Reina de lobos

 

Por Armisa Tesmon

 

“…te amo más que a la vida…incluso te amo más que a mi propia muerte. Si tú me faltas, ya no encontraría un motivo para seguir viviendo. Los días han sido tan crueles, que aun y cuando estás a mi lado, fuera de ti, me cuesta encontrar algún motivo que me haga seguir adelante. Te he esperado toda mi vida, y ahora, por fin te encontré. Si algún día me faltas, seguramente me cubrirá con su manto la muerte…preferiría morir antes que no tenerte…”

…preferiría morir antes que no tenerte… Estas palabras resonaron en mi cabeza como un eco.

La luz del ocaso me sacó de mi ensimismamiento, o tal vez el aire frío que cortaba mi rostro fue el que me trajo de vuelta al aquí y al ahora. Me encontré a mí misma en medio de una carretera solitaria, en un tramo lleno de árboles propios del bosque. Un lugar extraño para retomar la conciencia, no sabía cuántos kilómetros había caminado… ni siquiera sabía cuánto tiempo había estado caminando; probablemente ahora me encontraba a uno o dos días de la ciudad donde habitaba… probablemente todos estaban preocupados.

De nuevo me invadió un sentimiento de culpa, pero no podía remplazar al otro sentimiento que estaba dentro de mí: el dolor. Un dolor tan inmenso que me dejó en un trance, y lo único que pude hacer fue alejarme, escapar, salir del lugar donde yacía su cuerpo… esa fue la última vez que estaba consciente del lugar en que estaba, del día tan fatídico en el que vivía, de lo que había ocurrido….

Las lágrimas volvieron a brotar de mis ojos, saltando al vacío, implorando por un poco de consuelo. ¿Existe consuelo para todo este dolor? ¿O solamente se puede llegar a aprender a vivir con un hueco tan enorme en el corazón?

Tal vez el Sol escuchó los pensamientos de mi corazón, porque al terminar de preguntar esto, acabó de esconderse tras las montañas, huyendo para no responder, él también me había abandonado en un crepúsculo indiferente, sin decirme adiós… las fuerzas que me quedaban me abandonaron y caí sobre mis rodillas, mirando al cielo, mientras el viento jugaba con mis cabellos y con los girones de la falda negra que llevaba.  Mis pies, que hasta ahora había tomado conciencia de ellos, me dolían, del cansancio y de las ampollas ensangrentadas que por fin descansaban.

Si lo hubiese sabido, me hubiera aferrado con todas las fuerzas de mi alma a tu ser, y jamás te hubiera dejado ir. Qué importaba lo que dijeran, que importaba que a mi familia no le pareciera nuestra relación, qué importaban todas esas lagrimas que me hicieron derramar por creerte poca cosa para mí, qué importaba que me hubieran amenazado con echarme a la calle, que hubiese importado todo eso, si con ello yo podía seguir a tu lado.

Si te hubiera dicho que no, la vez que me propusiste dejarlo todo y olvidar que salimos y que nos queríamos con locura, si hubiera sido más valiente, si hubiera sido más fuerte, si hubiese estado preparada para ir contigo por el mundo contra vientos y mareas, si tan sólo hubiese sido consciente de que yo también te amaba más que a la muerte misma…

Un grito desgarrador salió de mi garganta, tan profundo y lastimero que simplemente tomó la forma de un aullido lleno de dolor, como cuando los lobos aúllan a la Luna. Sentí como mi corazón descargaba un poco de ese dolor que sentía; lo repetí de nuevo. Aullar, esa era la respuesta, por lo menos en este momento. Aullar, como si no hubiese un mañana, porque realmente ya no lo había para mí; aullar como si quisiera invocar tu espíritu, como si pudiera llamarte desde el otro mundo para verte de nuevo. Aullar para que mi vida no se consumiera por el dolor…

Mi voz se quebró, no sabía cuánto tiempo había estado así, solamente sentía el sabor a sangre que provenía de mi garganta, quería seguir, pero la voz no me salía, sólo era un horrible sonido lastimero que me ahogaba acompañado por un sabor a oxido. La Luna ya había salido y estaba un poco más arriba del horizonte. Me tumbé en medio de aquel camino abandonado, sintiendo lastima por mí misma, porque tuve una de esas oportunidades que se dan una sola vez en la vida, y la dejé pasar…. Sólo restaba quedarme ahí y esperar a que la muerte por cansancio llegara.

Sin embargo, lo que llegó fue algo muy distinto; ¿Un aullido? Aguardé en silencio… ¡Sí! Ahí estaba de nuevo, un aullido. ¿Qué había hecho? Acababa de llamar a un lobo salvaje; seguramente vendrá por mí, el olor de mi sangre le hará más fácil el poder ubicarme. Me levanté de mi letargo mortuorio y mi sentido de supervivencia se apoderó de mí. ¡Tengo que huir! Una parte de mi sintió miedo…. ¡Esta es la perfecta oportunidad para terminar con este dolor! Pensó mi corazón. Un conflicto que no me llevaría a ningún lugar.

De nuevo el aullido. ¿Qué debería hacer? Huir o darme por vencida. Tomar una resolución fue más fácil de lo que pensé; intente aullar de nuevo, a pasar de que era un sonido lastimero, era la única manera de llamar a la muerte que acabaría con el sin sentido que ahora tenía mi vida. Escuche de nuevo el aullido, esta vez un poco más cerca. Repetí mi llamado lastimero, y la contestación ahora se encontraba más cerca. Sólo fue cuestión de esperar.

