Tu turno

Por Noemí Naranjo

La oscuridad se apoderó de la habitación, ya había llegado la hora de dormir. Y aunque se negará a cerrar sus ojos no evitaría que el cansancio hiciera lo suyo.

Sus parpados empiezan a tornarse pesados, sus bostezos son señal de que ya no soportará estar en vela un minuto más.

La lluvia es otro detonante que lo arrulla, ya no hay escapatoria se han terminado todas sus opciones para seguir despierto. Sus ojos finalmente se han cerrado…

Un mes antes.

Mi trabajo es tan conocido como desconocido, saben que existimos que no pueden demostrar nuestra existencia. Lo único que saben es que transformamos sus sueños en dulces y enigmáticas pesadillas. Les damos la posibilidad de ver la belleza en lo que más temen, deberían de estar agradecidos por ello. La noche se acerca.

Reviso el cuaderno de terciopelo tinto con hojas negras el siguiente nombre mi lista. Es como una especie de lista de Navidad, salvo que aquí no damos regalos ni nada de esas tonterías. Otorgamos algo mucho más real y valioso a nuestros elegidos nocturnos. Les damos la posibilidad de sentirse lo que se han creído toda su vida: protagonistas.

Leo el nombre, y de que trata esta vez. No me sorprende que siempre que sean mujeres de mediana edad las que reluzcan en la lista, no hay tiempo para quejas y me dirijo a la dirección. Otra noche, otra pesadilla y un nuevo reconocimiento me esperan.

La casa es como cualquier otra, no tiene nada de especial. Hay ocasiones en que extraño las casas del Siglo XIV, esas casonas eran realmente hermosas y perfectas para lograr el efecto deseado en mi trabajo. Sin embargo, los tiempos cambian y con ello el miedo de las personas.

Entro a la habitación, veo a una mujer de unos treinta años, piel morena y cabello ondulado. Su respiración es tranquila y pausada, pronto cambiará eso. Me acercó a ella, acarició su piel, su cabello empieza a moverse algo incomoda, me acercó a su oído y soplo cuidadosamente dentro de él. Su rostro se turba, abre sus labios y su respiración comienza a ser agitada, sus quejas son cada vez más frustrantes al igual que sus torpes movimientos intentando escapar de sus miedos, de sus desilusiones… De sus pesadillas.

“Miau”.

Logró escuchar un maullido.

“Miau”.

¡Ahí esta de nuevo! Giró mi vista y ahí esta, ahí está el maldito ser que emite tan horrible sonar.

Sus ojos verdes y sus colmillos sobresalientes, su rotación de cola.

Un ser tan…

Sus garras logran herir mi rostro, mis pupilas se dilatan y cuándo intento atrapar a ese repugnante ser la mujer se despierta de golpe, está sudando y mirando asustada a todos lados. No es lo que esperaba, no era el resultado que anhelaba pero ya no hay nada que hacer.

Salgo de la habitación y siento una mirada fría: es ese maldito gato que lame la sangre que quedó en sus garras.

“¡Maldita bestia!” Es lo único que logró pronunciar mientras aprieto mis dientes.

Al llegar al Silantium siento mi cuerpo cansado, aparte que estoy furioso por no poder haber hecho bien mi trabajo.

Soy llamado por el anciano, mi castigo será severo ya que permití que un estúpido gato interfiriera con mi pesadilla. Eso es algo que no se le puede permitir a ninguno de nosotros, de eso nos alimentamos, de sus miedos.

Estoy frente al anciano y esperó mi sentencia, sé que no será favorable.

Día actual.

Ya ha pasado un mes desde que fue castigado por el líder de su clan.

Nunca se le perdonó el haber sido herido por un gato, el único ser capaz de verlos y herirlos. A diferencia de los perros que sólo pueden olerlos y sentirlos.

Su fuerza flaquea, no puede seguir de pie y mucho menos despierto.

Al fin ha sido capaz de sentir en su propia piel lo que le hace sentir a los humanos con sus pesadillas, con su maravilloso regalo.

El sudor frío, el palpitar rápido, la agitación a la hora de respirar, esos movimientos que impiden despertar… Sí, ya comenzaba a disfrutar del romanticismo de las pesadillas.

De esas pesadillas que carcomen poco a poco la vitalidad de lo que nunca se recupera una vez abiertos los ojos.

La sensación de saberse vulnerable ante la inminente posibilidad de nunca más tener un buen y dulce sueño.

Los ojos de nuestro querido amigo están cansados, no puede seguir escapando de su castigo, una vez la pesadilla encuentra la incubadora perfecto regresa a él hasta dejarlo totalmente vacío, hasta destruir de sus sueños de primavera. Aún recuerda la primera vez.

Esos ojos verdes observándolo, los colmillos que anhelan masticar cada partícula de sur y esas garras que parecen ser cuchillas atravesando todos y cada uno de sus miedos. Sí, al fin sabía lo que sus presas sentían al tener pesadillas.

La primera vez intento desapoderadamente huir de ese maldito gato, de su lengua lamiendo sus bigotes, de sus largas y afiladas garras. No importaba donde se ocultará, esos ojos verdes penetraban cualquier superficie, podían percibir su olor por más que lo ocultará. Ya no podía pasar desapercibido y nunca más podría ser libre.

Así son las pesadillas y la única forma de evitarlas es no sucumbir a la tentación de Morfeo.

La oscuridad se apoderó de la habitación, ya había llegado la hora de dormir. Y aunque se negará a cerrar sus ojos no evitaría que el cansancio hiciera lo suyo.

Sus parpados empiezan a tornarse pesados, sus bostezos son señal de que ya no soportará estar en vela un minuto más.

La lluvia es otro detonante que lo arrulla, ya no hay escapatoria se han terminado todas sus opciones para seguir despierto. Sus ojos finalmente se han cerrado…

Noemí Alejandra Naranjo Gaspar

Zapopan, México

Estudiante de Sogem Guadalajara

Leer, ver películas, ir a cafeterías, parques… lo más común que se puede hacer en mi ciudad.

Nessi

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