Reminiscencia

 

Por Allen Schavelzon

Un poco de magia por aquí, unos cuantos textos antiguos y varios toques de cantos proscritos jamás antes pronunciados. No tarda en comenzar la metamorfosis que me permitirá ofrecer el último sacrificio.  Un breve silencio y la oscuridad se apodera de mis ojos, llevándome a un mundo más allá de lo considerado útil al raciocinio humano.

De la mezcla añeja y brujeril comienza a brotar una bruma embriagadora que embota mis sentidos y adormece mi razón, dejando libre camino a los instintos más irracionales que había experimentado hasta ése momento. La receta advertía de que el más mínimo error traería fatalidad a mi ritual, dejándome al abandono de los fríos corazones difuntos y  mi cuerpo a disposición de los afiliados picos de los cuervos al atardecer. Más nada me queda ni importa a estas alturas. Es bastante extraño el efecto, pues mi cuerpo se siente movido por un sopor que me da brío, como si jamás hubiera saboreado la vida hasta ahora que la vida ha salido de mi cascarón de carne y se pasea retadoramente entre el limbo y el más allá. Doy unos cuantos pasos con mis piernas de eternidad y repente aparece frente a mí lo que tanto espere conseguir.

“¿Qué hacemos aquí? Salgamos inmediatamente o moriremos, ni siquiera vale la pena el riesgo que tomas por ambos.” gruñe mi instinto de supervivencia pero es callado enseguida por una fuerza más grande. “¡Basta ya!” me grita el inconsciente ante la turbia mezcolanza que se atiborra frente a mí “pon atención pues está es la única oportunidad de redimirte”. Hago caso a mi voz interna y empieza todo.

Contemplo el vacío, con la mirada atormentada por la las imagen reflejada y extraída de mi mente; y no puedo evitar recitar un patético monólogo ante la sola idea de tu lejanía.  El tiempo únicamente logra empañar el cristal de mi fragilidad mientras mis esperanzas son apuñaladas y sus restos devorados  por las feroces fauces de la incertidumbre.

Fui yo quien se enamoró de ti y nadie más que yo es responsable de mi sentir “ fueron las palabras que me dedica el reflejo sin alma de tu imagen plasmado en la nada, desfilando en  mis memorias atesoradas. Mi corazón opina lo contrario pues podría afirmar que yo caí en tus redes desde antes de percatarme de eso. Esa es la razón por la cual ofrendé mi sanidad a tu desprecio. Error tras error, debí reconocer que mi existencia en la tuya no tendría más título que el de la experiencia más penosa por la cual te haría pasar y mil veces me maldije por esa terrible y marginada posición. El sufrimiento no fue exclusivo de tu alma ya que habíase anidado en la mía más profundamente que en el origen de las lágrimas más amargas que hayan sido derramadas por ojos humanos,  sobre todo por esos en los cuales pudiese perderme la vida entera; ofrecer mis entrañas y los más dulces pensamientos sólo por obtener la más leve de tus sonrisas. Una mirada bastó para taladrarme y crear para ti un santuario dedicado a mi ideal de ti. Los palacios de mi corazón te pertenecen aunque decidas no habitar en ellos.

Pero esa proyección no me ofrece otra cosa que un silencio abrumador mientras se esfuma, para después ser invadido mi ser por un dolor insoportable y apenas descriptible. Los oídos a nada de reventarse, la boca tornase una fuente de sangre que brota sin descanso, la cabeza a punto de estallar y mis entrañas son licuadas poco a poco.

“Resiste y podrás darte por pagado” no entiendo nada pero obedezco esas palabras sin saber la razón y obligó a mi cuerpo a no perecer en el intento. Y es entonces que me doy cuenta de que ha funcionado, el triste cuerpo humano que poseía se ha convertido en un ente etéreo capaz de llegar a donde desee y ser inmortal. Pero mi dolor tiene sitio de destino y ahí es a dónde ha de dirigirse. La estancia en ese mundo onírico termina y soy arrebatado a la realidad en donde mi cuerpo se encuentra tendido, solo y moribundo por causa de la enorme cantidad de energía invertida.

Como último acto de amor estoico separo de mí una breve porción de ser, que toma forma a su antojo: una bella mariposa de brillo dorado y aire ligero. Es una conmigo, conoce mis intenciones y comparte mi propósito. La criatura alquímica rodea la inmaterial presencia en la que me he convertido a la vez que  mi vida se apaga, abandonando mi cuerpo a gotas mientras le encomiendo con voz suave una última misión:“Búscale y permanece a su lado, tal como yo pude haberlo hecho” esto es amor pero se lo debo a ambos, dejarlo morir  pues lo que sobrevive de una cosa  sirve para recordarla.

 

 

Guadalupe López Sánchez, originaria de México y con el seudónimo de “Allen Schavelzon”, ha colaborado en revistas digitales como “La sirena varada” “Imaginario Fantástico” e “Íbidem”con los colectivos Para leer en libertad A.C. y el Laboratorio de Creación Artística para la Cultura Alternativa “La calaca cultural”.
Actualmente es correctora de estilo y redactora independiente, así como promotora del pensamiento crítico y la lectura por medio de su blog “La Rosa de Jericó”

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