Un sonido cerca: pisadas entre las hojas del suelo a la orilla de la carretera, en medio de los arbustos. Esperaba volver a escuchar el aullido, o tal vez un gruñido, sin embargo, lo que escuché fue muy diferente.

—¿Estas pérdida?

Sí, eso fue lo que escuché, una voz masculina, preguntando si estaba perdida.

—No —. Respondí con un hilo de voz —sólo estoy esperando por mi muerte.

Algo salió de entre los arbustos, y la luz de la luna lo iluminó. Un hermoso lobo de pelaje gris se acercaba directamente hacia mí. Detrás de él se escuchaban más pisadas similares, seguramente su jauría que salía de caza. Por lo menos este día no batallarían tanto, ya que las fuerza que me quedaban ni siquiera hubiesen alcanzado para correr y tratar de huir.

—Entonces creo que no estás en el lugar ni en el momento correcto. Verás —el lobo se trasformó en un hombre alto, delgado y moreno— nosotros escuchamos un llamado de auxilio, un llamado lastimero, pensamos que era uno de nosotros. Un hombre lobo siempre reconoce el llamado de auxilio de otro hombre lobo. Seguramente escuchamos mal… aunque el aroma de tu sangre y tu energía, que casi abandona tu cuerpo nos indica lo contrario. ¿Acaso alguien te atropelló y no has podido regresar a tu forma?

—No. Yo no soy uno de ustedes, yo soy una simple humana que está esperando por una jauría de lobos que acaben con mi vida —repliqué

—Pues aquí no lo encontrarás, simple humana, esta es una misión de rescate, no una salida de cacería. Así que, si no nos necesitas, dejaremos que cumplas con tu deseo de fallecer aquí…

—Pero, Checo, sólo uno de la manada puede llamarnos, no podemos dejarla aquí, aunque su voluntad de vivir le haya abandonado, no podemos abandonar a uno de los nuestros…

—Sabes perfectamente que no es uno de los nuestros. Y aunque quisiera convertirse, seguramente le sería inútil a la manada. No es lo suficientemente fuerte como para ser guardiana…

—Eso es mentira, tiene el corazón de un lobo, puede escucharse ese latir. Tal vez huyó de algo que no soportó, mira sus pies, una persona común no hubiese caminado tanto, esto es por lo menos de dos días de camino sin parar. Sabes que ese mismo corazón nos obliga a proteger a aquellos que están débiles o en situaciones difíciles. Además, dónde está tu compasión.

—No ignoras donde está mi compasión Toli, donde los humanos comenzaron a huir de nosotros, y agredirnos, cuando sólo fuimos asignados a cumplir con nuestra misión: servir de guía, entre lo sagrado y lo mundano. Ya somos tan pocos que casi nos extinguimos. Y no podemos hacer nada al respecto.

—Pero Checo. ¿No lo ves? Ella podría elegir a uno de nosotros, podría ser una buena madre, una sucesora. Conoce del mundo humano y seguramente, nos será de ayuda para mantener un perfil más acorde y pasar sin ser detectados. O si ella lo decide, podría refugiarse con nosotros en el bosque.

—¡No! Yo lo único que deseo es morir. No soy valiente, no tengo un corazón de lobo, si lo tuviera… él seguirá con vida… yo lo abandoné… ¡yo lo maté! —grité con las fuerzas que me quedaban.

El hombre lobo que se llamaba Toli se acercó.

—Si de verdad te hubiese amado, hubiese estado contigo, incluso cuando tú no podías estar ahí para él. Eso no era amor, eso era egoísmo. Esta es una nueva oportunidad, una que requiere mucha fe, pero de la que obtendrás infinita lealtad. La decisión es tuya. Puedes morir aquí, en medio de la nada sin ninguna razón que valga la pena… o puedes empezar de nuevo, y tomar esta segunda oportunidad, y convertirte en una de nosotros; te cuidaremos y te protegeremos, decidas convertirte en madre o en guardiana. ¿Qué dices?

Sentí el peso de las miradas sobre mí. Esto no era lo que esperaba. Es más, a estas alturas ya debería de estar muerta. Pero tenía razón en algo, el amor no era egoísta, ni cobarde. El amor no retrocedía ni aceptaba un no por respuesta.

El amor lucha, encuentra la manera, se apoya… se espera a que florezca. El amor se disfraza de cobarde cuando se trata de muerte y te confiesa que, aunque esta triste, es demasiado temeroso para quitarse la vida. ¡El amor es vida!

Algo en mí se sintió tan aliviado. Como pude, me levanté, me dirigí hacia Checo antes de que las fuerzas me abandonaran por completo, y envuelta en un cálido abrazo, desfallecí por el cansancio. Abrazar la vida, abrazar el amor, abrazar la fuerza y la lealtad, a pesar de todo, nos convierte en algo más fuerte que simples humanos. En mi caso, me convirtió en la Reina de los lobos.

 

 

 

Armisa Tesmon; San Juan del Río, Querétaro, México,Entusiasta Estudiante de Música.Una decisión mal tomada que te lleva a sentir tanto dolor y arrepentimiento, pero que no podía ser de otra manera, porque esa decisión te transformara en algo mucho mas de lo que alguna vez te imaginaste llegar a ser, mas allá de un cadáver en el forense con una etiqueta de “desconocido“. 

 

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