La humanidad va y viene, pero los rituales permanecen

 

Por Diego Hernández

 

Hay que aceptarlo: todos tenemos nuestros pequeños rituales. Y en muchas ocasiones estos rituales suelen ser adoptados de algún lado, en la gran mayoría de las veces de nuestra familia. Suelen ser cosas sin importancia, como seguir un cierto protocolo en la comida o a la hora de dormir, pero que si no los cumplimos nos sentimos mal de algún modo.

Aunque también es cierto que son cosas que se podrían llamar excéntricas e irracionales, para nosotros son algo común y normal, y también lo es así para el grupo con el que compartimos los rituales.

¿Alguna vez se han preguntado de dónde vienen todos esos pequeños rituales? En ocasiones somos participes del surgimiento de un nuevo pequeño ritual. Por lo común empiezan como acciones simples que se repiten con mayor complejidad cada vez, hasta llegar un punto donde tenemos un verdadero ritual.

Por ejemplo, digamos que un grupo de amigos sin nada que hacer un viernes por la tarde deciden ir al cine. Lo hacen y también a la semana siguiente, sólo que en esta ocasión deciden comprar un combo específico. A la semana que sigue hacen lo mismo, pero llegan vestidos todos de un mismo color, cosa que les parece graciosa y deciden que deberían hacerlo de nuevo la siguiente vez. Y un año después el grupo de amigos tiene su propio ritual que trata de ir al cine los viernes, pero cumpliendo una docena de condiciones (comprar tal combo, vestir de cierto color, saludar a todos con un saludo especial…)

Para los amigos del ejemplo anterior su ritual tiene una cierta importancia en sus vidas, aunque lo más probable es que no sea de lo más importante en ella; sin embargo, lo cumplen porque de alguna forma hacerlo los hace sentir bien de un algún modo. Algo parecido pasa con ciertos objetos, los cuales nos transmiten seguridad. Los objetos de la buena suerte son un claro ejemplo de ello. Esos objetos parecen ser “mágicos” para el portador.

Los rituales y los objetos mágicos suelen ser algo cotidiano, mas, en la actualidad hemos dejado un poco de lado todo aquella mística y nos guiamos más por la razón. En la edad antigua no era así y los seres humanos tomaban sus rituales y objetos mágicos con la mayor solemnidad posible.

Ahora imaginemos que la humanidad debe regresar a los tiempos antiguos entonces ¿cómo serían los rituales y los objetos mágicos que se tendrían?

Podemos encontrar la respuesta en la novela de George R. Stewart, “La tierra permanece” escrito en 1949. La novela trata de un grupo de sobrevivientes a una pandemia mundial que intentan reconstruir la civilización humana. Guiados por nuestro protagonista llamado Ish, un sociólogo y académico universitario, vemos el surgimiento de una nueva humanidad con nuevos mitos, y nuevos rituales y objetos místicos.

Un ejemplo de ello es el martillo de Ish. Al principio de la novela Ish usa un martillo para salir de un apuro. En lo siguiente lleva ese martillo, que le da seguridad, a todos lados. Con el tiempo ese martillo se vuelve el símbolo de autoridad de Ish que debe ser heredado a un sucesor.

Y es que sin querer Ish, hombre de ciencia y razón, termina volviéndose el líder-brujo de su tribu. Poseedor del conocimiento de la antigua humanidad, no sabe cómo legarles tal conocimiento a sus descendientes y ellos terminan por ver en él algo casi divino y como tal se crean rituales basados en lo que él hace.

Por último, una cosa para pensar es que haría cada uno si estuviera en la situación de Ish. En algunas ocasiones le he preguntado a algunos amigos, y las respuestas varían dependiendo de la ocupación de las personas. Los músicos, pintores, etcétera hablan de transmitir el arte, los científicos por otro lado hablan de no perder el conocimiento científico, pero tú ¿Qué legarías a la humanidad en ese caso? ¿quizás uno de tus rituales personales?

 

 

 

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