El monstruo

 

Por Jazmín Vega “Fantasma”

 

¿Cómo llegué a este punto? Los gritos resuenan todavía en mis oídos; el terror, el miedo, la desesperación con la que lucharon por aferrarse a una vida que ya no les pertenecía, desde el momento en que estuvieron ante mi presencia, palpita con fuerza en mis venas, ocasionándome un dolor como nunca antes había experimentado.

El horror de ignorar en lo que me he convertido me provoca un sudor frío que perla mi carne que escoce tras haberse agrietado para dejar salir a la bestia que dormitaba en lo más profundo de mi ser.

Una náusea sube desde lo más hondo de mis entrañas y sin querer me obliga a detenerme. La arcada es demasiado fuerte y me doblega, a pesar del dolor una parte de mí se obstina en vomitar los restos de carne acompañados del carmesí líquido que yacen en el fondo de mi corrompido ser. El precio para obtenerlo fue caro, demasiado caro.

Sudando más que antes, y sin poder enfocar del todo mi visión, reanudo mi camino. Quisiera gritar, exorcizar el dolor que roe cada partícula de mi ser, pero no me atrevo a hacer movimientos bruscos por temor a hacer más insoportables mis dolencias.

Deambulo sin sentido por las calles bajo el cobijo de la noche, que es la única que no me repele.

Nada tiene sentido, no comprendo hacia dónde voy o si en realidad  estuve a donde supuestamente fui; sus cuerpos destrozados me parecen algo tan lejano e irreal como la sangre reseca que yace en las comisuras de mi hocico; algo más fue lo que los destruyó con sus colmillos, algo que no controlaba y a lo cual miraba desde un punto lejano, como mero espectador, agazapado en un rincón mientras veía horrorizado como todo se teñía de rojo.

Por momentos los gritos regresan, me parecen insoportables, por lo que cubro mis oídos con la fuerza necesaria hasta hacerme daño. Está bien, el dolor me regresa a la realidad, me mantiene en ella.

Las pocas personas con las que me topo se apresuran a  alejarse de mí sin mirar una sola vez atrás, horrorizadas ante lo que ven. Soy repulsivo.

¿Qué fue lo que hice? ¿Quién era antes de convertirme en…esto? Los recuerdos se difuminan entre las sombras. No creo haber sido especialmente bueno o malo, y sin embargo aquí estoy arrastrándome como un vil gusano mientras los ecos hacen cada vez más fuertes sus gritos.

Sigo avanzando y veo fugazmente rostros que me parecen familiares, incluso, durante unos segundos casi logro reconocerlos. Estiro mi garra intentando alcanzarlos mientras el malestar punza con más fuerza, pero al final se escapan por entre mis fuertes y temblorosos dedos.

Es demasiado para mí, ante la sorpresa y el horror de las pocas personas que me rodean, e incluso para mí mismo, brota una carcajada, o lo más semejante a esta,  de mi hocico, pero no hay nada porqué reír, es el absurdo de ignorar lo que soy en realidad. No importa el dolor que me provoca, es necesario.

Sin querer llegó hasta una vitrina de una tienda que quebró hace mucho; el vidrió me revela la verdad y detiene la carcajada en seco.

Gotas de saliva escurren por entre mis colmillos mezclándose con la sangre seca que yace en mi pelaje, cuando desde el trozo de aparador me devuelve la mirada una extraña bestia que no conozco, y que sin embargo, estoy seguro de que soy yo.

 

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