El Forastero

 

Por Tomás Pacheco Estrada

 

Aquel jinete cabalgaba tranquilo, desmontaba para descansar debajo de un árbol, estaba sereno. Silbaba una melodía rara, una niña corría hacia él, la pequeña con un vestido se acercó al hombre, se detuvo, sonreía,  una esperanza iluminaba el rostro del infante. Hablando.

—Dios escuchó mi plegaria, usted nos salvará.

El hombre acomodó su sombrero, sacó un cigarrillo para prenderlo, diciéndole a Erika.

—Niña, Dios no tiene nada que ver, al contrario conmigo viaja el diablo y tú no lo quieres conocer.

La pequeña insistía en que la acompañara a su casa, ahí le invitaría de comer. Ante esa petición no se negó, tomó de la mano a la niña y juntos llegaron al rancho, un anciano salía al encuentro de los dos, preocupado.

—Erika, ¿cómo te atreves a traer a un desconocido?

La niña sonrió entusiasmada, explicándole a su abuelo Tadeo que el forastero los defendería del terrible peligro que los acechaba. La cría lo veía como un Marshall, un Ranger que cazaba a los malos, los arrestaba enviándolos a prisión. Tadeo le pidió una disculpa, la niña no sabía lo que decía. El forastero exhalando humo, tranquilo y sereno, su gabardina lo hacía verse muy badass. Exclamando que vino porque lo invitaron a comer y exigía ese suculento almuerzo prometido. La niña fue a la cocina, el forastero se sentó y Erika preparaba una exquisita merienda, sirviéndole. El hambre del extraño vaquero lo hizo devorarlo, engullía la exquisita carne. Una voz lo obligó a salir, era el cacique Smith acompañado de una tropa de rufianes, amenazando al anciano a que vendiera las tierras donde vivían, Tadeo suplicaba clemencia por el único patrimonio que tenía y que dejaría en herencia para su nieta. Pero el infeliz acaparador de terrenos y propiedades lo tomó de la solapa y le exigía firmara de una vez por todas. El forastero se acercó y con una valentía que transpiraba por sus poros separó al noble anciano del truhan. Smith molesto sacaba su arma encañonándolo, pero el vaquero misterioso no transmitía miedo alguno. El forastero habló fuerte.

—Váyase de aquí junto con sus hombres o se arrepentirá.

