda que tiene con el padre de ellos. La tregua que Dorú tomó por mucho tiempo lo envejeció, agotó y, casi al final de su existencia, había dispuesto desaparecer con los rayos solares del amanecer, Habría terminado su milenaria vida en un ataque de frustración e impotencia. Sin embargo el destino le ofrece la segunda oportunidad para renacer en la sangre de esos jóvenes. Una noche, mientras duermen bajo la luna en cuarto creciente, mata a los hermanos menores. Dragos se salva por estar entre las sábanas de la hija de la dueña de la hostería de Lupec. Al descubrir el horrible escenario, su destino se traza en una sola dirección: escapar del conde y mantener distancia prudencial hasta ser lo suficientemente fuerte para enfrentarlo. Dorú es un vampiro anciano que aún conserva las mañas y poderes de su raza. No es el momento de enfrentarlo.

Convence a Lucya y desaparecen del continente.

La simiente licantrópica se va diluyendo con las generaciones y…”

El cansancio del colegio duerme a la niña e impide que su padre termine de contar la historia. Lo ha hecho durante trece años, igual como hicieron sus padres, abuelos, bisabuelos y demás antecesores que se pierden en la incógnita del tiempo. Durante generaciones ha sido la forma en que los descendientes de Dragos Y Lucya transmitieron la historia para salvaguardarlos de los ataques del vampiro. Por centurias no han sabido de él y ese desconocimiento los ha mantenido en vilo esperando su presencia. La incertidumbre de lo imprevisto les ha permitido mantener la vigilancia y pareciera que el conde de las sombras murió en alguna parte.

El hombre arropa a la niña, le besa la frente y en silencio le desea buenas noches. Mañana será un día determinante en el futuro de su hija. La sangre de su primera menstruación permitirá el análisis genético y  determinar definitivamente la ausencia del gen licantrópico. Mientras tanto acomoda la cruz de plata en el cuello de su heredera. Aguardará los resultados del análisis de laboratorio y, si Dios lo quiere, será  una mujercita normal, saludable y libre de acosos indeseados. Habría terminado la maldición que los persiguió y el recuerdo de Dorú sería eso: un recuerdo, nada más y no una amenaza…

 

 

 

Oswaldo Castro Alfaro, Lima, Perú. Médico-Cirujano. Publicaciones On line en Voces polisémicas, Ucronías Perú, Cuenta Artes, Molok, Aeternum, The Wax, El Narratorio, Equinoxio, Nocturnario, Círculo de Lovecraft, Penumbria, Ibidem,  Revista miNatura, Historia pulp, Al borde de la caverna, Revista Poiesis Mii cuento “QUEROVILCAY”  integra  la Antología internacional de ciencia ficción y narrativa fantástica en un contexto neo indigenista a ser publicado por PEN BOLIVIA (2018).

 

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