Nowet

 

Por Leonel Giacometto

 

Inapropiado fue el encuentro entre él y el otro, que era un señor de setenta y un años, el otro, viejo conocedor de los contratos perfectos entre las personas, la carne, y los objetos. Él, que nunca fue amigo de la cultura y podía durante breves pero vistosos instantes desplegar una especie de manta verde sobre su espalda, se llamaba Juan Pablo Canavi y era de origen QOM. O sea, un toba reconvertido Juan Pablo gracias a la Iglesia de los Últimos Días. El otro, dicen, fue su descubridor. Esto es un decir y los mormones lo habían separado de chiquito nomás de la tribu y le dedicaron, dicen, cuidados especiales. Como no es ni muy seguro ni muy concretamente cierto que los mormones sean todos agentes encubiertos de la CIA y que éstos, junto con tecnología científica que vendría de los nazis, decía, y que estuvieran experimentando todos ellos en las tierras de Latinoamérica para conseguir una raza de subhumanos para mano de obra barata, como no se sabe si eso es cierto, los mormones, concretamente, descubrieron que Juan Pablo cuando se excitaba despedía una luz verde que le cubría toda la espalada. Dicen que cuando acababa el impacto visual que despedía alteraba la percepción del instante de lo que está siendo visto, de lo que está. Como la marihuana, pero de verdad. A los cuatro años fue su primera polución nocturna y, dicen los mormones, fue un bosquecito iluminado por luciérnagas, chiquito, fugaz, como proyectado. Ahí fue cuando los mormones vieron algo y lo separaron para siempre de la tribu, de Formosa y del país. Dicen que lograron que Juan Pablo controlase el momento, la forma y el motivo para excitarse mediante una constante doctrina de ejercicios espirítales. Se hizo caro, y lo supo. A los quince años, ya había sido vendido tres veces y vivía rodeado de lujos gracias a su tutor, un productor cinematográfico alemán que murió ahogado en su propia sangre justo cuando Juan Pablo tenía el encuentro inapropiado con este señor de setenta y un años que le ofreció, claro está, más lujo y agua pesada. Este señor, que alternaba su vida de industrial con su vida de viejo puto osado, parece, siempre supo lo que estaba comprando. Venía buscado hacía rato a Juan Pablo. El dato, maletín mediante, se lo había pasado alguien de la MOSSAD, que a su vez se lo pasó alguien de la CIA y así llegó a conocimiento de este industrial la existencia de Juan Pablo, que cuando acababa despedía epifanía, dicen. El industrial, se supo, era un poderoso accionista de SONY y de BAYER. Algún destino comercial tuvo Juan Pablo. Esto se supone ya que la historia termina aquí y los datos obviados (nombres, fechas y lugares) no aportan controversia.

 

 

 

 

 

Leonel Giacometto (Rosario, Argentina, 1976) Escritor, dramaturgo, y periodista cultural. Escribió, entre otras: Dolor de pubis, Santa Eulalia, Despropósito, Arritmia, Plató, Herr Klement, Todos los judíos fuera de Europa, El difuntito, Hombre viajando en taxi, Desmonte. En 2016, Baltasara Editora publicó su volumen de obras La mala fe y otras obras.  Premio ACE 2018 como “Mejor autor argentino” por Monte Chingolo.

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