El cacique envalentonado y furibundo lo amenazaba diciéndole que lo mataría pero el recién llegado se acercó tanto que el arma topaba con su pecho. Smith bufaba colérico, lo quería asustar pero descubrió que el hombre que estaba frente a él no le tenía ni el más mínimo temor. Se retiraba amenazándolo otra vez pero el vaquero le dijo que se dejara de bravatas, que esta noche viniera, hoy mismo arreglarían sus asuntos pendientes. Smith molesto le tomó la palabra, cuando anocheciera él regresaría para matarlo sin misericordia como si fuera un vil perro. El vaquero dio media vuelta alejándose de ellos para seguir comiendo. Tadeo asustado, llorando por qué había firmado su sentencia de muerte, le explicó que el señor William Michael Smith no amenazaba en vano, él mataba a los que le estorbaban y se interponían en su camino. Atardecía, el forastero le daba de comer a su caballo, la niña lo veía como un héroe, como un cowboy de los que miraba en la tele, tenía absoluta confianza en su nuevo amigo.  Le preguntaba cuál era su nombre y el sujeto sonrió diciéndole que era Diamond Raleigh. La pequeña le recriminó diciéndole que parecía un hombre que salía en los comerciales de Marlboro. El forastero rio por la ocurrencia de su amiguita y le acarició la cabeza con su mano observando el paisaje a través de la ventana. Anochecía, Raleigh alistaba las pertenencias del viejo y su nieta, el anciano temblaba de miedo y le pidió a Erika que trajera una escopeta que guardaba en un baúl. Mientras la niña cumplía la misión encomendada, Tadeo le contó a Diamond que Smith asesinó a los padres de Erika, dejándola huérfana.  Raleigh escuchaba la forma traicionera y cobarde de como los mataron, emboscándolos mientras iban en su camioneta. La policía fue comprada por el infame magnate y no le hicieron nada a pesar de las sospechas de ser el principal causante por el deseo de querer esas tierras ricas en petróleo. El vaquero de facciones duras los ponía a salvo para después regresar al rancho, respiraba tranquilo, prendió un cigarrillo, acomodándose el sombrero. Smith llegó en la noche traía muchas camionetas con hombres armados, bajó del vehículo gritándole a aquel individuo que lo desafió a que saliera para ajustar cuentas de una vez por todas. Raleigh salía de la casa, caminando lentamente hacía el patíbulo. W. M descubría que no portaba arma alguna para defenderse el forastero, envalentonado y seguro de sí mismo, el magnate lo sentenció a muerte. Le dijo que lo colgaría de un árbol,  señalándole a aquel que se encontraba en una esquina. Avanzando con pasos seguros, Raleigh burlándose le mencionaba que si lo iba a ahorcar al menos le dejara quitarse la ropa que traía puesta, era de buena calidad que sería una pena se ensuciara. El cacique que lo odiaba ordenó a uno de sus secuaces le trajera una cuerda, el compinche corría a traerla mientras Diamond se despojaba de sus ropas quedando en paños menores. Rodearon al forastero, todos lo creían un loco, los trabajadores y secuaces formaron un círculo para evitar se escapara, no tenía ningún arma. El jefe de ellos se divertiría torturándolo antes de asesinarlo. Smith le concedía que cuál sería su última voluntad, Raleigh le pedía poder mirar el cielo. El magnate sonreía asintiendo con la cabeza que le otorgaba ese deseo. Todos alzaron la cabeza, esa noche contemplaron en su máximo esplendor a la luna llena, radiante resplandecía iluminando la escena, el forastero gritó como un demente dando un alarido escalofriante, cayendo de rodillas. Agachándose, sus manos crecían, en sus dedos le salían garras.  Levantaba la cara y de su nariz y boca brotaba un hocico que crecía. Sus orejas se hicieron puntiagudas, le salía pelaje espeso por su piel. Asombrados vieron cómo se transformaba en hombre lobo, todos le apuntaron con sus escopetas acribillándolo pero la bestia lanzó un aullido espeluznante que puso a las personas con piel de gallina. El licántropo se abalanzaba y con sus garras y dientes diezmaba a los malhechores. El hombre lobo atrapó a Smith y con su mano le arrancaba el corazón mientras W. M dibujaba en su rostro un rictus de pavor. Aquel individuo ambicioso, su cuerpo se desplomaba sin vida. Los secuaces huían asustados, sus armas de fuego eran inútiles e inservibles contra aquella fiera salvaje. La máquina de destrucción les mordía arrancándoles piernas y brazos, sus garras se clavaban en sus vientres hundiéndose para sacarles las vísceras,  destripando a los secuaces. Los trabajadores suplicaban los perdonara pero el hombre lobo era oídos sordos a sus ruegos. Un trabajador tratando de huir subió a la camioneta pero el licántropo lo perseguía brincando para caer en la batea, metiéndose en la cabina donde de un mordisco en el cuello asesinó al conductor, la camioneta se estrellaba contra un árbol. Otros dos vehículos intentaron escapar de la zona, uno se escabullía pero la bestia infrahumana corría tras el fugitivo, dando agiles saltos cayó en el cofre para aventarse al parabrisas rompiéndolo, para arrancarle el brazo al chofer de un mordisco, el hombre perdió el control de la camioneta volteándose, girando repetidas veces convirtiéndose en chatarra. El licántropo emergía de los fierros retorcidos para ir con el vehículo que quedaba sin moverse por que se le había apagado el motor. El pasajero se encerró como pudo. Por lo mientras la bestia salvaje cazaba a los hombres que osaron desafiarle. Los rufianes corrían desesperados pero uno por uno cayeron en las fauces del hombre lobo. Amanecía, Diamond con su atuendo de vaquero subía los cadáveres y los miembros humanos a la camioneta. El único sobreviviente estaba aterrado. Raleigh abría la cajuela para arreglar el desperfecto. El empleado puso marcha alejándose del rancho con su macabra carga. La niña y el anciano regresaron al medio día como lo habían prometido. Tadeo se asombró al verlo con vida, pero no preguntó nada. El forastero se alistaba para irse pero la niña le pidió se quedara en el rancho. Diamond lo haría con una condición, cada vez que hubiera luna llena él saldría de viaje un par de días antes callando que sería para enfrentar a la gente mala que explotaba y maltrataba a su prójimo, nunca usó un arma, no sabía de defensa personal. El tiempo transcurrió, la niña se hizo mujer, Erika dormía en el sofá cuando Raleigh entraba en la casa, ella lo recibía con un fuerte abrazo, dándole un cálido beso. Tadeo hacía mucho tiempo que había muerto. El vaquero misterioso usaba su terrible maldición para hacer justicia, el licántropo atacaba a la escoria humana y para ellos no habría piedad alguna por que siendo hombre lobo no razonaba, ni mucho menos pensaba, se convertía en una máquina asesina perfecta.  Había dejado de ser el forastero, ahora ya tenía un hogar a donde regresar.

 

 

 

Tomás Pacheco Estrada de Córdoba, Veracruz México. Escritor y cineasta. Intereses: escribo en Revista Minatura, en revista Marabunta los temas de ciencia ficción, terror y fantasía, tengo cuentos e varias antologías y ganador de los primeros lugares del festival de la caña en cuento y soñar con hacer películas. Participe en el concurso de cortometraje de terror de Anabelle.

 

 

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