Carnavales

 

Por Eliana Soza Martínez

—¿Valió la pena todo lo que hiciste?

—No, carajo. Todas las noches me sueño con eso.

—¿Qué pasó exactamente?

—Era carnaval. Como todos los años, entre los compañeros, organizamos la “ch’alla” de la mina. Los anteriores meses fueron malos: accidentes, ya no sacábamos mineral. Por eso teníamos que hacer una buena ofrenda al “Tío”. Compramos cerveza, coca, cigarros, alcohol, serpentina, la mejor “q’oa”, todo lo que le gusta al demonio de la mina. Escogimos tres llamas blancas para ofrecerlas y contratamos a los mejores “sikuris” para que toquen.

>>Todo empezó a medio día cuando hicimos el ritual. Primero “ch’allando” con cerveza desde afuera hasta dentro de la mina, porque a la Pachamama también hay que agradecerle, hay que darle ofrenda.

Bailando al son de los sikuris entramos a la mina metiendo la “qóa” y las llamas. Allí tomamos, masticamos coca y fumamos, dejando un tanto sin tocar para entregarlo al “Tío”. Matamos a las llamas, derramamos su sangre por toda la mina y les sacamos sus corazones para entregarlos enterrados al pie de él.

Se acercó mi compadre Javier y me dijo “No vas a tomar, te han elegido para que hagas algo en la noche”. Después de quemar la “q’oa” y los huesos de las llamas, salimos a bailar. Todos tomaron hasta quedar en el suelo. Sebastián y yo estábamos sanos. Me dijo que teníamos que hacer algo.

Me llevó a una casucha que estaba cerca, donde nadie vivía. Le preguntaba qué íbamos a hacer pero no respondía.

Antes de entrar me dijo “estamos haciendo esto por el bien de todos, si no sacamos mineral nos van a despedir y nuestras familias van a morir de hambre. Todos estamos de acuerdo. El “Tío” ha pedido y hay que darle. Depende de nosotros. Así que carajo, cuidado te estés acobardando.” No sabía de qué estaba hablando. Cuando abrimos la puerta entendí todo. En medio del cuarto, un niño como de ocho años estaba dormido. Al acercarme olí la cerveza que le habían dado. En sus bolsillos había dulces y dinero. Estaba envuelto en serpentinas.

Era la ofrenda.

Al principio no quise ¿cómo mierda iba a hacer algo así con un niño que podía ser mi hijo?

Lo llevamos dormido hasta los pies del “Tío” y empezamos a cavar.

—¿No pensaron en su familia?

—Era un chiquito huérfano y vivía de la compasión de todos, dormía donde podía, sufría mucho.

—¿Sacaron más mineral?

—Sí, como magia todo mejoró en la mina. Pero empezaron mis pesadillas con la cara del niño. Puta, ya no podía ni ver los ojos de mis hijos. Empecé a tomar todos los días. De borracho hablaba mucho. Los de la cooperativa me amenazaron, diciendo que mis hijos podían ser los siguientes.

—¿Se atreverían?

—No quiero averiguarlo.

—¿Qué piensas hacer?

—Lo que debí haber hecho en el momento que vi a ese niño en la casucha.

Al día siguiente leí en el periódico  “Minero se suicida en interior de mina, como ofrenda al “Tío”.

 

 

(1979) Potosí, Bolivia. En 2017 participa en la “Antología Iberoamericana de Microcuento”. En 2018 “Armario de letras”, Editorial Caza de Versos, México y “Sombras en la Obscuridad” REED Potosí. Su primer libro de cuentos “Seres sin Sombra” (junio). Antología de cuentos de terror “Macabro Festín” (julio). Participa del Encuentro Internacional de Microficción de la Feria del Libro en Santa Cruz y en La Paz.  Cuentos publicados en revistas literarias de España, México, Argentina, Chile y Colombia.

 

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