Pesadilla hecha realidad

Por Jazmín Pérez

Las cucarachas, una de las peores pesadillas del ser humano hecha realidad. Quien no le tiene miedo o asco a estos bichos lo considero valiente, digno de admirar. Si no, mírenme a mí, que estoy a media noche sin conciliar el sueño, sólo por una cucaracha, ¡una maldita cucaracha! Desperté y me dirigí a la cocina para beber agua, cuando, de pronto, a un lado de la puerta de mi habitación, ahí estaba. Me quedé pasmada, no me moví esperando a que se fuera, aunque en realidad tenía miedo; no se fue, me quedé un momento contemplándola, pero allí seguía. Llegué a un punto en el que me desesperé y decidí apostarlo todo: abrí, salí corriendo en busca de algún insecticida, lo logré, pero cuando volví… el maldito bicho ya no estaba.

Usted no se imagina el pavor que se siente no encontrar al enemigo en el sitio donde se dejó y, como era de esperarse, mi mente se puso a especular sobre dónde podría estar la cucaracha. Podría estar en cualquier lugar: debajo de la cama, dentro del mueble con mi ropa, en la cocina, en el baño, el comedor, la sala o en alguna esquina de mi habitación, acechándome, esperando para atacar.

Encendí el resto de las luces, la busqué, pero no la hallé. Regresé a mi cuarto y la busqué incesantemente, tampoco la encontré. Quizás se fue a otra parte de la casa, pensé, así que decidí acostarme de nuevo, sí, porque hasta la sed se me espantó. Una vez acostada, mi mente seguía pensando en dónde podría estar mi enemiga, al grado en que no me permitía dormir. ¿Y si me duermo y se mete en mi oído? Usted no está para saberlo ni yo para contarlo pero conozco tres historias de conocidos a los que una cucaracha se les metió en el oído y qué horrible se siente de sólo pensarlo… ¡ahí está, en la cortina! La vi porque me acosté con la luz encendida ante mi temor, y vaya que me alegra haberlo hecho. Nuevamente la miré, le lancé lo primero que encontré para que se fuera y ¡comenzó a volar! ¡Qué horror!, sin embargo, voló hacia la puerta y se fue por debajo. Salí para revisar si se había quedado afuera de mi puerta o cerca de ésta, pero no, no estaba.

Entré al baño por curiosidad (me lamento haberlo hecho), tampoco estaba, ¡de repente comienza a salir un par de cucarachas de la coladera de la regadera, luego cuatro, luego otras tres y luego muchas más! No necesito contarlas, ¿verdad? Huyo de inmediato del baño, corro hacia mi cuarto y me encierro, pero como sucede en toda película de terror, el villano alcanza al protagonista. Sí, así es, una cucaracha logra infiltrarse en mi cuarto, pasa cerca de mí, otra está en la ventana. De pronto, pierdo de vista a la situada en la ventana y noto que la cucaracha que pasó cerca de mí se metió a mi cuerpo, puedo verla recorrer mi brazo, se nota una protuberancia andante. Grito aterrada, pero ya es muy tarde, el segundo bicho ronda por mis globos oculares, vislumbro una sombra negra moverse dentro de uno de ellos. ¡No sé qué hacer, les tengo mucho pavor a las cucarachas!… Al fin desperté de aquella pesadilla.

Exaltada, respiro profundo y trato de calmarme. Oí que las cucarachas dominarían el mundo, pero dominar el cuerpo humano… Respiro profundamente, me pongo a reflexionar si me quedé dormida pensando en la cucaracha inicial o si la susodicha era también parte de la pesadilla y, como era de esperarse, mi mente conspiró en mi contra para entramar una serie de pensamientos sobre si la cucaracha inicial existió o era parte del mal sueño que tuve… A veces pienso que mi mente tiene vida propia porque mis pensamientos son más fuertes que mi capacidad para ignorarlos y no mortificarme por ellos… Y así es como terminé sin conciliar el sueño, creando un ensayo en mi cabeza sobre por qué las cucarachas son la peor pesadilla del ser humano hecha realidad. ¿O usted qué opina?

Jazmín Pérez Virgen

Potrero Nuevo, Veracruz, México

Soy empleada en una tienda, además doy clases de regularización

Intereses: leer, escribir, dar clases

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